Todo el día Suárez


Hoy fue un día bastante atípico de acuerdo a lo que normalmente es mi jornada. Les digo todo si les cuento que me desperté a las 15:00 hs. Y no fue el despertador el que terminó con mi sueño, sino mi abuela, que a los gritos me alarmaba con la noticia del día.

La noche anterior había puesto la cabeza en la almohada luego de varias horas aguardando una definición de la FIFA sobre el tema Suárez. Mientras tanto, realizaba mi habitual lectura de casi todas las últimas madrugadas; una nueva biografía de Pep Guardiola. Los ojos se me comenzaba a cerrar, y entonces decidí dejar el libro a un lado, y recuerdo mi última reflexión desesperanzada pero con una leve expectativa, pensando en que la sanción al “número 9" era inevitable, y que de ese modo nuestra selección perdería mucho potencial de cara al partido de octavos de final ante Colombia.

Lo que nunca creí, es que las primeras palabras que escucharía a la siguiente mañana serían las de mi abuela contándome, con un tono apenado, todo el repertorio de sanciones que caían sobre Suárez. Mientras me desperezaba y me incorporaba en la cama, al mismo tiempo escuchaba el relato de mi abuela e iba sintiendo la sensación tal cual se me formase un hueco en el estómago; “Ay ! lo mataron a Suárez, no sabes. Como nueve partidos sin poder jugar con la selección y 110.000 dólares de multa. Encima, se tiene que volver para acá, no lo dejan estar más con el resto del plantel y se viene para Uruguay.” ¿Como?, dije yó. “Si, tenés que escuchar a Da Silveira, está furioso, dijo que son todos unos mafiosos y que Blatter es un sinverguenza”.

Después de esa última frase mi abuela salió de la habitación, y ahí quedé yo. Todavía tratando de asimilar y entender lo que estaba pasando. No esperé ni a lavarme la cara antes de prender la computadora. Inicie sesión en Facebook y las repercusiones estaban por todos lados. Las noticias de mi “despertador” personificado me habían contado lo ocurrido tal cual era, y en ese momento la impotencia dentro mío no paraba de crecer. Y no era por pensar en como se complicaban las cosas y lo difícil que lo tendríamos para ganarle a los Colombianos. Eso fue en lo último que pensé, o mejor dicho creo que hasta ahora todavía no he pensado en eso.

La impotencia y la bronca que se iba acumulando, no era más que producto de, antes que nada, haber hecho el intento de ponerme en el lugar de Luis. Le sacarón el alma, fue lo primero que pensé. Lo mataron en vida, lo siguiente. Me preguntaba, ¿como podía alguien ser tan cruel con una persona que simplemente se equivocó, pero que en definitiva a nadie dañó? Bueno, que absurdo soy, me dije a mi mismo. Ese alguien es una de las organizaciones más poderosas y por endes (si, y por endes) fraudulentas del planeta. Muy fraudulentas, pero todavía aún más poderosas, al punto de que todos sabemos de sus artimañas (de hecho algunas son comprobables fácilmente), pero así y todo nadie es capaz de hacerle frente sin salir enormemente perjudicado, y que el intento por desenmascarar a la más enmascarada de todas, termine siendo insignificante y quedando en la nada absoluta. De hecho, creo que la FIFA hasta fue benévola en cierto punto, porque si lo hubiese querido, podrían haber determinado que Suárez no pisara nunca más en su vida una cancha de fútbol. Y sí, así de injusta son las cosas que en ese caso, tampoco nadie podría haber ido en su contra y su dictamen se habría terminado acatando, cualquiera hubiese sido su magnitud.

A medida que el día transcurría, cada vez se oían más voces. Periodistas, ex futbolistas, entrenadores, el verdulero, la vecina, todos opinaban… Hasta el Presidente de la República se tomó sus minutos para hablar del acontecimiento y brindarle frases de apoyo al jugador.

Me quise distraer y poner atención en un proyecto que debo entregar dentro de pocos días en la Facultad. Sin embargo, en ningún momento me pude concentrar, y me dí por vencido. Volví a encender el televisor. No tardé en volver a ponerme en la piel de Suárez. Se me empañaron los ojos varias veces, y la conmoción mayor fue cuando en el noticiero mostraron imágenes de cientos de Uruguayos llegando al aeropuerto para recibir a uno de sus ídolos. Pero más que para recibirlo, para apoyarlo, para hacerle saber que, equivocado o no, nosotros igualmente estamos con él. Y es que ¿quien no comete errores? y ¿como le vamos a soltar la mano a un jugador que nos ha llenado de alegría en los últimos tiempos? ¿justo los Uruguayos vamos a dejar tirado a uno de los integrantes del plantel encargado de unir a todo el pueblo como ninguna otra cosa puede lograrlo? lógicamente no.

Habrá quienes estén enojados por su actitud, quienes le reprochen, quienes creen que se merecía la sanción, quienes piensen en que necesita un psicólogo. Opiniones hay de todos los colores. Yo prefiero vestir la mía de celeste y nada más. Sería hipócrita no admitir su equivocación, y hasta quizá también lo sea no aceptar la posibilidad de una sanción. Pero lo cierto, es que la decisión de la FIFA fue una decisión deshumanizada por donde se la mire, y Luis no merecía esto.

Como siempre se ha dicho, de lo negativo siempre hay algo positivo que abstraer, y en este caso vaya si lo hay ! Si quisieramos podríamos irnos muy lejos y remontarnos en la historia, pero no es necesario, porque tenemos pruebas muy cercanas, sobre el enorme fortalecimiento que logra este grupo de futbolistas ante las adversidades. ¿Y que digo este grupo? debo corregirme; todos los Uruguayos, no se de donde ni como, sacamos una rebeldía especial ante problemas de cualquier tipo, de los más graves a los menos. No me pregunten porqué, tampoco me pidan una explicación, aunque si tuviese que dar una creo que se debe a nuestra propia y sagrada raza. A nuestros antepasados. Esa quizá sea la razón que mejor explique ese plus extra que nosotros, y nadie más que nosotros, puede dar en situaciones límites. Y a veces pareciera que hasta nos gusta llegar a esas instancias, y ante ellas es que más cómodo nos sentimos. En esos momentos es cuando sacamos lo mejor de nosotros, cuando damos el máximo, y cuando damos el máximo… Bueno, cuando damos el máximo que se agarren todos ! porque increíblemente, ni nosotros mismos todavía somos conscientes de lo que podemos lograr cuanto más exigidos estamos, y cuando más heridos parecemos, y cuando todas las posibilidades se vierten en nuestra contra.

Por ello, no dudo en que esta situación de Luis tiene su tinte positivo, y que si bien futbolísticamente perdemos a nuestro mejor jugador, anímicamente lo podemos compensar con aquello otro, como tantas veces ya hemos podido hacer, equiparando rendimientos ante equipos que nos superaban ampliamente en cualesquiera que fuesen el resto de los factores incidentes que se pusieran sobre la mesa. Es por eso que nuestras mayores hazañas se basan en nuestra garra y nuestra entrega. El Mundo no se explica cómo somos tan grandes siendo tan pocos. Y nunca se lo van a poder explicar. Sin embargo, acá sabemos muy bien que donde no llega el juego, llega la garra. Si, esa “garra charrúa” de la que tanto nos jactamos y por la que tanto nos reconocen. Y no hay manera de entender lo que ella significa. No se entiende ni se transmite, simplemente se nace con ella. Viene incorporada, tal cual fuese una especie de chip de compleja estructura que solamente conocemos en este rincón del continente, que nace y muere con cada Uruguayo.

Por eso es que Luis va a salir adelante. Por eso va a volver y la va a romper, por eso no va a parar de romper récords, entre otras cosas. Por eso es también que el sábado, ganamos o perdamos, todos estámos seguros de lo que no va a faltar, y como dice el dicho… “Aún herido, el león sacude su melena”.