El patio de juegos de la existencia

La vida nos presenta, desde que nacemos, todas las herramientas necesarias para crear universos.

Vivimos en una realidad infinita que nos ofrece igualmente infinitas posibilidades para hacer lo que queramos.

Los límites a esa realidad los vamos poniendo nosotros mismos conforme crecemos, normalmente porque los aprendemos de quienes nos crían y en general, de la comunidad a la que tengo acceso, real y virtualmente.

Pero las herramientas para construir una nueva nebulosa, pero esta vez en forma de ‘R’ para que esté acorde con mi nombre, están ahí. ¿No se puede?, cómo que no se puede, ¿y por qué no se puede? preguntaría yo. Realmente damos por un hecho que no se puede y si tenemos algún conocimiento científico, lo más probable es que sumemos algunos datos impactantes, como leyes físicas y descubrimientos de última hora de Stephen Hawkins, pero realmente tampoco tenemos como demostrar por nosotros mismos, todo eso que citamos, solo repetimos la forma, el tamaño y el color de los límites que hemos aprendido.

Los mismos científicos, aun y cuando nos juren sobre la tumba de Sir Isaac Newton que lo propuesto en sus teorías y leyes es absoluto y definitivo, no tienen como asegurarlo y a veces, con el tiempo, nuevos científicos que igualmente juran por Sir Isaac, revolucionan y hasta destrozan lo “comprobado” por sus antecesores. Es la maravilla del conocimiento en constante construcción.

Nadie posee la verdad y eso no es porque se olvidó buscar en un rinconcito del mundo en el que nadie se fijó antes, es sencillamente porque la verdad, así la absoluta, la incuestionable, la mamá de las verdades, no existe. Lo único que existen son las verdades que nosotros mismos construímos. A veces nuestra verdad en algunas coas coincide con la verdad de otros, o por lo menos aparenta hacerlo. Pero al final yo defenderé mi verdad, aun cuando ni siquiera me de cuenta de ello, porque la verdad pesonal es un colchón de seguridad que la razón utiliza para mantenernos seguros frente a la incertidumbre y el caos que es la existencia.

Eso no es necesariamente una desventaja, ya que se puede aprovechar esta individualidad absoluta de lo que para mí es cierto, para modificalo y empezar a botar los límites que me han impedido explotar al máximo mi potencial. Y si no podemos botarlos, bueno, por lo menos rasguñémoslo un poquito, de gota en gota se hizo el Cañón del Colorado…

El único secreto es creer. Pero no es suficiente con ello. Yo puedo creer que soy superman y lanzarme desde el último piso de un edificio muy alto y, mientras Sir Isaac Newton se ríe de mi a la distancia por burlarme de él, caer aparatosamente hasta convertirme en una mancha más del asfalto capitalino.

Además de creer hay que trabajar en uno mismo. Si creo que puedo volar, con todo y lo imposible que pareciera a simple vista de nuestros actuales límites, tengo que empezar a trabajar en esa creencia, romper amarras y al final, salir volando.

Esta vida nos da todas las herramientas para hacer lo que sea, lo que se nos ocurra, lo que imaginemos, pero nada es inmediato, ni gratis, hay que ser disciplinado, trabajar, trabajar y trabajar. Luego de mucho hacerlo, veremos el premio de concretar nuestra creencia y afianzar nuestra verdad.

Esta vida es solo un patio de juegos de la existencia, en el que nosotros decidimos el juego al que nos montaremos. Podemos jugar a ser personas limitadas y oscuras, o a ser dioses mayas con plumas y fuego en la boca. Solo nosotros podemos decidirlo.