“Inside the view” Helen Sear

Síndrome de Penélope

Fleko me mira desde su rincón de la cama con sus dos ojazos amarillos como tratando de indagar qué es lo que anda pasando ahora, mientras relame por enésima vez su pelaje negro y brilloso. Igual ella lo sabe perfectamente, por su condición felina, pero le gusta lanzarme estas miradas para que yo al menos me tome un momento y piense dónde exactamente es que me duele ahora.

Para mí es claro, porque no es nada nuevo.

¿Cómo es posible darse cuenta exactamente de qué es lo que duele y sin embargo seguir adolesciendo de lo mismo una y otra vez?

Y otra vez más.

Una ya conoce el sabor de ese dolor, sus texturas, sus pliegues, los caminos que hace el núcleo de una cada vez que aparece (no me gusta eso de mente / corazón, me parece un concepto tan pobre para explicar todo el descajete).

Y la boca se derrama de tanto sabor metálico. Y yo sé que mis colmillos están chorreando veneno y sin embargo no puedo dejar de morderme compulsivamente, en los lugares más dolorosos.

Es eso. Es, de nuevo, sentirme afuera, espectadora y nunca protagonista, indeseada, indeseable e inconveniente. Lastre y carga para la felicidad de lxs demás. Podría resumirse en: “Nadie te quiere lo suficiente”. Y es verdaderamente un problema.

Si a una no la quisiera nadie, bueno, una se acostumbra e incluso se separa de la gente que no la quiere, porque de última para que carajo querés mantener un vínculo con alguien que no te quiere. Y los mandás a todos categóricamente a la mierda mientras seguís reforzando la fortaleza de tus emociones, cada vez mejor preparadas para un escenario post apocalíptico.

Pero no, resulta que te quieren. Y de verdad, sinceramente, con franqueza y honestidad te quieren, y mucho.

Pero no lo suficiente como para empatizar con los dolores de una. O para entenderlos al menos, o para definir posibles consuelos a falta de oportunidades. Pero no.

Y es una lástima y una lección: la espera corrompe y el rumbo es responsabilidad individual.