Juan Martín Del Potro: la cara de la gloria, las lágrimas de un pueblo

La cara de la gloria, las lágrimas de un pueblo. Foto: EFE

Me tomé un tiempo para procesar todo lo que fue Juan Martín Del Potro en esta semana de tenis en los Juegos Olímpicos de Río. También me tomé un par de cuantos minutos para decidir si esta nota la encararía en primera o tercera persona, siendo que aún tengo la piel de gallina y las emociones a más no poder.

El de los dos metros y una derecha de los dioses venía de caer y levantarse en variadas oportunidades por esa maldita lesión en su muñeca que no lo dejaba avanzar. Muchos dirán que fueron las cirugías las que trajeron de vuelta a la Torre de Tandil y, en cierto punto, tendrían razón. ¿Pero hubiera sido lo mismo si quien reposaba en la cama no era otro más que este gigante con alma de guerrero? ¿Hubieran sido suficientes los logros médicos sin el avance imparable de un corazón de hierro que no estaba dispuesto a abandonar la gloria?

A mi que me disculpen, pero bendita sea la cabeza del tandilense que hizo el 80% del trabajo. Juan Martín aclaró repetidas veces con humildad que el apoyo que recibió de los que lo siguieron siempre fue ese plus que lo mantuvo a flote aún en los peores momentos… porque el aliento de su gente lo sostuvo cuando las ganas de continuar eran casi nulas. Y así se volvió a levantar la Torre y así volvimos a gritar hasta que la garganta quedo seca de tantos “Gracias Delpo”.

El aguante y garra de un gigante. Foto: Maxi Falla.

La primera ronda de los Juegos Olímpicos de Río se le presentaba como esas jugarretas del destino que aparecen a modo de obstáculos para medir nuestra capacidad de cruzarlos o quedarnos en el camino. Novak Djokovic, el serbio número 1 del ranking ATP, el flamante ganador de 2 de los 3 Grand Slam que van en la temporada, además del feliz dueño de 4 de los 6 torneos de Masters 1000 hasta ahora, sería el primer adversario de Juan Martín del Potro. ¿Difícil no? ¡Pero no imposible!

Tras un largo y complejo match, ambos jugadores se fueron con lágrimas en los ojos: Delpo por una infartante victoria y Nole por perder nuevamente la posibilidad de llevarse una medalla olímpica ante el tandilense. A partir de este punto, todo era y fue posible: pasaron vencidos el portugués Joäo Sousa, el japonés Taro Daniel y el español Roberto Bautista Agut, pero en semifinales la historia estaría más complicada.

El español Rafael Nadal, recientemente coronado con la medalla de oro en los dobles masculinos junto a Marc Lopez, estaba confiado de que el envión lo haría sobrepasar a Juan Martín, pero en una mezcla de cansancio, por un lado, y un talento que no veíamos desde aquella memorable final en el US Open, Delpo derrotó al manacorí con una hinchada que no lo dejaba caer nunca.

¡Y el sueño estaba cerca y una medalla ya era nuestra! Sólo restaba bajar al británico Andy Murray. La Torre de Tandil, quien venía de jugar partidos de más de dos horas de duración, no bajo los brazos y dio batalla unas varias horas más. “No puedo más” le susurró con ojos cansados a un hincha que lo alentaba en la tribuna. Y sí, Delpo, tus piernas no daban más pero tu corazón las mantenía firmes, yendo y viniendo con una capacidad sobrehumana al ritmo de “¡Pegue, pegue, pegue Delpo, pegue!”.

“Hemos trascendido el tenis. Desde las tribunas, las grandes finales que jugamos, no sé cómo aguanté cuatro horas después del partido que jugué con Nadal. Me emocionaron mucho todos los días. Me quiero volver a la Argentina para disfrutar con la gente”, declaró Delpo después del partido.

El fanático de Boca Juniors finalmente no pudo más y se quedó con la medalla de plata. Sin embargo, la gloria seguirá siendo de oro por esa inquebrantable garra y aguante divino que van a quedar grabadas a fuego en cada argento que te siguió a grito limpio.

“Me llevo algo que no me importa el color. Soñé con esto antes de venir y no lo puedo creer. Me llevo la de plata pero considero que tengo el oro” y agregó: “Por algo no abandoné el tenis, de arriba me tenían preparado esto”

Y una última aclaración: ese passing de revés paralelo hacia el final del partido no sólo se llevó la admiración del mundo, sino también las últimas gotas de mi voz. Gracias eternas, Juan Martín.

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