Mujeres bellas y fuertes

Hoy es otro día muy importante en la Argentina, porque a las 17:00 está convocada una movilización que será masiva hacia la Plaza de Mayo ¿Cual es el motivo de la convocatoria? La cantidad de femicidios que vienen sucediendo en nuestro país hace ya demasiados años sin ningún tipo de acción real por parte del Estado y mayoría de partidos políticos de peso para solucionar tamaña problemática.

Las estadísticas no mienten ni nos permiten hacernos los distraídos. La ONG La Casa Del Encuentro (http://www.lacasadelencuentro.org/portada.html) ha realizado una valiente y dolorosa recopilación de los casos en los que una mujer terminó siendo asesinada por la mano de un hombre. Solo desde el año 2008 hasta el pasado 2015, se han registrado 1.808 casos de muertes en casos de violencia de género. En ese mismo lapso se contabilizaron 2196 hijos e hijas que se quedaron sin su madre, víctimas colaterales de los femicidios, de las cuales 1403 son menores de edad lo cual hace la situación — si es que se puede, pues no hay manera de medir tanto sufrimiento- aún más desesperante.

Uno puede seguir indagando y se encontrará con que en el 2014, 277 mujeres y niñas fallecieron por las mismas causas, quedando expuesta la enorme cantidad de niños que debido a los femicidios se quedan sin su madre y por ende atrapados dentro de un sistema que en gran mayoría de casos los termina destruyendo. Cada 24 horas hay una muerte por violencia de género y la cifra se reduce a minutos cuando se contabilizan la cantidad de llamados al 911 en gran parte del país para denunciar agresiones por parte de sus parejas, familiares, etc.

Muchos dirán que es un problema cultural, algo con lo que debo coincidir parcialmente. Sin dudas que cuando se lee que el 80% de las víctimas vivía con su victimario y que a pesar de sus continuos malos tratos jamás logró dar el paso hacia adelante definitivo para llevarlo a un juicio y finalizó muriendo en sus manos, uno no puede estar en desacuerdo con esta afirmación. Pero me voy a permitir correrme un poco de los márgenes y sostener que es el Estado el que debe accionar en este caso y lo único que ha hecho hasta el momento es ignorar una cuestión que tiene que ver con los derechos humanos más básicos de una manera vergonzosa.

Entonces repetimos, si el problema es cultural, es el Estado — sin importar el partido político que lo esté habitando temporalmente- quien debe trabajar e invertir recursos constantemente para que este y otros dramas cotidianos como el aborto puedan ser afrontados y solucionados por la población que los sufre. Sin una inversión significativa de dinero y de tiempo, no hay manera de llegar a buen puerto en una cuestión tan importante y tan urgente como la de los femicidios que azotan al país como una de las siete plagas.

Hace unos meses, escribí en mi blog un artículo referido a la violencia de género, centrado en los descubrimientos atroces del caso La Montañita, Ecuador, donde Marina Menegazzo y María José Coni fueron brutalmente torturadas y asesinadas mientras estaban allí de vacaciones. Menciono esto porque allí rescaté un párrafo de la CEPAL datado del año 2009 en el que se exhortaba a los Estados a tratar la problemática con seriedad de una vez por todas: “(…) para erradicar la violencia de género, es imprescindible que ésta se convierta en un objetivo central de las agendas públicas: primero, como una violación de los derechos humanos, segundo porque la violencia de género es un obstáculo para el desarrollo de los países y, por último, porque es un asunto clave para la democracia y la gobernabilidad democrática. En ese sentido, la eliminación de la violencia contra las mujeres se asienta sobre tres pilares: la protección jurídica, las políticas públicas y una cultura de respeto sin discriminación. En definitiva, la violencia contra las mujeres requiere del funcionamiento del Estado de derecho y de derechos (…)”.

¿Por qué decimos que el Estado no actúa? Si se analizan las 2.725 consultas que se recibieron en la Comisión sobre Temáticas de Género hace poco más de un año y en todas las denuncias realizadas en ese mismo período, hay dos datos que son contundentes y que parecen haber sido ignorados por el Poder Judicial y las fuerzas de seguridad pública de manera llamativa. A saber: la mayoría de los denunciados era de género masculino, con el aliciente de ser la pareja o ex pareja de las víctimas. Además, en gran parte de los casos las asistidas tenían hijos en común con su agresor.

Para agregar más datos a este cuadro del horror, se confirmó que más de la mitad de los agresores tenía comportamiento violento fuera del hogar y que 3 de cada 10 de ellos registraba antecedentes de ataques en relaciones anteriores. Es muy evidente que el registro de antecedentes no funciona demasiado bien en el poder que debe impartir justicia en la República Argentina, más si se considera la cantidad de víctimas de sus ex parejas o familiares que fueron atacadas luego de un breve período en prisión por parte de quienes les hicieron vivir el peor de los infiernos durante vaya uno a saber cuanto tiempo.

El reclamo de La Casa del Encuentro y de millones de mujeres que sufren día a día todo tipo de abuso, ya sea verbal, físico o psicológico, es bastante contundente y nada difícil de poner en marcha. Básicamente lo que exigen es el “diseño, reglamentación y puesta en marcha de los artículos pendientes de la LEY Nº 26.485, Incluido el Plan Nacional de ‘Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que se desarrollen sus relaciones interpersonales’ y estadísticas oficiales integrales y transversales de la temática”. Demás está agregar el pédido por la “asignación de presupuesto acorde para poder implementar en su totalidad la LEY N º 26.485, la inclusión “en las estadísticas de femicidios que publica la Corte Suprema de Justicia los femicidios en que el agresor se suicida y el urgente tratamiento del ante proyecto de Ley sobre la pérdida automática de la responsabilidad Parental del femicida condenado”.

Cualquier persona con un poco de sentido común entenderá que este ya grito desesperado es lógico y necesario, pero hay sectores de nuestra sociedad que se mantienen en sus posturas entre arcaicas y patriarcales. Desde los que, como nuestro Presidente, que consideran al acoso verbal en el medio de la calle un verdadero halago, hasta quienes tildan de “feminazis” — y hasta de secta fanática- a las mujeres que orgullosamente son feministas (ya sean moderadas o extremistas) y luchan por sus derechos sin miedo a nada.

Estas dos semanas fueron una sucesión de eventos desafortunados en los que hombres y mujeres demostraron su misoginia y machismo más brutal. Porque aunque usted no lo crea, hay millones de mujeres que son aún más prejuiciosas y machistas que el común de los hombres, al mismo tiempo que existen hombres que han adoptado la causa feminista como propia y que consecuentemente luchan codo a codo con estas mujeres bellas y fuertes.

Primero fue la edición número 31 del Encuentro Nacional de Mujeres realizada en Rosario, Santa Fe. Además de que la policía reprimió a las asistentes a la marcha y también a varios de los fotógrafos y periodistas allí presentes, se generó una ola de indignación entre lo que daremos a llamar la clase media “Doña Rosa” debido a que varias de las enfocadas por las cámaras estaban en tetas y pintadas con consignas a favor del aborto y en contra del abuso patriarcal (si quieren averiguar el por qué, les recomiendo que busquen que es Femen y si no acá les dejo el link: http://femen.org/) y también porque dejaron varios puntos de vital relevancia como una iglesia y una escuela pintados con frases de la misma tonalidad que las que estaban dibujadas en sus cuerpos.

Luego de escuchar durante días y días el lloriqueo, porque no se lo puede llamar de otra forma, del coro de indignados — todos ellos con una ideología política muy particular- que además comenzó a discutir la legitimidad del reclamo de los grupos feministas y de las mujeres en general, llegó la noticia de que una joven marplatense de 16 años llamada Lucía Pérez había sido secuestrada, drogada con cantidades imposibles de narrar de cocaína, torturada, violada y empalada por tres personas (una de ellas llamada JUAN PABLO OFFIDANI), muriendo así de una de las maneras más atroces y dolorosas que puedan existir. Para hablar de empalamiento, vale aclararlo, hay que remontarse a la Edad Media y a las prácticas de un señor que se llamaba Torquemada que casualmente encabezaba la inquisición por parte de la Iglesia Católica para purificar el continente. También podemos dirigirnos hacia los siglos V y VI A.C para hablar de este tipo de tortura, pero lo que importa es decir que Lucía murió debido a un síncope vasovagal y el posterior shock cardíaco por estar en medio de un sufrimiento físico y psicológico digno de cualquier película de terror extremo.

Claro que todos los medios, hasta los que se hacen llamar serios y prestigiosos pero que hace pocos meses acusaron a una muchacha llamada Melina Romero de haberse buscado su trágico destino por ser “fanática de los boliches” y haber “abandonado la secundaria”, mostraron su supuesto dolor por el caso y llamaron a la reflexión al respecto de una problemática que suelen relativizar a menos que les permita vender más ejemplares. Incansables en su causa, hasta hoy mismo pusieron el tema al final de la sección principal y decidieron hacer foco en la supuesta negativa de las mujeres a que los hombres participemos de la marcha, algo que es una mentira demasiado grande como para ser tomada en serio.

El círculo vicioso que comenzó con mayor preocupación por una pared que por una persona asesinada, continuó con el reclamo transgénero de “NADIE MENOS”, llegando algunos a meter a los animales (?) en el mismo paquete, algo que puede ser debatible en otro ámbito pero que no tiene ningún tipo de finalidad que deslegitimar una lucha de siglos y, más precisamente, lo que está por suceder en algunos minutos en todo el país. Quien no repudie esa actitud, está dentro de una categoría muy complicada que podría denominarse “LOS HIJOS DE PUTA”.

Ahí estaremos marchando junto a ellas los que somos bien nacidos, los que luchamos por las causas justas, los que no tenemos prejuicios, los que queremos la igualdad de género verdaderamente y no pour la gallerie — como todos esos políticos, esos que votan siempre en contra de estos proyectos de ley, que posan con el cartelito y luego siguen escupiendo su misoginia-, porque nadie que se considere humano puede pretender ir contra la corriente en un momento tan crítico. Si no se hace visible el reclamo, si no se rompen los moldes y se avanza, nada cambiará.

Por eso mismo ¡Rompan todo, compañeras!

“Disculpe las molestias, nos están asesinando”

“Este cuerpo es mío. No se toca, no se viola, no se mata”

“No quiero sentirme valiente cuando salgo a la calle, quiero sentirme libre”

“Quien ama no mata, no humilla, ni maltrata”

“Vivas nos queremos”

“Si a todos los que dicen apoyar la marcha realmente les importase, no haría falta marchar”

#NiUnaMenos