El culto al bug

Cada semana, Kotaku cuelga en su web un nuevo episodio de Highlight Reel, un videoblog que muestra las situaciones más cómicas que los jugadores se han encontrado o han protagonizado mientras jugaban. Si bien el 40% de dichos episodios son producto de la habilidad del jugador y/o el azar, el 60% restante está protagonizado por bugs, graciosos, por supuesto, pero bugs al fin y al cabo.

Creo que es importante no olvidar que los bugs son errores, errores con los que nos encontramos porque alguien no ha hecho bien su trabajo, ya sea escribiendo código, diseñando un nivel o testeando pobremente la casuística que rodea a una situación dentro del juego. Como programador de aplicaciones os puedo decir que todas estas tareas no son fáciles, y su complejidad aumenta casi exponencialmente a medida que el juego pretende parecerse más y más a un entorno real tanto gráfica como contextualmente.

Pero ver cómo un personaje que nos pretende asesinar se queda enganchado entre dos cajas de madera o sale disparado hacia el cielo sin aparente intención de detenerse hace gracia. Es una ruptura total del jugador con la historia y el entorno del título, un amable e indeseado recordatorio de que, efectivamente, estamos jugando a un videojuego. Es el celudoide quemado que se proyectaba en la pantalla del cine y hacía a la gente girar la cabeza indignada hacia la cabina de proyección pensando en el dinero que habían desembolsado por su entrada.

Pero ahora la cosa se maneja de otra manera. Los bugs parecen ser objeto de deseo. Los jugadores que acceden a la beta del último gran AAA en boca de todos parecen tener el botón de grabación siempre a mano. Desean descubrir ese gran fallo, ese nuevo “Caras de Assassin’s Creed Unity” que les permita ser el primer consumidor que denuncie la incompetencia de Ubisoft, EA, Bethesda o quien toque. Y esto es maravilloso y un síntoma de que cumplimos con nuestra parte como consumidores, pero siento que la cosa está mutando hacia otras formas y creo que las distribuidoras lo saben.

Corregir los fallos de un juego, sea en la plataforma que sea, ya no es la tarea imposible de hace unos años. Hace unos meses Ron Gilbert escribió un fantástico artículo sobre la última fase del lanzamiento de Monkey Island. En él dejó patente el hecho de que un bug a esas alturas podría ser la peor noticia posible, retrasando en semanas el lanzamiento de un juego. Internet acabó con este problem pero nos dió otro: los lanzamientos inacabados plagados de los mencionados bugs.

Hay una cosa segura en los bugs de un juego AAA: van a ser noticia. Reddit se convirtió en un hervidero de gifs mostrando bugs durante las primeras semanas tras el lanzamiento de Fallout 4, y lo mismo ocurrió con las dos últimas entregas de Assassin’s Creed. La gente ya espera contemplar la colección de bugs que alegrarán sus corazones por no haber comprado aún el juego en cuestión o les incitará a reírse cínicamente de los que sí lo hicieron. Sea cual sea la razón, tendrán y ayudarán a tener ese juego en consideración y expandirán la campaña de marketing a otros niveles inesperados, de gratis.

Las grandes distribuidoras no han amasado grandes fortunas siendo idiotas ni incompetentes. Toda publicidad vale con tal de que el público objetivo mantenga en un recóndito espacio de sus cabezas el último título que ha sido lanzado y alcanza lo más alto en las listas de ventas, a pesar de los bugs. Es por esto que no estoy totalmente cómodo con este ensalzamiento del bug, este culto cuya línea divisoria baila entre la denuncia social, el puro ensalzamiento personal y el marketing barato.

Soy de los que se ríe con Highlight Reel cada semana, tal vez sea porque no soy de los que compra de primeras los juegos que muestra, pero aunque así fuera y me encontrara con mi personaje de Fallout 4 hablando con un NPC mientras este es aplastado por los restos de una inesperada explosión, seguramente se me escaparía una mirada de incredulidad y alguna sonrisa mientras espero procesar lo que ha ocurrido.

Tal vez el hecho de grabar la escena y compartirla con el resto de mundo ayude a este proceso y por eso el culto al bug se asienta cada vez más, por desgracia.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Roberto Pastor’s story.