Leer libros de autores cuestionables

Annie Spratt en unsplash

Porque Twitter es la utopía de la mojigatería, fue por supuesto el primer lugar en el que escuché acerca de una iniciativa para sabotear el lanzamiento de algún producto editorial, bajo la premisa de que el autor en cuestión era una persona de mierda y apoyar incluso del modo más indirecto su trabajo era equivalente a apoyar su cosmovisión y ayudar a promover su plataforma.

Como la ingenua persona que puedo ser en ocasiones, lo encontré perfectamente razonable, con seguridad alguien que profesa mensajes de odio no puede siquiera producir un producto de calidad. Por supuesto después de unos cinco minutos me di cuenta de lo absurdo que era porque muchos de mis libros favoritos fueron escritos por personas que eran o son más o menos una mierda, ¿y afectó eso su calidad? La verdad es que no, y de hecho (y esto puede que no siente bien), creo que hay mucho que sacar de leer libros escritos por gente de mierda.

Uno de mis libros favoritos es El Juego de Ender por Orson Scott Card. Lo amo porque habla de la muy peligrosa tendencia humana a sentirse amenazado y recurrir al odio y la violencia cuando nos enfrentamos a cosas que no podemos comprender, y cómo usualmente esa tendencia termina causando el sufrimiento y opresión de aquellos diferentes a nosotros aunque sean por completo inofensivos. Le recomiendo este libro a todo el mundo. Imaginen mi sorpresa cuando me enteré de que Card es histéricamente homofóbico. Qué irónico, su libro es un ensayo acerca de las falencias de nuestra condición humana y según mi opinión, una invitación a tratar de ser mejores, a no dejarnos dominar por el temor y la violencia cuando nos enfrentamos a lo desconocido, y sin embargo Ender muestra mucha más compasión por unas hormigas alienígenas en esteroides de lo que Card muestra a sus coterráneos. Y no es el único que cae presa de tal hipocresía.

Tolkien es el responsable por darnos uno de los trabajos más hermosos y complejos en lo que concierne a la literatura fantástica, una historia en la que el valor, la honradez y la bondad son recompensados a cada paso, y sin embargo, su racismo es evidente y casi explícito en su trabajo. Es mismo es el caso de Lovecraft, uno de los más grandes exponentes de la literatura de terror, pero también incómodamente racista.

La prosa de Milan Kundera le habla a mi alma, pero su sexismo indiscriminado se vuelve bastante cansino de leer después de unos cuantos libros. Lewis Caroll nos dio Alicia en el País de las Maravillas, pero hay varias teorías escabrosas respecto a su relación con las niñas que usaba de inspiración para su trabajo. Y no hablemos de Rowling, cuyo trabajo es responsable de hacer leer a los niños de mi generación y responsable de haberme hecho considerar una carrera en el medio editorial por primera vez cuando sólo era una niña, cuyo trabajo es fuerte en lecciones morales y asuntos sociales, todas cosas a las que no se les puede dar la espalda, pero que también es notable por la problemática representación de la homosexualidad en ese mismo trabajo que amo tanto, y que se ha hecho popular en Twitter por su marcada tendencia a hacer comentarios cuestionables en asuntos de género, sólo para borrar los tweets una vez ha enardecido a suficientes de sus seguidores.

Paolo Nicolello en unsplash

¿Así que qué sacamos de leer estos libros? Creo que mucho. Leer buenos libros escritos por malas personas, o personas con las que tenemos diferencias morales irreconciliables, es sobrecogedor. Admirar la complejidad, belleza o valor educativo de alguna obra mientras somos conscientes de las cosas que están muy mal con sus autores, debería ser un ejercicio en humildad e introspección para todos, especialmente para aquellos que queremos ser escritores. Es un necesario recordatorio de que somos producto de nuestro contexto histórico, de que el talento es una cualidad independiente a otras, y que no sólo seremos recordados por nuestro trabajo, sino también por nuestras cualidades como individuos, es un mensaje útil que no viene mal recibir de vez en cuando, y que con suerte nos hará examinarnos a nosotros mismos, nuestras acciones y nuestro trabajo de un modo mucho más honesto.

Por supuesto que no todos los libros escritos por personas terribles son dignos de un espacio en nuestras repisas, claro, hay libros que no tienen redención posible. Libros cuyos autores usan para plasmar todas sus creencias y que son una condensación de todo lo que no nos representa o es peligroso para nosotros. Mein Kampf podría ser un buen ejemplo de esto. Aunque ciertamente no creo que este tipo de trabajos merezcan un lugar en nuestros libreros, aún pienso que vale la pena leerlos, porque estos nos ofrecen una perspectiva que pocas otras fuentes pueden darnos. De la misma manera en la que un mal libro nos recuerda cómo es que no luce la buena literatura, un libro con un contenido irredimible puede recordarnos cómo luce la intolerancia en su faceta más íntima; cómo es sutil y en ocasiones se disfraza de buenas intenciones, cordialidad y sentido común. Una obra cuyo contenido sea enteramente formado de mensajes peligrosos debe recordarnos qué tipo de persona no queremos ser, qué tipo de trabajo no queremos producir.}

Es cierto que nunca es agradable llevarse la sorpresa de que alguien cuyo trabajo admiras es una persona con la que no querrías ni cruzarte en la calle, pero a veces es inevitable que el trabajo de individuos así llegue a nuestras manos y creemos un vínculo antes de darnos cuenta de su origen, y como todo en la vida, podemos mortificarnos, o tratar de encontrarle el lado bueno, yo elijo tomarlo como una oportunidad de aprendizaje.

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