No te aferres al pasado

Vivir el ahora es aún más difícil cargando el pasado.

Llevarnos el pasado a cuestas no solo nos hace más difícil continuar nuestro camino, sino que nos impide vivir plenamente las nuevas experiencias que la vida nos presenta a diario.

Y aunque escuchamos una y otra vez que tenemos que librarnos del pasado, ser mas livianos y vivir el ahora, realmente la mayoría de nosotros no nos creemos el cuento de que es posible deshacerse del pasado, porque obviamente nuestro pasado siempre estará ahí, por más que cierre los ojos no voy a desaparecer el pellizco que le di a mi hermana cuando estaba en el kinder, porque me arrogó mi dibujo de un pollito azul.

Claro que nuestro pasado siempre estará ahí y no desaparecerá solo porque se nos ocurra. Vivimos en un universo gobernado por dos condiciones que se interrelacionan y conforman una circunstancia existencial para todos: el tiempo y el espacio. Mientras vivamos en esta realidad, ambas están en cada uno de los segundos que vivimos, queramos o no. Esto nos hace vivir en una línea temporal, donde los eventos se suceden consecutivamente, cada momento vivido se mueve un paso atrás en la línea o yo me muevo un paso adelante, es lo mismo. Ese movimiento me pone directo en el siguiente momento, es decir, el pasado nos precede y el futuro nos sobreviene. Vivimos un momento a la vez. No podemos acceder directamente, a voluntad, al pasado o al futuro, el momento que ya viví, está en el pasado y ahí se quedará. El momento que no he vivido, aun no está a mi alcance y normalmente ni siquiera tengo noción de lo que se trata. Solo puedo vivir el momento en el que estoy ahora.

Pero el hecho de que el pasado sea un conjunto sólido de acciones que siempre formará parte de mi línea de vida, no quiere decir que por obligación tengamos que cargarlo con nosotros.

Si vemos bien las reglas del juego que expusimos antes, cuando vivo el momento que me corresponde, mi ahora, el pasado está en su lugar, precediéndonos y el futuro está también en su propio sitio, sobreviniendo. Ni el pasado, ni el futuro están con nosotros en el ahora. Solo estoy yo. Claro y está lo que yo cargue al ahora.

Así que todo el peso del pasado que nos acompaña hoy, está ahí porque así lo hemos decidido.

Pero, ¿de qué se trata esto de cargar con el pasado? Bueno, muy sencillo, se trata de mantener en nuestra realidad actual, en nuestro momento del ahora, una serie de vivencias que tuvimos en el pasado, con las que no hemos podido reconciliarnos. ¿Qué vivencias?, desde rencores por acciones que otros hicieron y nos lastimaron, hasta acciones propias con las que no nos sentimos a gusto y nos atormentan constantemente.

Cada vez que tenemos una experiencia traumática, una enfermedad grave, un accidente, una situación sentimental dolorosa, una pérdida de un ser querido, en fin, momentos en los que nos vimos impactados a un nivel mayor al que podíamos manejar en ese entonces, nuestro cerebro, como un método de autoprotección, almacena todo en un saco que cargamos en la espalda, para “analizarlo después”. El problema es que el cerebro “olivida” pronto lo que deja “pendiente”, porque así se afecta menos la zona de confort en la que trata de mantenernos, y entonces estos pendientes empiezan a alimentarse de emociones, normalmente poco sanas, y crecen de tal forma que afectan directamente nuestra toma de decisiones de hoy.

Imaginemos por un momento que hace diez años, alguien que conocimos nos puso en ridículo frente a nuestros amigos. Nos sentimos realmente mal, avergonzados, dolidos, heridos. Pero a esa persona no la volvimos a ver y nuestros amigos tampoco sacan a colación lo que sucedió, así que conscientemente dejamos el asunto atrás.

Pero contrario a lo que nuestra razón nos dice, lo cierto es que esa vivencia, ese momento, sigue con nostros. ¿Por qué? Porque en su momento le dimos mucha energía de la que alimentarse. Nos sentimos tan mal que generamos emociones fuertes, contra quien nos causó el daño, contra quienes no hicieron nada para defendernos y de autocompasión por haber sido víctimas inocentes.

Vale la pena aclarar que no estoy juzgando lo que sentimos, solo lo retrato tal cual se archivó en nuestro interior.

Toda esa energía emocional, de alguna forma le dio vida propia al momento en cuestión y aunque conscienemente lo dejamos atrás, inconscientemente permanece activo y tomando energía para mantenerse vivo y para hacerse más fuerte. ¿De quién toma la energía?, pues si, de nosotros mismos. Y si creemos que eso no nos afecta por no encontrarse en nuestra realidad consciente, piénselo dos veces. Nuestras decisiones cotidianas se manejan mayormente de forma automática. Cuando conocemos a alguien y de inmediato sentimos una repulsión, que no tiene ningún origen racional u objetivo, lo más seguro es que nuestro inconsciente metió la nariz. Talvez esa persona se parecía a quien nos hizo daño hace 10 años, o hablaba igual, o me apretó igual la mano. Lo cierto es que todo lo que cargamos en nuestro inconsciente incide directamente en las decisiones diarias que tomamos, sobre todo las que tomamos sin ningún control activo de nuestra parte.

Esas cargas del pasado, que como la descrita, probablemente tendremos muchas más, que ni recordamos. Hacen nuestro caminar pesado, nos generan conflictos con la realidad actual al introducir ruido proveniente de situaciones pasadas que han sido sobrevaloradas por nuestro inconsciente, pero que inciden igual, y sobre todo, nos impiden vivir plenamente el presente, el ahora, con el peligro que eso conlleva: perder oportunidades que se ponen en nuestro camino para que crezcamos, mejoremos como seres humanos y vivamos plenos y felices.

Así que ¿ahora qué hacemos. Si esperabas que te dijera que es muy fácil, pues no, no es nada fácil. Pero espero que entiendas que es necesario, que el beneficio que obtendrás para tu propia vida, es enorme y hace que valga la pena.

Y si, como ya te imaginarás, la solución parte por la búsqueda consciente de lo que hemos guardado en ese saco oscuro, momento por momento, cada experiencia a la vez. Tenemos que revisar lo que recordamos que sucedió. Probablemente ya ni se acerque a la realidad, pero al arrojarle luz, lograremos además identificar las construcciones emocionales que nuestro subconsciente le ha añadido. Además, con el tiempo que ha transcurrido, seremos capaces de reevaluar lo que pasó, y poner cada cosa en su lugar. perdonarnos por lo que sucedió y saldar cuentas con el mundo. Limpiar es espacio y dejarlo ir.

Si hacemos este ejercicio de forma regular y con justo propósito. Aliviaremos mucho nuestra carga y seremos cada vez más felices.