Introducción (Musica recomendada)

Las cortinas blancas del departamento se agitaban con el ritmo del viento dejando entrar por las ventanas abiertas el ruido de la gran metrópolis construida alrededor de ese pequeño gran mundo. Las paredes se erguían como guardianes y testigos de secretos que solo ellos y las paredes conocían. Mientras caminaba el suelo de madera lloraba por la ausencia de ella. El tiempo no había pasado en ese lugar, el tiempo era como todo debería haberse quedado, el tiempo era una ilusión más de un recuerdo que no debió convertirse en recuerdo.
Caminaba acariciando las paredes esperando encontrar en algún punto, un indicio o una pista que lo hiciera encontrarse a el mismo de nuevo. Recorría el lugar una y otra vez con la esperanza de reconciliarse consigo mismo buscando una respuesta a todas las preguntas que nunca pudo hacerle. Las cosas seguían intactas en el lugar, libros sin acabar, ropa sin lavar, un piano que se empolvaba bajo las hojas de una melodía sin terminar, una carta sin leer y otra a medio contestar. Recogió unas viejas fotos del suelo transportándose a aquel mágico momento y recordando con lujo de detalle todas esas historias plasmadas en imágenes.
Al salir por el balcón se sentó en aquella banca que usaba todas las mañanas para beber su taza de té ella mientras esperaba el amanecer y con él su dosis diaria de inspiración, alegría y paz. Tantos amaneceres y atardeceres contemplando juntos y hoy se ponía una de las noches más oscuras y frías de la que él tuviera memoria. Se subió el cuello de su gabardina y trataba sin éxito de disipar sus pensamientos tras el humo de un puro que solo le traía más nostalgia y recuerdos que cortaban como cuchillo entre sus entrañas. No entendía por qué ni el cómo, lo único que sabía era que él no podría seguir sin ella…no sin conocer que había pasado.