Tradiciones

Vivir en un pueblito es bastante relajado, al menos, la mayoría de las veces. Los paisajes son como postales. La lluvia y la neblina te invitan a tomar un café y charlar o leer un buen libro -así es en mi pueblo-. No hay tanto ruido, no hay tanta prisa, nunca pasa nada. Reconoces a muchas personas en las calles y te enteras de algunas cosas de su vida privada, a veces se podría pensar que te enteras de demasiadas cosas, pero en fin. Mi pueblo es no solamente tranquilo sino además muy colorido, mantenemos muchas tradiciones. Tenemos fiestas patronales y aún se sirven comilonas épicas en las que se invita a todo el que quiera asistir. En estas fiestas aun se adorna con triangulitos de colores, o se hacen arcos de flores, alfombras de aserrín, etc. También hay las tradicionales danzas, como la de los Santiagos. Generalmente se respira un aire de espiritualidad campirana. Lamentablemente no hay felicidad completa. Vivir en un pequeño lugar tiene, por supuesto, sus asegunes. La espiritualidad que se respira en mi pueblo a veces es reemplazada por el deseo insano de querer asesinar a uno que otro. Las tradiciones son generalmente muy bonitas, cualquiera puede decir eso. Cualquiera que solo las vive de vez en cuando, porque cuando de los trescientos sesenta y cinco días que tiene el año al menos durante trescientos sesenta y tres te despiertas a las 5 de la mañana por un estruendoso cuete, obvio quieres matar a alguien. Y es que no echan un cuete cualquiera, lanzan soberanos cuetes que se oyen a km de distancia y yo vivo en el epicentro de las detonaciones. Eso no es lo peor, bueno si es lo peor, pero no lo único, ya que frecuentemente nuestro libre tránsito se ve afectado a pesar de ser un derecho que figura en nuestra carta magna. Constantemente vemos frustrados nuestros deseos de asistir puntualmente a nuestro lugar de trabajo porque cuando no hay un desfile motivo de una fecha histórica, entonces te encuentras con que sacaron a “pasear” a uno de los tantos santos que hay por acá y viene el mentado santo con una comitiva como de 100 personas, fieles seguidores, danzantes, banda de música, etc. Uno pensaría que es suficiente escándalo una turba de 100 gentes, disfrazados unos, cantando otros, bailando otros tantos, mientras una improvisada banda martiriza sus instrumentos, uno creería que eso es suficiente, pues no, además de todo lo anterior viene por lo menos una persona lanzando cuetes. Estas fiestas son de pueblo y vivo en un pueblo, debería estar acostumbrado, pero no, me parece una insesatez. Es lindo cuando no tenemos que trabajar, es lindo cuando podemos asistir a la celebración, es lindo cuando podemos tomar algunas fotos, fuera de eso, es horrible, es egoista, es una pésima idea. Mi pueblo tiene tres calles principales y son angostas entonces cuando hay una mentada celebración el caos vehicular es insufrible. No hay vías alternas ergo, te tienes que “chutar” todo el show. ¿Y si hay una emergencia médica? ¿y si hay enfermos en casa? ¿y si no comparto su credo? Es ridícula nuestra gente y son hipócritas y ridículas nuestras autoridades. Me explico, cómo es posible que las autoridades pasen por sobre casi todos nuestros derechos, pero no son capaces de regular estas actividades. Cómo es posible que a la fecha la gente siga perdiendo el tiempo y su dinero dándole de comer a todo el que se cruza por su camino solo por festejar un santo.

Y no sé, es bonito conservar las tradiciones sin embargo creo que debemos evolucionar y no ser tan egoistas. Después de todo, civilidad es vivir sin molestar a los demás.

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