10 cosas que aprendí viviendo sola por un año

Hace exactamente un año finalmente me mudé de la casa de mi mamá. Ha sido por mucho el año más loco de mi vida, y no lo cambiaría por nada, pero también ha sido difícil. Pensé que por estar ya a mitad de mis 20, era lo suficiente mayor para saber lo que me esperaba, por supuesto estaba muy equivocada, porque hay algunas cosas que definitivamente no se puede entender hasta que no se viven en carne propia, y por eso a esta fecha he querido hacer una compilación de las 10 cosas más importantes que he aprendido en estos 12 meses, con la esperanza de ahorrarle un par de dolores de cabeza a alguien que esté pagando la novatada.

1. La comida es siempre mucho más cara de lo que piensas, en serio. Complementa la carne con huevos y proteína vegetal, y come muchas verduras. Las pastas salvan vidas, y un buen gabinete de condimentos ayuda mucho a darle entusiasmo a los frijoles que llevas comiendo por una semana entera. Sacrifica las marcas más caras a cambio de más productos en el carrito: créeme, no necesitas ketchup marca Heinz, la marca nacional está buena. No desperdicies la comida que compras, házte el propósito de no ir a la tienda y gastar dinero en algo que puedas comer inmediatamente si tienes para cocinar en casa, cuando tengas que tirar comida que no usaste te arrepentirás.

2. Sé considerado, y tan amable como sea posible con tus vecinos/roomates. Con ellos te ves todos los días y pueden ser UNA PESADILLA SIN FIN (true story TM), o pueden ser los que te saquen de un apuro cuando te enfermes inesperadamente en medio de la noche.

3. Sé limpi@. Nada demuestra más que tienes el control de tu vida que un apartamento limpio. Siempre habrá quien te quiera visitar sin avisar, probablemente tu madre, y te sentirás mortificado si llega y el lugar parece escenario de película de terror y te da esa mirada (sí, sabes a la que me refiero), o peor, decide que ella misma va a limpiar tu baño porque huele chistoso y te hace sentir como un adulto fallido. Más importante aún, nada bueno puede salir del caos y el mugre, mereces tener ropa limpia y que huela bien, mereces tener cucharas limpias para cenar, y no tener cucarachas en la cocina, te prometo que te hará sentir mucho mejor.

4. Compra productos de aseo personal y del hogar en grandes cantidades. Estas cosas son horriblemente caras y además mucho más si compras paquetes pequeños. Trata de comprar paquetes grandes de todo para cortar el precio y aprovechar descuentos, así puedes comprar ese suavizante de ropa caro pero que hace que tus sábanas huelan como cuando tu mamá las lavaba. Además, darte cuenta de que no tienes más barras de jabón es horriblemente inconveniente cuando ya estás sin ropa en la ducha; hacer lo posible por mantener un inventario decente de estos productos te evitará salidas de urgencia a comprar papel higiénico (o peor, tampones).

5. Ahorra para el día lluvioso. Cuando se vive en la casa paterna usualmente no es el fin del mundo si se retrasa nuestro pago y tenemos que esperar unos días para compra algo que necesitamos, pero cuando vives solo y no hay nadie que se encargue de las cuentas sino tú, necesitas tener un poco de dinero guardado para cuando tu gato trague algo que no debe y enferme (las veterinarias son TAN caras), o debas reemplazar el asiento del retrete que rompiste cuando estabas ebri@ (esto puede que me haya sucedido). No importa qué tan bien manejes tu dinero, siempre habrá imprevistos, guarda unos cuantos billetes a la semana en un lugar seguro, no te arrepentirás.

6. Llama a tus papás. En serio, hazlo, no seas terrible al respecto como yo. Vivir lejos de la familia se puede sentir solitario aveces, incluso si estás rodead@ de gente con la que la pasas bien. Hablar con mamá para que te enseñe a hacer esa comida que te gusta ayudará un poco, lo prometo (alternativamente, te puedes enterar de la próxima vez que la va a preparar y así te aseguras de no perdértela).

7. Guarda los recibos. Si no tenías un hábito de llevar la contabilidad, este es el momento para comenzarlo. Necesitas saber exactamente de dónde y hacia dónde se va cada centavo cada mes. Hasta el ingreso más robusto se puede quedar corto si está mal manejado, y en cambio, un presupuesto estricto sí que nos puede ayudar a estirar ese dinero que simplemente no es el suficiente.

8. Aprende a priorizar. Este lo aprenderás sí o sí, pero este es un recordatorio gentil. Vivir solo implica muchas responsabilidades nuevas, que junto con nuestro trabajo y/o estudio pueden lograr que parezca que de repente no nos queda tiempo para nada. Tómate un momento para pensar acerca de las cosas que son prioridades para ti (en términos de tiempo, finanzas, salud, y hasta emocionalmente), y planea una nueva rutina priorizando todo lo que va a hacer que tu calidad de vida mejore, lo demás probablemente se ajustará, o no es tan importante de todas formas.

9. Cuídate. Vivir salvajemente es muy divertido, pero lo comienza a ser menos cuando ya no está mamá para que te lidie el guayabo, o te haga esa sopa que es lo único que te provoca comer cuando estás enferm@. Trata de ser más consciente con respecto a las cosas que puedan enfermarte.

10. Disfrútalo. Es verdad que por momentos puede ser abrumador, pero nada es más satisfactorio que sentirte orgullos@ de ti mism@ cuando logras mantener el barco a flote por un día más, y pocas cosas son tan agradables como tener tu propio lugar y descubrir cómo te gusta manejar tu vida y administrar tu hogar. Lo más probable es que tampoco dure tanto, y en algún momento del futuro decidas embarcarte en otra aventura incluso más descabellada, la de hacer un hogar con alguien más, así que mientras dure, disfrútalo.

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