The Makeup of Things (MoT) en la Política

En tiempos donde se ha puesto de moda el concepto de Internet of Things (IoT) o el Internet de las cosas, les traigo el Makeup of Things o “MoT”.

Este concepto al que di el nombre de Makeup of Things o el maquillaje de las cosas, se refiere a las diferentes estrategias de mercadeo que se ocupan de “embellecer” un producto.

Todos sabemos que en las publicidades no se utilizan los mismos productos que se encuentran a la venta. Las diferentes marcas optan por publicitar sus productos a la venta con réplicas mas atractivas o apetecibles que el mismo producto. Si comparamos aquello que “nos vende” el spot publicitario con el producto de la góndola, veremos que difiere en texturas, colores, terminación, brillo, etc.

Esta práctica, aunque habitual, roza de cerca la figura de “publicidad engañosa”, de la cual quedan exentos gracias a las pequeñas letras ilegibles que intentan aclarar que el producto promocionado puede diferir del real.

Estamos tan acostumbrados que nos llama la atención enterarnos que el postre o el yogur que se ve tan cremoso y apetecible en el comercial, no sea el producto real. Pero de eso se sustenta el marketing. De combinar estrategias y detalles (aveces imperceptibles) para que un producto nos llame la atención al punto de comprarlo. Este tipo de prácticas son a las que denomino el Makeup of Things, o El Maquillaje de las Cosas.

¿Que sucede cuando este tipo de prácticas se aplican a una campaña política?

Hace tiempo que vengo escuchando hablar de “Marketing Político”. Y si, aunque nos cueste aceptarlo, las fotos, colores y palabras que promocionan las campañas políticas también tienen un fundamento mercantilista.

La diferencia radica exclusivamente en que un político no es un producto y por mucho que intenten convencernos de lo contrario, no lo será jamás. Es un grave error emplear el marketing en la política, no solo es moralmente descabellado, también subestima al político que podría ganar una elección por mérito propio y subestima al votante que elige en función de sus propias convicciones.

Utilizar MoT en una publicidad puede ser aceptable, pero aplicarlo en una campaña política, resulta poco ético.

Existe una gran diferencia. Básicamente si compro un producto y resulta no ser tan sabroso, útil o cool, como se veía en el comercial, dejaré de consumirlo o en algunos casos tendré la opción de devolverlo. Pero una campaña política no “vende” un producto sino a una persona, la cual tendrá poder y decisión sobre el pueblo elector.

La política es conceptualmente hermosa, prácticamente utópica, y literalmente compleja. No necesita Maquillaje.

Quizás sea el momento de hacer política con hechos, con esfuerzo, con trabajo y no con cientos de millones invertidos en campañas dedicadas a ganar votos. Invitaría a aquellos que están metidos en el mundo del Marketing Político, a que elaboren un paradigma nuevo, distinto, donde el político no sea un producto de campaña, sino una persona capaz de hacer mucho por su pueblo.

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