Encontrar el tesoro que es la paciencia

Apresurarnos al tomar decisiones, normalmente tiene graves costos en nuestra contra

Todo en la sociedad actual nos empuja a movernos rápido, a decidir rápido, a pensar rápido, a amar rápido. Pero esta vorágine normalmente nos deja vacíos y golpeados. Si supuestamente toda esta rapidez para vivir, nos hará vivir más y mejor, ¿por qué no somos felices, ni nos sentimos satisfechos? Precisamente aquí es donde la paciencia se asoma.

A veces no parece posible variar el ritmo de nuestras vidas, y seguir viviendo en la sociedad actual. Pero siempre es posible hacerlo.

Pretender tenerlo todo ya, para disfrutarlo ayer y así ser feliz desde antier, es una opción irracional de la que nuestro intelecto debería sentirse avergonzado por validar.

Quererlo todo y quererlo ya, una compulsión muy propia de las sociedades de consumo actual, nos propone una serie de retos que son realmente inalcanzables: tenemos que tener estudios, un título, una carrera, una pareja, una familia, una casa, un carro, y claro como somos ‘animalistas’, un perro o un gato. Todo lo tenemos que tener lo antes posible, porque de ello depende que seamos exitosos y solo siendo exitosos seremos felices.

Entonces estudiamos sobrevolando los inmensos valles del conocimiento, sin realmente aterrizar en ninguna de sus verdes pasturas, solo pasamos por encima, para cumplir con los exámenes, luego de lo cual la poca información que de alguna forma se quedó en nuestra memoria, es rápidamente desechada, porque nunca tuvimos interés en aprender, solo queríamos aprobar el curso y obtener un título.

Y así buscamos pareja, alguien que cumpliera más o menos los estándares que necesito para el éxito, agradable a la vista, que tenga gusto para vestir, que hable poco pero bien, que tenga disposición para acompañarme en mi carrera al éxito y ojalá con algo de dinero, para que financie mi emprendimiento. El amor es algo secundario, lo cual es realmente espantoso. Nos convencemos de que estamos enamorados, y lo peor es que también nos convencemos de que ese “enamoramiento” se convertirá en amor en algún momento. Obviamos todos los puntos difíciles sobre nuestra pareja, porque ya tendremos tiempo luego de ayudarle a corregirlos, o aun peor, el amor lo sanará todo. Y claro tenemos la boda del siglo, gastamos unos cuantos millones que no tenemos, pero que algún Banco nos facilitará, porque ellos también creen en nuestra felicidad y nos casamos con alguien que probablemente no solo no conocemos, sino que ni nos cae bien, pero cumplimos, ya nos casamos.

Ni entro en el tema de los hijos, porque luego del desglose matrimonial anterior, parece que cae por su propio peso.

¿Y el trabajo? Pues si, igual que lo demás, busco el que más dinero puede brindarme, si no es nada que me gusta, eso es lo de menos, porque se trata de trabajo y a nadie le gusta el trabajo. Una vez que logro entrar en alguna empresa, la meta es ascender lo antes posible, no importa a qué costo, ni personal, ni del grupo con el que laboro y mucho menos de mi familia. Cualquier precio es válido para lograr éxito y claro, cuando logre el éxito todos los demás actores de mi vida serán igualmente felices que yo.

Así vamos por la vida, moviendo todo a ritmo acelerado, porque me urge tenerlo ya, quiero ser feliz y no lo seré hasta que tenga, hasta que logre, hasta que haga, hasta que algo más o alguien más pase por mi vida.

La felicidad que proviene de dentro nuestro, no esa no la conozco, ni me interesa, solo me retrasaría.

Aun y cuando la vida me suba al tren de alta velocidad que me llevará a un supuesto éxito que me dará la felicidad, yo tengo que mantener mi centro en calma, estable y en paz. Nadie me obliga a meterme al huracán moderno y dejar mi bienestar en manos de todos menos de mi.

Y aquí la paciencia es indispensable.

No vamos a encontrar la paciencia en un curso de quince días para alcanzar la iluminación, ni en el taller de técnicas modernas para la autorealización. La paciencia está en nosotros y solo tenemos que ejercitarla.

Detengamos nuestros impulsos. No les permitamos sustituirnos a la hora de tomar decisiones.

Cuando por la mañana nos vamos corriendo al trabajo y no desayunamos porque no nos da tiempo, detengámonos, sentémonos a la mesa y disfrutemos de un buen café. Respiremos profundo. Valoremos los segundos que le dedicamos y guardemos eso en nuestra memoria. Mañana, además del café, comámonos una galleta, con calma, como si nadie se fuera a avalanzar sobre nuestra comida para arrebatárnosla, como efectivamente es. Guardemos el momento. Cada día añadamos un momento más, una respiración adicional, un estiramiento de brazos, una buena canción en la radio. No corramos.

Con los días de ir haciendo estos pequeños ejercicios en los diferentes ámbitos de nuestras vidas, iremos viendo cambios. Poco a poco nos iremos enterando de lo mucho que se disfruta con solo dejar de correr y el poco tiempo que nos toma hacer las cosas en paz, como la paciencia rinde frutos.

Y de pronto, sin que te des cuenta, verás que tu razón se dará cuenta de que tu bienestar y cualquier logro derivado de ella, proviene de tu trabajo con vos mismo y no de lo rápido que alcances estándares de otros, que no se ajustan a tu vida.

No se trata de llegar al trabajo y decirle al jefe que el informe que quería para hoy en la tarde, lo tendrá hasta la otra semana, porque estoy haciéndolo con tranquilidad. Igual no podemos dejar de ser responsables con nuestro entorno, incluyendo el trabajo. Pero si tenemos que respetarnos lo suficiente a nosotros mismos como para decirle al jefe si me está pidiendo más de lo que yo puedo dar con un esfuerzo racional. Si mi trabajo pretende que haga las tareas de tres personas en la mitad de la jornada de uno solo, me está pidiendo demasiado y se está aprovechando de mi y yo valgo mucho más que las promesas de falso bienestar que me hacen a cambio de hipotecar mi salud y bienestar.

Volvámonos conscientes de nuestra realidad, de quienes somos, de qué queremos y movámonos para obtenerlo, sin correr, con paciencia, con la seguridad de que el tiempo jugará a nuestro favor para ponernos frente a lo que queremos en el momento justo.

Ejercite la paciencia.