América en llamas.

Rolando Gallardo
Nov 8 · 9 min read

Datos de un desastre.

¿Ha llegado la “Primavera Latinoamericana”?

Una oleada de protestas y reclamos sociales contagia la región. A diferencia de Medio Oriente las naciones latinoamericana son democracias republicanas (nominales) con una tradición tan larga de luchas populares como de corrupción y degeneración gubernamental. Las jornadas de manifestaciones aún no culminan y amenazan con extenderse por 2020 con un evidente efecto dominó. La acumulación del descontento de la clases medias y bajas ha provocado un estallido detonado por múltiples factores comunes. La política tradicional se desentendió de los indicadores de alerta arrojados por los datos. Comprender las similitudes en el contexto, su mantenimiento en el tiempo y su impacto en la psicología de las masas nos permitirá poner luz sobre un proceso regional que no vislumbra un final halagüeño a corto plazo. Traducir los datos a políticas públicas acertadas constituirá, si la inteligencia política lo permite, una América Latina más estable y con oportunidades para un pueblo descontento que paga por una economía en desaceleración.

Los escenarios latinoamericanos distantes (relativamente) en cultura, condiciones económicas e historia política se unen en los “indicadores de alerta” que los llevaron a las actuales crisis sociales. En este análisis es preferible que los datos hablen por sí solos. Concentraremos nuestra atención en los casos Colombia, Ecuador y Chile con un intento final de pronóstico de extensión a otras naciones de la región.

Si se observa los datos de percepción de la corrupción se verá que a nivel mundial los tres países están en posiciones relativamente distante. Chile, por ejemplo, presenta un indicador similar a naciones del primer mundo como Australia, Nueva Zelanda o incluso Estados Unidos. Daría la impresión que no había ningún indicio de depauperación de la imagen del gobierno. Pero…una frase llama la atención en las marchas chilenas: No son 30 pesos, son 30 años.

Si analizamos el criterio de la población chilena sobre la corrupción en sus instituciones veríamos que en el año 1995 la percepción de la corrupción era de 79 ubicando a Chile en el puesto 14, entre los 20 países menos corruptos del mundo. Dos décadas después la percepción de la corrupción ha descendido 12 puntos. El pueblo en las calles reclama hoy la refundación del país a través de un proceso constituyente.

Ecuador con un índice de percepción de la corrupción comparable con países como Níger o Tanzania,se enfrenta a un índice alto de percepción sostenido por años. Pero debemos destacar, que a pesar de Ecuador ser una de las naciones donde se percibe niveles altos de corrupción, en los años de gobierno del Economista Rafael Correa experimentó un aumento del índice, siendo un indicador a favor del pasado gobierno keynesiano, antítesis de los gobiernos neoliberales que le precedieron; los cuales contaban con una percepción de la corrupción de las más altas del mundo. Al gobierno actual tener que romper con el frágil Estado de Bienestar del Ecuador la población termina comparándolo con aquellos gobiernos de saqueo de las arcas públicas, patentado por un escándalo de corrupción solapado por la prensa nacional, los INA Papers.

Colombia mantiene niveles altos de percepción de la corrupción con un puntaje sostenido de 37 con un punto negativo en 2018, cuando el país sumido en la ruptura de los acuerdos de paz tiene que además tomar medidas restrictivas antipopulares que acentúa la percepción negativa sobre las autoridades de gobierno.

Desaprobación de la gestión.

Puerto Rico vivió la degeneración progresiva del gobierno de Ricardo Rosselló, por la pésima gestión de la recuperación tras el desastre generado por el Huracán María en 2017. Unido a los recortes, despidos y precarización de servicios públicos con tal de aliviar la deuda que agobia al país. Roselló para 2018, a mitad de su mandato tenía una desaprobación del 39% mientras que los datos muestran un 85% de desconfianza al gobierno del único Estado Libre Asociado del continente. Con un salud tan débil el gobierno no pudo sobrevivir los embates de la indignación popular tras un escándalo de filtración de chats. La pérdida del respeto y la estima al gobernante en un estado democrático tiene una elevada probabilidad de culminar con su dimisión por la presión popular. La isla boricua es naturalmente un caso excepcional por su filiación a la ley norteamericana.

En el caso de Ecuador en los momentos previos al inicio del paro nacional el presidente Lenin Moreno tenía un 78% de desaprobación. A pesar de un indicador tan desfavorable lanza una medida antipopular como la eliminación del subsidio a los combustibles lo que provocó un reacción en cadena en gremios y sectores sociales diversos, provocando la mayor crisis política del país en la última década. La desaprobación a Lenin no se detiene a pesar de estar en negociaciones con los sectores indígenas y organizaciones sociales. En la actualidad el presidente cuenta con 81% de desaprobación a su gestión lo que es una alerta ante la posibilidad de desacuerdos en las negociaciones que podrían llevar al país nuevamente al caos y la violencia.

Iván Duque en Colombia se enfrenta a una caída estrepitosa de la aprobación de su gestión saltando en solo 3 meses del 48% al 60% de desaprobación (entre febrero y mayo de 2019) . La psicología de las masas demuestra que al ser conscientes del criterio común pueden pasar a la acción política violenta en las calles como medio de presión al gobierno. En este momento se organizan los preparativos para el paro convocado para el próximo 21 de noviembre.

Chile, siguiendo la misma linea de tomar medidas antipopulares justamente cuando transita por picos de desaprobación popular culmina con una confrontación popular callejera que continúa de manera indefinida a pesar de los intentos de Sebastián Piñera de apaciguar con leves aumentos salariales. Con un 78% de desaprobación a la gestión del presidente y un 83 % de desaprobación de su gobierno, el presidente chileno sólo puede contar con los carabineros para suplir la ausencia de su autoridad moral.

Alertas básicas.

Hay datos al parecer poco relevantes o vagamente usados para fundamentar criterios macroeconómicos, aunque son sin dudas señales peligrosas en el camino a una crisis social. Debemos anotar que la reducción del estado genera desempleo por definición, siendo además lenta la reabsorción de la fuerza laboral en paro. Sumando la devaluación monetaria veremos limitada la capacidad de compra, afectando pequeños y medianos negocios. Como si fuera poco se eliminan subsidios, se aumentan impuestos y costos de servicios básicos como luz o transporte.

Pero al chequear los datos de Chile la capacidad de compra (poder adquisitivo) aumentó un 2% en el último año , al mismo tiempo que crece el endeudamiento de los hogares chilenos que destinan el 74,3% de sus ingresos para pagos de deudas. Es significativo un aumento promedio anual de los salarios en 2% mientras que el endeudamiento promedio es del 10% anual, a todas luces insostenible. Este egreso en deudas tan elevado hace que los hogares chilenos aumentan sus gastos de credito para sostener el nivel de vida, a la vez que la carestía aumenta sumado a una devaluación récord del peso; llevando a 26% la morosidad en los pagos de créditos bancarios. El 82% de la población mayor de edad en Chile tienen deudas con entidades financieras. La sensación de ahogo se está viendo reflejada en las manifestaciones que se desarrollan en este momento en las calles de Santiago, una ciudad que tiene un 8,4% de desempleo en ascenso.

Devaluación del peso chileno variación en %

El peso colombiano siguen la lista de las monedas más depreciadas frente al dollar. Debemos agregar en el caso colombiano que el desempleo escaló al 10,2% en el pasado mes. La carestía de la vida vista desde la inflación que subió al 3,43% entre enero y octubre de 2019, en un país donde los recortes de presupuesto y el desempleo están a la orden del día. Aunque el nivel de endeudamiento de los hogares no sobrepasa el 15% de los ingresos, el aumento del desempleo, la devauación monetaria, la subida del costo de los productos son síntomas alarmantes que señalan la toma de políticas públicas cautelosas que no promuevan la percepción de una situación crítica y permita mantener la capacidad de compra de la mayoría de la población.

Mientras tanto Ecuador, bajo una economía dolarizada, donde no existe control sobre la moneda que circula en país, la devaluación de divisa no conforma un indicador de alerta inmediata. Pero el crecimiento a 4,9% el desempleo en el país en su máximo nivel en los últimos 3 años y la informalización del mercado laboral reducen la capacidad de compra de las clases medias, el pago de deudas. La reducción de los trabajos adecuados ha generado que 62% de los trabajadores ecuatorianos perciban remuneraciones menores al salario mínimo y no tengan acceso a los derechos laborales establecidos en la legislación. Un caso clásico de precarización de los derechos laborales. Para colmo de males el Presidente Lenin Moreno asume un conjunto de medidas para el cumplimiento de los acuerdo con el FMI que incluyen reducción de empleados públicos, reducción del 20% de los salarios de empleados públicos en contratación ocasional y reducción del 50% de las vacaciones en el sector público. Por lo que la liberalización de los combustibles fue la gota que derramó el vaso, arrastrando a marchas violentas no solo a los sectores indígenas sino también a las clases medias y bajas de la sociedad ecuatoriana.

Brasil en riesgo.

Cuando veas las bardas de tus vecinos arder…

Mientra sudamérica se debate entre el retorno a la izquierda o la refundación nacional Brasil parece un observador tranquilo de los vientos de cambio que azotan la región. Pero es preocupación los indicadores que afloran en la sociedad brasileña. El país muestra un aumento de la percepción de la corrupción, con un puntaje de 35 su índice ha caído en 5 punto en apenas 3 años, ocupando el ranking 105 en 2018.

Los datos de desaprobación y desconfianza hacia el ultraderechista Jair Bolsonaro hablan por sí solos:

El desempleo en Brasil desciende a pasos muy lentos. Durante 2019 se registró 12,4% , con un caldo de cultivo para un estallido social de 13 millones de personas. La cada vez menos capacidad de los trabajadores brasileños de cubrir las deudas contraídas con entidades financiera hace que las 57 millones de personas que no pagaban en 2015 a los bancos brasileños subieran a 62 millones en 2018, de los cuales el 46% no tiene cómo pagar. Un estallido social en Brasil supondría un choque de clases sociales, donde el único muro de contención será el ejército. La desigualdad en Brasil es la más alta de la región, con un 51,3 puntos en el Índice de Gini. La lucha de clases vuelve a ponerse de moda en las sociedades latinoamericanas ante la desaparición paulatina de la clase media y los beneficios ingentes al sector empresarial en detrimentos de las masas obreras.

Tras los grandes cambios políticos y sociales de la modernidad están las crisis económicas y los niveles de desigualdad social. América Latina es un polvorín que estalla constantemente desde la izquierda, el centro o la derecha. El equilibrio entre ideologías políticas, estadísticas y políticas públicas coherentes no es una fortaleza en la región y es la causa de la inestabilidad endémica.

El escenario continúa en desarrollo, los indicadores de alerta supondrán la diferencia entre el consenso social o la crisis violenta.

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    Historiador y analista político.

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