De tacheros
Consejos para viajar en taxi y no morir en el intento
Que alguien que vive en Santa Rosa, Provincia de La Pampa pueda contar tres o cuatro historias sobre taxistas no es algo menor, me siento una especie de Bilbo Bolsón en el mundo hobbit (sería una especie de hobbit latinoamericano, mas precisamente guaraní). Por la introducción a este relato, pareciera que en el mismo voy a presumir de mis viajes, cosa que nunca me gustó pero que a la vez no puedo dejar de hacer (no puedo dejar de presumir, ni de viajar…).
Primera Historia: Buenos Aires. Argentina. Como no podía ser de otra forma arrancamos con el campeón mundial del tachero, el tachero porteño. En mis épocas de novel profesional, la empresa en la trabajaba tenía pretensiones de innovación, pensamos en desarrollar algo con código de barras y ahí fui yo a capacitarme en el tema. Como todo provinciano que va en viaje de negocios/trabajo a la Capital hacía de cadete y realizaba trámites extras a mi cometido principal, así que iba cargado como un equeco. Me bajo en Retiro, camino hasta la parada de taxi y tomo el primero que me levanta. “Hotel Plaza Roma, en el bajo, enfrente del Luna Park” le dije como todo pajuerano que intenta hacerle notar al taxista que uno tiene más calle que Horacio Pagani. El taxista en el instante en que me ve se da cuenta que sino es la primera vez que voy solo a la ciudad, será la segunda. Yo me acomodo en el asiento de atrás con todos los bártulos que llevaba para mi gran estadía de 14 horas en la ciudad. Que hizo este buen hombre…. Al llegar al hotel me estacionó en doble fila, entre un mar de autos que pasaban y me apuró diciendome “Bájese ahora”. Con la torpeza que me caracteriza y queriendo actuar rápido (cosa que me es prácticamente imposible) junté todas mis cosas, le pagué con un billete de 100$ (pesos cien), recibí el vuelto el cual era un bollo de billetes y me bajé haciendo equilibrio entre los autos con mis cosas. Yo me sentía como Keanu Reeves en ‘the matrix’, aunque me vería como Mr. Bean. Cuando entro al hotel y acomodo los billetes que me había dado… El que supuestamente era de 50$ era como 2 centímetros más corto y uno más angosto que el resto, parecía un billete de cotillón. Un fuerte golpe a la autoestima de alguien que presume (si, más que un relato de tacheros esto es una sesión de psicoanálisis) de identificar billetes falsos, habilidad obtenida en primer trabajo donde la pava y el mate eran sacrificados bajo las ruedas de un autoelevador regularmente (para más información leer ‘Harinas de Oficina’). Les diré que estamos hablando del año 2004, cuando $50 era mucha plata, por lo menos para mí. Consejo: en un taxi en Buenos Aires uno debe ir alerta a TODO, siempre debe hacer valer que el cliente es uno, debe bajarse en un lugar seguro y controlar el vuelto.
Melbourne. Australia. Septiembre de 2007 me encontró en Melbourne, viaje de negocios o algo así. Tuvimos (fui con dos amigos) tanta suerte que en la misma fecha que estábamos en la ciudad se disputó un amistoso internacional entre Argentina y Australia. Allá vamos!!! Caminando? No, en taxi. En el taxi nos subimos 4 personas, mis dos amigos, un compañero ocasional y yo. El compañero ocasional un hombre de unos 65 años que había ido con nosotros al mismo evento y que había viajado mucho por lo que nos contaba. El me dijo una de las máxima que todo viajero debe conocer, ‘Lo primero que uno debe saber cuando llega a una ciudad grande es como funciona el transporte público, generalmente más barato y eficiente que cualquier otro’, tenía la teoría pero no la práctica porque se subió al taxi con nosotros. Pedimos el taxi en el hotel, llega y arriba los cuatro. El chofer un hindú, bien como Apu de The Simpsons, lo cual es lo usual porque ahí todos los taxistas son hindúes. La entrada la habíamos sacado por teléfono y se retiraba con la tarjeta de crédito en mano, 1 hora antes del partido en el estadio. En mi fluído inglés con acento del barrio butaló le manifiesto al taxista que vamos a donde se juega el partido de fútbol (soccer) Argentina-Australia, que es el estadio MCG (Melbourne Cricket Garden). Estadio que se podía ver desde la pieza del hotel y estaría a unas 30/40 cuadras del mismo, cuadras que no quisimos caminar. Otra enseñanza invalorable “si puede llegar caminando, vaya caminando”. Acá es donde el Hindú se pone porfiado y me dice, ya en camino, que el estadio donde se juega el partido es el Telstra Dome, que en el MCG solo se juega cricket. Consulto a mis compañeros, ellos me dicen que era en el MCG, le vuelvo a decir al hindú y me repite todo el camino lo mismo ‘MCG Cricket. Telstra Dome Soccer’, ya medio caliente el hindú. Se pasa el tiempo y viajamos unos 20 minutos de autopista y nos baja en el estadio (en el Telstra Dome), pagamos y se va. Justo nos deja a metros de una oficina de ticketmaster, mostramos la tarjeta de crédito, los pasaportes y nos imprimen las entradas. Faltaba una hora para el partido y no había nadie… ‘Lo que es el primer mundo’ decíamos, en Argentina tenés que ir 3 horas antes a la cancha. Como nos quedaba tiempo nos pusimos a pasear en el shopping del estadio, al medio del centro comercial un ventanal gigante que da al verde césped, lo miramos asombrados, era hermoso. Luego de estar un rato contemplándolo sorprendidos uno dice ‘Pero no pusieron los arcos todavía y falta menos de una hora para el partido!’, luego yo con mi perspicacia habitual (ironía) les digo ‘Tampoco está marcada la cancha’. Miramos las entradas y efectivamente decían que el partido era en el MCG, el hindú porfiado nos había llevado al estadio equivocado. A partir de ahí las mil y una peripecias para conseguir otro taxi que nos llevará al otro estadio. Lo conseguimos hablando por teléfono (con un público) con una central de taxis, que nos envió un coche rapidísimo, ahí estuvimos de suerte. Llegamos bien, disfrutamos del partido que ganó Argentina 1 a 0, gol de Demichelis.Consejo: En un taxi siempre hay que ir alerta de todo, confíe en su instinto, las cuatro personas estábamos convencidos de que el hindú nos llevaba por el mal camino y nos dejamos llevar. Antes de subirse al taxi, no tenga dudas de su destino, esto es fundamental.
Distrito Federal. México. En marzo de 2013 viaje a México con 5 personas más. Acompañando a maestrandos de la Facultad que habían ganado la instancia nacional de un concurso de simulación de negocios e iban por la gloria (Mauri Villa, Cali Prósperi, Gustavo Sabarots y familias). Luego de la exitosa participación en la competencia nos quedaron unos días libres hasta el vuelo. Yo me fui a un hostel enfrente del Zócalo (como si fuera la Plaza de Mayo Mexicana) y el resto de la delegación se fue a un hotel tipo apart muy lindo, en el barrio de Santa Fé, zona financiera del Distrito Federal. Estuvimos un par de días haciendo actividades juntos y durmiendo en lugares separados, hasta que para economizar tiempos de coordinación decidimos que yo me mudara al hotel de ellos. El Apart de ellos se llamaba The Place Corporate Rentals y estaba en la Avenida Prolongación Paseo de la Reforma 2742, de aquí en más nos referiremos a esta dirección como “Prolongación Reforma 2742”. Yo tenía información previa que el lugar no era de fácil acceso, ellos habían tenido un par de historias con taxistas que no encontraban “Prolongación Reforma 2742”. Una de estas historias que les pasó es especialmente descriptiva de los tacheros mexicanos y la influencia que creo tienen los cárteles de narcotráfico en las prácticas habituales de los mismos. Paso a narrar una historia que no viví directamente pero que introduce a la mía. Se suben a un taxi los 5 y le dicen al tachero que van a “Prolongación Reforma 2742”, Barrio de Santa Fe. El tachero sale manejando y llama a la central consultando por la dirección (en general no vi ningún taxista mexicano que haya descubierto el GPS) desde la Central le dicen con el clásico cantito mexicano como entre resfriado y arrastrando el medio de las palabras:
- “Conocés la calle Paseo de la Reforma?”
El tachero contesta:
- X2
- “Bueno sigues por Reforma hasta la Salida a Toluca, la conocés?”
- X3
- “Conocés el Puente de la ConaFrut?”
- X3
- “Llegando a Santa Fé, ubicás el edificio IBM?”
- X3
A lo que el frustrado operador de central de taxis ante tantos X3 del chofer le respondió:
- Ay ay ay caraaaayyyyy!!!
Como diciéndole no conocés nada manitoooooo. Para el lector desprevenido, el taxista y el operador de central tenían un código pseudomafioso (X2=si X3=no) para que los pasajeros no advirtieran que el taxista no tenía ni la mínima idea a donde iba.
Con esta historia en mi mente salí del hostel en el que me hospedaba buscando un taxi que me lleve hasta la ya ahora famosa “Prolongación Reforma 2742”. Con mi curiosidad habitual quise tomar un taxi de los que paran en el Zócalo en frente al hostel, que tienen la particularidad de que son todos coches Nissan Tiida propulsados a energía eléctrica, son 5 unidades en todo el Distrito Federal. Antes de subirme hablo con el taxista y le consulto sobre si conoce mi destino “Prolongación Reforma 2742”. Me dice que si, medio agrandado y partimos. En 45 minutos llegamos, costo estimado 280$ mexicanos. Las primeras impresiones en el auto eléctrico son muy buenas, al contrario de lo que yo pensaba tiene muy buena aceleración, te pega al asiento la inercia cuando acelera. El taxista me va contando como funciona… Que yo era el último viaje del día, que le queda el 38% de carga al auto, que el auto se carga de noche al 100% cuando le sacan el pack de baterías, que los cargadores que se ven en la parada tienen muy poco poder de recarga, etc. Le pregunto si alguna vez se quedó sin carga, me contesta que le pasó y que desde la central mandan una camioneta que lo remolca. Mientras maneja hace un llamado y le avisa a un amigo que lo espere una hora, que va a cenar con él pero que tomó un buen viaje sobre la hora de cierre (trabajan hasta las 17hs). Pasa el tiempo y la charla mientras vamos por Paseo de la Reforma, hermosa avenida del Distrito Federal, empieza a oscurecer. Le recuerdo la dirección, le doy la referencia que me habían dado mis compañeros que supuestamente era la llave para encontrar el lugar “entre el edificio de Roche e IBM” y seguimos en nuestra amena charla. Ya con el tiempo cumplido la noche había abrazado al DF, en ese momento vi las primeras señas de dudas en el conductor, íbamos ahora por una autopista con grandes edificios a ambos lados. Le pregunto que pasa y me dice: “Pasamos el Shopping Santa Fe” a lo que respondo “Entonces nos pasamos, Prolongación Reforma se toma antes que el Shopping Santa Fe”, dato este que también había recabado anteriormente. El chofer duda, toma una salida en la autopista, volvemos en sentido contrario y retomamos otra vez la autopista, transcurren 3 o 4 minutos de viaje y otra vez el Shopping Santa Fe, nos habíamos vuelto a pasar. El chofer se pone nervioso y repetía como entre dientes, en voz baja “Prolongación Reforma, Prolongación Reforma, Prolongación Reforma…”. Repite el mismo camino erróneo 2 o 3 veces más, se pone muy nervioso, en una de esas vueltas me dice “Nos estamos quedando sin carga eléctrica”, miro el marcador 19%. Vuelve a equivocar el camino una vez más, pasa el tiempo y ya hace casi 2 horas que estoy arriba del taxi, el porcentaje de carga baja lentamente. Le digo “Esta claro que usted no sabe donde esta Prolongación Reforma, pare y llame a la Central”. Me hace caso, para, habla con alguien en la Central que tampoco está muy seguro a donde vamos, le da unas indicaciones y volvemos a probar. Como ya se imaginarán no encontramos el camino y la carga sigue bajando… En un momento le digo, no tiene un GPS, me dice “Tengo pero no se usarlo, pruebe usted” y me da un iphone 5 flamante con el cual no sabía ni realizar una llamada. Yo ya estoy muy nervioso también, llevamos a esta altura como 2 horas y media en el taxi y menos del 10% de carga. Yo mientras sufría e intentaba por un lado calmar al taxista, ubicarme con el iphone 5 (nunca había manejado un teléfono de apple) y encontrar el camino. A la vez, por un grupo de whatsapp me comunicaba con mis compañeros que iban opinando e intentaban guiarme. En una de tantas vueltas por una autopista, miro para abajo y como en un piso inferior al lado de otra autopista veo a mis compañeros en la vereda. Fue uno de los peores momentos porque estaba viendo a donde tenía ir, pero la maraña de rulos, retomes, vueltas, idas y venidas en la autopista me hacían pensar que era imposible que mi amigo taxista y yo llegáramos al lugar que estaba viendo y lo peor de todo era que la carga eléctrica ya era el 5%. En ese momento pensaba que nos quedábamos en el medio de una autopista del DF, de noche, con un taxista nervioso que con mucha impotencia me echaba la culpa a mi que no encontráramos “Prolongación Reforma” cuando yo le había aclarado que el lugar no era de fácil acceso y él me había asegurado que conocía el camino. Y en ese momento me suena el teléfono, era la salvación, Mónica Sabarots (Hermana de Gustavo, uno de mis compañeros) quien hace varios años vive en el DF había llegado a visitar a su hermano, su cuñada y a su hermosa sobrina. Le paso el teléfono al taxista y ella lo va guiando hasta el lugar. Llegamos con el 2% de carga después de un viaje de poco más de 3 horas. El taxista me quiere cobrar lo que decía el marcador 740$ mexicanos (cuando el estimado era 280$) y terminamos arreglando en $400. Pasé una de las situaciones más tensas de mi vida. Consejo: Vaya a lo seguro. Cuando de su seguridad se trata las innovaciones pueden traer complicaciones extras.
Para cerrar este relato en forma Dolinesca, les dejo un gran tango de Ferrer y Piazzolla interpretado por el Polaco Goyeneche que en los versos de su introducción dice “Una banderita de taxi libre en cada mano”. A último momento me incliné por este tema, lo más normal hubiera sido cerrar con Arjona y “que es lo que hace un taxista seduciendo a la vida”, pero también presumo de en ciertas ocasiones no hacer cosas muy normales.