¿Pueden mejorar la democracia las tecnologías sociales?

Vivimos en una nueva era digital caracterizada por la hiperconectividad en la que la tecnología puede ser considerada como un puente para unir a los ciudadanos tanto con el gobierno, instituciones, empresas o entre sí. Asimismo, la tecnología potencia la participación ciudadana dado que el acceso es mucho más directo y los canales de información son más amplios y diversos. Incluso, puede servir de termómetro para medir y hasta predecir, en algunos casos, los futuros comportamientos de los ciudadanos frente a resultados electorales tentativos, convirtiéndose de este modo en herramienta aliada de consultores políticos.

Sin embargo, bajo efecto de exigencia de transparencia y de mayor demanda de información cada vez a un ritmo más elevado y volátil, la tecnología puede adentrarnos en un espiral vicioso del cual a veces es muy difícil de salir.

Para que las tecnologías sociales puedan llegar a contribuir y mejorar la democracia es necesario y fundamental sentar bases previas garantizando el acceso a determinados recursos imprescindibles como la educación. Hay un proceso social y cultura que antecede al proceso de mejora. Por ello, así como expresa el Dr. José Luis Orihuela en su texto “Sobre democracia y tecnologías sociales”, la herramienta no es la estrategia, la herramienta considero, es un fin.

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