Ronaldo Herrera
Aug 31, 2018 · 2 min read

El predicador sin bosquejo.

Siempre ha habido discusión a cerca de si los pastores deben usar bosquejos, o en qué medida deben permitirse utilizarlos.

Quiero desenfocarme de ese debate, por uno que quizá es menos probable, pero muy perjudicial para el Desarrollo de una Iglesia, el predicador sin bosquejo.

Quiero abordar este tema, no desde el punto homilético, sino desde el punto hermenéutico. Es decir, no ver el bosquejo como una estructura, sino como un medio que lleva a el predicador a ser más claro y preciso en su predicación.

Aunque en menor grado, a día de hoy, hay predicadores que predican sin bosquejo, no hablando tanto de un manuscrito, sino que literalmente, ellos no se proponen estructurar pensamientos con un desarrollo bíblico y claro escondido tras el lema “no quiero poner límites humanos a la voz de Dios”, en vez de lo cual deberían decir, “me da pereza investigar y estudiar la Biblia”.

¿Por qué consideró importante el bosquejo?

Por la simple razón, que es complicado hacer uno. Se requiere de un ordenamiento de ideas esporádicas a veces, para luego ser verificadas a la luz de la Teología Bíblica y ser halladas ideas correctas o ideas erróneas.

El predicador que no hace bosquejos, suele predicar al estilo improvisado y guiado por lo que siente o percibe que es lo que debe predicar, dándole su significado según lo que ha entendido vagamente y no según lo que ha indagado con esmero.

Es importante tener un bosquejo, porque nos ayuda como ninguna otra herramienta a examinar nuestra mensaje, si hay algo erróneo, deficiente, desordenado, ilógico, confuso, y a lo peor, hereje.

Aun cuando No uses tu manuscrito, este es importante para hacer conexiones sanas entre subtemas, para estudiar correctamente el texto y No presentarlo a la “improvisación espiritual”tan propia de los predicadores contemporáneos.