Vivir sin dar explicaciones

Dar explicaciones de algo es señal inequívoca de que a) uno no está seguro de estar haciendo del todo bien las cosas, b) uno se está disculpando de antemano, c) uno no está haciendo lo que en realidad quiere hacer.

“Sí, voy a salir, solo que creo que voy a llegar un poquito noche, así que no se preocupen…” vs “Voy a salir, regreso noche”.
“Sí, ya voy para allá, pero fijate que hay un gran tráfico…” vs “Estoy en camino, dame tiempo”.
“Dale, vamos. Solo que no me puedo estar mucho tiempo porque tengo que terminar unas ondas…” vs “Dale, vamos”.

Estoy intentando dejar de dar explicaciones porque lo que estoy haciendo está bien y no le hace daño a nadie. Estoy intentando dejar de dar explicaciones porque yo tengo que estar feliz con mis decisiones y no debo disculparme porque no le agraden a un tercero ni esperar aprobación de nadie. Estoy dejando de dar explicaciones porque al fin quiero hacer lo que a mí me hace feliz.

Es bien difícil porque he estado dando explicaciones, fácil, los últimos 12 años, cosa que implica que llevo más de media vida consciente haciendo cosas sin sentirme tranquilo, tratando de estar bien con todos (a lo Ned Flanders) y haciendo cosas que otros quieren o aprueban que yo haga. Es tan difícil que solo quería escribir un “te mando un gran abrazo” y terminé escribiendo tres frases. Tres putas frases.

Tenía miedo de escribir, porque escribir para mí consiste en ser sincero conmigo mismo y que ustedes, del otro lado de la pantalla, puedan leer eso y puedan juzgarme sin derecho alguno.

Ahora que he decidido que voy a hacer las cosas que quiero hacer y voy a vivir mi vida exactamente como yo quiero y como a mí me haga feliz, me siento tan pendejo cuando veo en retrospectiva y veo todo lo que no hice, lo que dejé de hacer y lo que no he estado haciendo porque me había estado importando más lo que otros piensen de lo que hago que lo que yo he querido hacer.

A los 28 años me está cayendo el veinte: Crecer y ser feliz es fácil, solo hay que agarrarse los güevitos.

Y si juzgás a alguien por escribir con sinceridad, estás bien mal de la cabeza, chavo.

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