Caras y Caretas…

Un día conocí a una persona con parálisis facial. Joven, hermos@, llen@ de vida; pero con la incapacidad de física de que su rostro muestre sus emociones. Ante la tristeza más lacerante o el chiste más ocurrente su rostro permanecía invariable. Hasta ese momento no había tenido conciencia de que la expresión de una persona es como la ventana del alma, nos permite en un instante conocer su estado de ánimo. Con gestos faciales nos comunicamos, nos expresamos e interactuamos con nuestros pares.

La vida adulta nos fuerza a que nuestro rostro diga lo que tiene que decir de acuerdo al momento apropiado. Debe mostrarse adusto, reflexivo e inteligente en ambientes laborales; piola, chistoso y ocurrente con nuestros amigos; afectuoso, tierno y compresivo con los afectos. Eso es el ‘deber ser’, esa especie de normas colectivas e imaginarias de ética y conducta.

A veces nos falla el software de cara, mostramos nuestro peor rostro a los que mas nos quieren y nos obstinamos en resultar agradables con quienes mucho no interesa. Sinsabores de la vida, que los hay los hay, más cada día hay que encarar, poniendo nuestra mejor cara.