Peña Nieto me hace pensar en reelección.

Siempre he considerado que el sistema sexenal mexicano, es un formato orquestado para el fracaso. Seis años es muy poco tiempo para lograr un cambio concreto, y mucho para tener a una bola de corruptos mandando sin importar el color del partido en turno.

Los partidos, planean una estrategia económica basada en la visión que les permiten esos seis años de Gobierno. Al fin, después de eso, es problema del que siga, y si no lo es, no importa, porque mi sucesor dirá que lo que importa ahora es ese momento es su nuevo plan de Gobierno.

De esta forma, la palabra “continuidad” no existe en el vocabulario del sistema político mexicano. Todo se hace con base en los tiempos e intereses del burócrata en turno. No se piensa en la gente, no se piensa en el futuro del país y mucho menos en la competencia que está creciendo a nuestro alrededor como parte de la globalización. Lo que importa es el gobernante en turno, familiares, amigos y compadres, el partido. Y lo peor, es que todos ellos importan ahora, porque es ahora o nunca, cuando se pueden hinchar los bolsillos.

Esto nos lleva a contar con un conformismo extremo debido a que pase lo que pase, nos tenemos que aguantar seis años con el mismo Gobierno. Somos una población dócil que no está dispuesta a hacer que sus autoridades cambien y que sigan siendo ellos quienes marquen las reglas del juego. Somos cómplices de una de las etapas más oscuras de la historia de nuestro país. La ignorancia y falta de interés en nuestro entorno, ha permitido que tengamos por presidente a una persona que ganó por medio de fraude; es sospechoso de homicidio; con título universitario en duda; carga varias matanzas en la espalda; Ayotzinapa como un caso que hay que destacar a parte; corrupción llevada a nuevos niveles (tanto que hasta los chinos le huyeron); una casa que es un insulto que no haya dimitido; ignorancia que no deja de relucir en cada presentación pública; rodeado de “socios estratégicos” como Duarte y que encima de todo esto, nos sigue endeudando.

Urge que cambiemos el sistema y se empiece a hablar de una sistema que demande trabajo y resultados para que quien está en el poder, trabaje por su puesto. Un sistema de reelección, con periodos de cuatro años, similar al estadounidense (solo en periodicidad) y que oblique al gobernante electo, al menos los primeros cuatro años a trabajar. Y trabajar con resultados rápidos y concretos para poder permanecer en el cargo. Planes de trabajo que le permitan tener una visión más allá de la improvisación y el ir navegando con la corriente. Planes de trabajo, reformas estructurales, iniciativas de ley y programas sociales que tengan un fuerte impacto social si es que quieren seguir en el juego político, por medio del voto de la gente.

Hoy, solo presentan planes magnánimos que “salvaran” al país, como lo dijo Peña Nieto en su momento. Soluciones simplistas, sin fundamentos, pero que en discurso suenan muy bonitas.

Peña Nieto, me hace pensar en la reelección; sobretodo, porque si tuviésemos ese sistema y periodicidad… Hoy, sería el quinto día de haber terminado su mandato.