No sé si me estoy remodelando o si me estoy reconstruyendo

Preámbulo: comencé a crecer cuando tenía 27 años.

Toda la vida he sido una persona bien idealista y bastante pura en el fondo. Siempre he creído en ver el vaso medio lleno y no medio vacío. He tratado de mantener mi palabra las veces que he podido, porque al final, esa coherencia entre el decir y el hacer son de las pocas cosas sobre las que verdaderamente he tenido el control. He intentado ser bueno porque de nada sirve ser malo.

Nunca he tenido muchos problemas en la vida. Si tuviera que hacer una gráfica sobre los problemas que he tenido, viendo la gráfica desde bien lejos, parecería una línea recta. Sé de gente que se la ha pasado en serio mal y sé de gente que en realidad tiene problemas de los que sí asustan.

Hasta ahora. Quizá el mío no asuste, ni sea malo, pero como jamás había sentido un dolor tan grande, de repente sentí que me ahogaba, que me iba a morir. Lo primero que aprendí es que los problemas que uno tiene dependen un montón de la perspectiva de la persona que los vive, y que todas las veces que he dicho, puta, por lo que se ahoga este maje, he estado mal.

La vida no es justa aunque solo tengás discursos buenos.


Hace ya bastante tiempo venía sintiendo que tenía ansiedad social. Me gustaba pasar encerrado en mí mismo. Conocer gente nueva me abatía. Hacer el esfuerzo en comenzar small talks era un martirio para mí. Salía y me quedaba callado. Hacía el esfuerzo solo si de verdad era inevitable.

Gran paja. No tenía ansiedad social (lo digo porque a la fuerza me ha tocado comprobarlo). Tenía comodidad social. Ojalá no hubiera subestimado el valor que intentar conectar con otras personas, aunque sea por ser educado, podría tener ahora.

Tengo tanto tiempo de no haber hecho el esfuerzo que ahorita me duele haber perdido las instrucciones.


Intenté complacer a todas las personas que me tenían cariño porque eso es lo que uno debe hacer cuando de verdad quiere a alguien, ¿no?

No. No funciona así. Querer complacer a todos es totalmente iluso.
En primer lugar uno no debe hacer algo si uno no quiere hacer algo. 
En segundo lugar uno no debe complacer nada para que lo quieran.
Y si uno quiere o no quiere hacer algo, pues las personas que te tienen cariño real deberían respetarlo y aceptarlo, en vez de manipularte y hacerte sentir mal por eso.

Ahora que lo leo, no es difícil de entender, pero sí es difícil aceptar cuando son personas que querés de toda tu vida.


Tengo expectativas nada realistas sobre la vida en general. Lo bueno es que hace un par de meses atrás no lo notaba y ahora ya tengo destellos de sanidad que me hacen decir, ¿en serio, Rodrigo, en serio?

Ahora que he puesto los pies en la tierra es más fácil ver el mal juicio que he tenido en un montón de cosas. Siendo honesto, jamás habría querido este reality check, pero ahora que ya no estoy en una burbuja de seguridad tengo que aprender, si no aprendo, entonces perdería dos veces.

De repente sí me siento adulto por ratos.


Estoy yendo por lugares a los que no quisiera ir, sintiendo cosas que no quisiera sentir, descubriendo cosas que no me esperaba.

Hay un montón de respuestas que no tengo y hay otro montón de cosas que no entiendo. Por primera vez había creído que había descifrado mi vida y BUM, perdí todas las certezas que tenía.

Eso de preguntarse y querer entender por qué, hacerse historias en la cabeza, imaginarse, repetirse mentalmente y otra gran lista de verbos parecidos es lo peor.

No sé más que lo mío y con eso debería ser suficiente, porque todo lo que piense de ahí en adelante sería inventar. Aceptar que no sé y que probablemente nunca sepa, me jode, pero mientras más lo entiendo y acepto, más paz consigo.


Seguirme evadiendo no es opción. Evadirme es fácil, pero es cobarde. Evadirme es no aprender. Evadirme sería poner anestesia, pero ya qué.


Hay un acto en la vida que jamás voy a poder explicar sino como una Diosidencia. Esa Diosidencia me llevó por los mejores pasajes que he tenido en mi vida y ahora me está haciendo conocer los más malos.

Si me bajara en la parte más baja del viaje, de nada habría servido la parte más alta. Lo único que puedo hacer es aprender y seguir, seguir confiando en el plan y en Él, porque aún cuando se me había olvidado, porque todo iba bien, no iba solo. Y si todo comenzó porque ese día me tocó con el dedo, pues ahora siento que me agarró con la mano para pasar este tramo.

No sé si me estoy remodelando o si me estoy reconstruyendo. Pero sé que estoy aprendiendo y estoy creciendo y tengo fe, cosas que hace mucho tiempo no sentía ni tenía.

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