Foto: María Virginia Costa / Tejido: María Eugenia Kusevitsky

Por qué marcho

Marcho para decir ‪#‎NiUnaMenos‬

Porque yo casi fui una menos.

Porque cuando tenía 18 años mi pareja de ese entonces me pegó tanto que tuvo que encerrarme una semana para que nadie me viera, me llevaba comida por las noches y bolsas de hielo, y hasta me compró una base de maquillaje para tapar todo. Marcho porque en primer año de la facultad destruyó mi carpeta de recortes para que yo deje de ir. Y la rehice, y seguí estudiando como pude (como puedo).

Porque fueron 5 los años de ese infierno en el que me desdibujé y no me reconocía en el espejo. Y porque recién ahora puedo ponerlo en palabras porque me daba vergüenza, porque me sentía humillada, pero ya no más. Porque basta de ocultarlo. Marcho porque a mi lado tuve amigas que aún sin saberlo (aunque lo sospechaban) siempre estuvieron para mi.

Hoy marcho porque la idea perversa del amor romántico caló tan profundo en mi yo adolescente que no fui capaz de ver las señales de alerta, que no supe saber que yo soy mía, que el amor no es sufrir, que tengo derecho a elegir lo que me haga feliz, que el amor es amar en libertad, cada unx con sus proyectos, que los celos no son cariño y que nadie tiene derecho sobre mi cuerpo más que yo. Que mientras más libre soy, más hermosa me siento. Y que no, que la muerte no es romántica, es la nada.

Marcho porque tardé 26 años en entender que no me faltó nada, que mi familia es hermosa como es, que somos dos contra el mundo, mi vieja y yo, y que eso que yo sentía como carencia y desgarro en el alma era un mandato: “la familia es la mamá y el papá”, y que así de infantil como suena hace muchísimo daño. Y no. Marcho porque gracias al feminismo y a mis compañeras entendí que esto era así, y lo hice vida. Marcho porque en el camino fui encontrando hermanas — compañeras que son familia.

Marcho porque a mi vieja le costó todo el triple de esfuerzo por ser mujer y por ser madre “soltera” (en realidad es madre nomás) en un entorno tan machista como el de su trabajo. Marcho para que ser mamá deje de ser impedimento en los ámbitos laborales, porque a los varones nadie les pregunta si son papás para decidir si contratarlos o no. Y marcho también porque en mi trabajo somos sólo 3 mujeres y 14 varones, y las tres tenemos peores condiciones laborales que la mayoría de nuestros compañeros varones. Marcho porque hay poquísimas mujeres en los medios, menos aún en política, y cuando se nos da espacio en la radio es para decir la temperatura, el horóscopo o hablar de chimentos.

Marcho porque estoy con los ovarios hasta el piso de los tipos que siguen acosando impunemente por las calles, que te muestran la pija, que te sacan la lengua, que te miran obscenamente y te dicen todo lo que te harían. Y lo hacen porque eso los hace sentir poderosos. Marcho porque cuando era niña me gustaba mucho mirar a las personas a la cara, hasta que a los 11 años lo tuve que dejar de hacer porque los tipos me empezaron a decir cosas horribles, sólo por mirarlos. Desde entonces no miro las caras de las personas cuando camino.

Marcho para que se entienda que nosotras somos las únicas dueñas de nuestros cuerpos, y elegimos cómo nos vestimos y con quién nos desvestimos, y eso es algo que a nadie debería importarle ni debería ser tomado como parámetro de “valor”. Marcho porque es falsa de total falsedad la dicotomía entre “putas” y “santas”. Marcho porque cuando me llamé feminista recibí agravios, burlas, chicanas constantes, y discusiones permanentes que pienso sostener siempre con argumentos.

Marcho porque si algún día decido ser mamá, no quiero sentirme aterrorizada de lo que todo el sistema de salud vaya a hacer con mi cuerpo en un estado de extrema indefensión.

Marcho para que se deje de apañar a violadores, golpeadores y violentos sólo porque angau sean “buenos” en otros roles de su vida. Marcho porque lo personal es político y eso quiere decir que lo que sucede en nuestras casas, en nuestras camas y nuestras familias no es ámbito exclusivo de la intimidad, sino que da cuenta de las desigualdades que nos afectan.

Porque hay un sistema económico — el capitalismo — que se beneficia del trabajo gratuito de millones de mujeres en sus hogares, y porque son los cuerpos de las mujeres en las calles, en los barrios y en todos lados los que pagan el ajuste con su trabajo. Marcho porque me parece inconcebible e indignante que haya mujeres con doctorados que deban llegar a sus casas a lavar los platos y a preparar la ropa después de una extenuante jornada laboral.

Marcho, porque Noticias no hace una portada con Macri teniendo un orgasmo, ni quemado en una hoguera. Marcho porque el show de la cosificación permanente sigue vigente en nuestros televisores.

Marcho, porque lo más lindo que me dijeron en la vida fue “vos fuiste una influencia para mi en entender muchas cosas”. Marcho porque también una compañera fue eso para mi y me ayudó a entender cosas clave de mi vida y de la de todas.

Marcho porque es necesario, porque aún resta mucho para lograr la tan anhelada igualdad en todos los ámbitos. Marcho porque me quiero viva, libre, linda y loca. Marcho para que vivir plenamente no sea un privilegio, sino un derecho.

#NiUnaMenos ‪#‎VivasNosQueremos‬