Sobre las cuestiones del inconsciente


O el 'ellos' según la segunda teoría freudiana. Que más da, si al final hacemos referencia a los mismos instantes en los que nuestro acontecer y todo tipo de conjeturas que tratamos de esconder bajo un cúmulo de historias cotidianas, entran en tal conflicto que el orden se invierte.

Aquello que intentamos solapar se ve por un instante liberado. Momento triunfal si los hay. Podríamos incluso hablar de libertinaje si es el angelito localizado en nuestra conciencia el que nos habla. Ángeles y demonios que conviven diariamente en nuestra piel, en nuestras formas de mirar y quizás también de sentir. De pronunciarnos ante el afuera, un amigo, un desconocido, nuestro mayor confidente.

Tal vez en soledad, muy probablemente cuando los silencios se animan a gritar tan fuerte como puedan, o cuando la voz no es suficiente para concretar tal acto de súplica, ahí encontramos nuestro propio yo. No tiene lados buenos y malos que luchan constantemente por su existencia. En ese momento somos nosotros mirando a nosotros mismos. No encontramos conflicto ni tensión, eso queda relegado para el resto de la vida, transcurrida en todas aquellos sonrisas que, por alguna u otra manera, nos vemos obligados a regalar sin querer.

El ‘ellos’ entonces no es tan extraño.

No vive en un rincón lejano, impenetrable ante nuestra reducida capacidad de conquista y exploración. Paradójicamente es en él donde por fin nos hayamos emancipados de todos los cabos que atan este nudo, el del gozo inextricable que genera la sensación de alguna vez sentirse vivo.