Amor y paquidermos

Tengo una manada de elefantes
viviendo en mi cabeza
y al parecer 
deben haber sido muy amigos tuyos
porque no hay día que no te recuerden

a veces recuerdan el primer abrazo que me diste
después de embriagarme con dos tequilas
que temblé mucho la primera vez
que me besaste
la sorpresa que sentí cuando 
me llamaste amor
varias piezas de tu lencería
las islas pequeñas que esconde tu cuerpo
los tesoros que encontré en vos
tu sonrisa sincera
las lecciones que me enseñaste
nuestros encuentros del tercer tipo, del segundo y del primero
tus manos sudorosas
el hombre que me volviste
la indecisión que te domina
las promesas que te hice y no cumplí
los acuerdos tácitos que todavía guardo
todo el camino que recorrimos hasta que no hubo más camino

Son tan necios y nobles y decididos y fuertes y graciosos los elefantes
que creo que se parecen tanto a vos

y que elegiste mal tu espíritu animal

que por eso mismo me niego a desalojarlos
y los ando guardando y protegiendo con tanto amor y cuidado
que a veces siento que más pendiente de ellos
de alguna manera estoy pendiente de vos 
sin siquiera saber de vos
y que yo mismo los llamo a diario
sin darme cuenta
porque es la única manera que tengo 
de tenerte cerca
y también es la única manera que conozco ahora
de amarte

Hay tantas cosas que hablo con ellos de vos
cuando no hablo contigo
tantas cosas cómo nos decíamos
y soñábamos y hacíamos y pensábamos y planeábamos juntos
cuando yo todavía no conocía a mis elefantes

Quisiera guardarlos a todos para siempre
tanto como quisiera que vos estuvieras conmigo
que lo único que sé es que así como un día decidiste dejarme ir
y me regalaste una manada de elefantes sin saberlo
con plena conciencia me grabé uno
por si decidís regresar me sirva para no olvidarlos
y para recordar el consejo más honesto 
que me dijeron:

que te abrazara
hasta que entendieras 
que jamás dejaría que te
soltaras de mí de nuevo.