Sólo haz tu trabajo…

Aquí estamos de vuelta para entregar una opinión personalísima sobre algo que ha sucedido últimamente en los trabajos de muchos compañeros, amigos y familiares (obvio no el mio porque acá somos un equipo de altisísimo impacto) quienes me han escrito para comentarme sus inquietudes y dificultades y ahora con gusto me atrevo a escribir las siguientes líneas. Por supuesto y como bien decía mi abuelita y cito — “Nadie escarmienta en cabeza ajena” — o lo que es lo mismo, tómenlo como una reflexión y no dejen que les suceda a ustedes.

Resulta que hace algunos días (15 para ser exacto y preciso) el Señor “Q” (quien por cierto nos pidió extrema confidencialidad en su verdadera identidad) acudió a una “prestigiosa” Agencia de Autos a comprar un vehículo nuevo — el tipo pensaba que ya tenía algunos años con su auto y consideró que era buen momento para cambiarlo por uno nuevo — esta venta, podría pensarse es de esas que se denominan como “gratis” pues estaba el Sr. Q dispuesto al 100% a comprar un vehículo, pasara lo que pasara, vamos, el vendedor sólo tenía que definir el color del coche, el trato estaba más que hecho. Así pues el vendedor, ofreció al Sr. Q agua embotellada, un agradable asiento, una cálida sonrisa de bienvenida, rió con un par de chascarrillos e incluso mostró un gran interés por la familia del futuro y sencillo comprador que le acaba de caer.

El ahora denominado (se molestan si les dicen vendedores) “Asesor Financiero” se desvivía por ofrecer al Sr. Q hasta el más mínimo detalle de hospitalidad y empatía posible de modo que su nuevo cliente y amigo saliera totalmente satisfecho de su compra de su vehículo. Luego de algunos minutos el Sr. Q — hasta ese momento contento — firmó el trato aceptando que la entrega del vehículo sería en un plazo no mayor a cuatro días…

Los días pasaron y al llegar el día acordado el vendedor se comunico con el Sr. Q para decirle que “había un pequeño detalle” y que no podría entregarle el vehículo, atribuyó que estaba fuera de su control y que “desafortunadamente” dado que se atravesaba el fin de semana tendría que esperar un par de días más. El Sr. Q, quien además es un tipo muy mesurado y ecuánime acotó solo a mentarle su madre y esperar la nueva fecha de entrega… para hacerles el cuento cortito, a la fecha, el Sr. Q sigue esperando que le entreguen su vehículo.

La moraleja de esta anécdota de la vida real, tiene que ver con lo que en muchas organizaciones se esmeran a muy alto nivel, y es que cada uno de sus integrantes tenga un desempeño extraordinario y olvidan lo verdaderamente importante: ¡que la gente haga sólo su trabajo!

Y espero que no se mal entienda, por supuesto que es importante que la gente sea amable y empática en su trabajo, pero creo no debe ser el objetivo principal de sus funciones. El primer principio es tan sencillo como sólo hacer tu trabajo, el que sea, si te pagan por limpiar vidrios, ¡déjalos limpios! no los rayes, no dejes marcas de jabón, si tu trabajo es generar reportes, hazlos y entrégalos a tiempo, después y si puedes dales estilo, adórnalos, es más, emite alguna recomendación, pero no olvides tu primera función ¡hacer tu trabajo!

Un caso muy curioso me viene a la mente con un personaje que puedo decir honestamente y con mucha sinceridad que cumple con esta regla, el Mesero S, (por obvias razones no diré su nombre ni donde trabaja) este sujeto, y lo puedo asegurar, no tiene la más mínima idea de lo que es ser empático con los clientes, en todos mis años que he asistido a este restaurante jamás lo he visto sonreír, enojarse o frustrarse, cualquiera diría que es una piedra, un tempano de hielo enfundado en un traje de mesero, eso sí, ¡es excelente en su trabajo! Los platillos siempre llegan calientes, a tiempo, en buen estado, recoge de inmediato los platos sucios y sin chistar y en un santiamén no solo es capaz de calcular la cuenta, también la deja en la mesa para que pases a pagarla. Podría incluso decir que por más veces que le he dicho “gracias” por el servicio, lo más que ha hecho ha sido parpadear un par de veces (lo que también me lleva a pensar si puede hablar… digo… que tal que no tiene lengua o algo). En fin, el punto aquí es que este sujeto, el Mesero S, entiende perfectamente, lo que tiene que hacer y lo hace excelentemente.

Mi conclusión (y me gustaría que ustedes crearan la suya) se centra en lo ya comentado, ¡hagamos nuestro trabajo y nada más! y eso nos ayudará posteriormente a ser excelentísimos, a dar ese 101% que tanto se busca en las organizaciones. No busquemos primero ser excelentes para terminar dando malos resultados o excusas que al final decepcionan a todos.

¡Nos vemos en la próxima!

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