Mi pequeña victoria como profesora

Soy profe recién nacida, tengo menos de 6 meses como tal. Di mil talleres pero nunca tuve el desafío de estar frente a un aula de adolescentes a punto de entrar al mundo adulto. Dos días por semana. Todo un año escolar.
No ha sido fácil. Semana de por medio quiero renunciar. Me deprime su apatía y ni hablar mi sueldo. Me cuesta encontrarle el sentido… hasta que la magia sucede: cuando los dejo crear.
Cuando los dejo crear la clase fluye. Nos organizamos, proyectamos y hasta trabajamos con conceptos y teorías (Aunque ellos no se den cuenta). Cuando los dejo crear usan sus celulares para googlear materiales, costos y competencia. Cuando los dejo crear conversan, me escuchan, se escuchan. Aprendemos.
No soy una experta en educación, se que el sistema necesita un cambio urgente, aunque no me siento con la autoridad de decir en que o como deba cambiar. Lo que sé me lo muestra la experiencia, el compartir con ellos, observarlos y escucharlos. La magia sucede cuando somos pares, cuando nos ponemos creativos e inventamos, cuando yo facilito su conocimiento y no lo impongo, las cosas salen mejor, salen sin gritos, sin “sentate y quedate quieto”, los “si te portas mal te vas afuera” desaparecen dando lugar a las palabras más lindas que escuche desde que soy profe “¿Quedan solo 20 minutos de clases? Se me paso rapidísimo”.
Sabemos que cuando el tiempo vuela es porque la pasamos bien, porque estuvimos enfocados y porque nos pareció interesante o útil en lo que estuvimos invirtiendo ese tiempo. Mi victoria como profe es haber podido dar una clase adonde el tiempo no haya sido eterno.
