Quisiera ser una musa.

Mata Hari (ojo del alba)
Me he dado cuenta de que en redes sociales hay mucho contenido hermoso, especialmente fotógrafos que hacen un muy buen trabajo retratando personas, específicamente mujeres. Luego me detengo en seco a observar cada foto minuciosamente, me gusta mirar cada detalle de sus rostros y compararme con ellas (pésima costumbre, lo sé), y de ahí es que surge la pregunta, esas siete palabras, ocho sílabas, veintiséis letras y seis espacios: ¿Qué tienen ellas que no tenga yo? Siempre me he preguntado cómo alguien puede inspirar emociones fuertes y hacer que otra persona quiera hacer arte basado en su persona.
A lo largo de la historia han existido y existen muchísimas musas, mujeres que han hecho cosas increíbles y que han marcado al tiempo con su cerebro, talento, gran corazón, fuerza o su belleza. Marie Curie, Mata Hari, Juana de Arco, Madre Teresa de Calcuta, Frida Kahlo, María Callas, Cleopatra y Marilyn Monroe son sólo ejemplos de la infinidad que se pueden citar.
Todas estas mujeres han inspirado al mundo, son arte y siempre lo serán, son musas. Aquí también me pregunto: ¿qué se necesita para ser como ellas?
Nunca he sido reconocida por nada, he de admitir que no soy popular, ni salgo mucho, y la cantidad de amigos que tengo en mis redes es tan extensa como la palabra «hola». Soy insegura, me trabo al hablar, no hago mucho contacto visual y en ocasiones me molesta lo que veo en el espejo. No soy la más bella del universo (de hecho tengo unas espantosas ojeras), ni tengo mucho dinero, soy frágil y testaruda, las opiniones ajenas me afectan mucho más de lo considerado «normal»; no tengo una fila de admiradores ni fotógrafos que me pidan ser su modelo, y mucho menos soy el arte de nadie. Ni siquiera tengo seguidores activos aquí en Medium, ni gente con la que interactuar y que me diga qué le parece mi contenido.
Pero adivinen qué: aún sigo queriendo ser una musa.
