Cartas de loba

Araño como puedo algunos retazos de vos. Mi memoria es como una cajita de madera desvencijada: tiene un par de botones forrados, una pulserita de oro que me regaló Juanita, una foto de un nene en una vereda, y un mazo de cartas de loba. Ese mazo sos vos.

Ayer me preguntaba cómo se hace para hacer el duelo de una ausencia y lo primero que se me vino a la mente fue tu imagen encorvada, cortando el mazo de cartas de loba sobre la mesa. Busqué una y otra vez en cada recoveco de mi memoria y no hubo caso: ese es el único recuerdo que me llevo de vos.

Entonces pensé en hacerlo valer. Carta por carta, fui recorriendo todos los sentimientos que se me atraviesan en el pecho con tu muerte. Una a una, fui dividiendo las cartas entre reyes, sotas, espadas, y oros. Y así fui abrazando algunas certezas: Nunca voy a saber cuál era tu comida preferida, o si sabrías tocar la guitarra, ni voy a poder sentarme a tu lado a debatir sobre el peronismo y sus devenires, o si te gustó el vino que llevé aquella visita nefasta hace varios años.

Tu partida, abuelo Guillermo, abre viejas heridas y no lo voy a negar, solamente voy a hacer lo que siempre hago: poner el cuerpo a las circunstancias y transformar este dolor en nafta. En el medio estoy yo, raspada, herida y embarrada, cortando con los dientes los últimos hilos de un puente que nunca me dejaron cruzar. Había sido que acá cerquita nomás había una red de contención hecha de hilos de colores, dispuesta a abrazar a esta malabarista.

¿Para qué seguir en la cuerda floja cuando puedo tirarme un clavado, zambullirme y bucear entre tanto amor?

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.