Viaje redondo

Mi primer victoria
fue poder reconocer todas tus islas:
cada punto desde el arrecife de tu cuello
hasta el terruño solitario, y lindo,
que adorna tu mano.

Navegué mil veces la delicada 
marea de tu espalda.
Jugué con la espuma de tu pelo.
Me perdí en las Marianas de tus ojos.

Atravesé de norte a sur cada océano,
cada playa cristalina,
que tuviste la confianza de confiarme.

Encallé en tus costas.
Me enamoré más en cada una.
Encontré el paraíso.

Aprendí a ser marinero con el paso del tiempo.


La verdad es que el poema no terminó como quería, pero para un ejercicio de media hora, supongo que está bastante bien. Hace varios años escribía casi que todos los días, y casi todos los días me agradaba lo que escribía.

Me hace falta constancia de seguir escribiendo.
Me hace falta coherencia entre la imagen que imagino y el verso que escribo.
Me hace falta paciencia para entender que el poema viene solo, que no se fuerza y que solo sucede si debe suceder.

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