El fin del mundo y la pokebola

El ser humano ha estado obsesionado desde tiempos inmemoriales sobre el fin del mundo, fin en términos de finalización de la existencia humana, no de finalidad por la cual este existe.

Se han creado diversas teorías sobre un supuesto apocalipsis, desde las distintas ramas de la ciencia, la religión, la literatura, etc. En algunas de ellas, la especie humana participa activamente en su propia extinción y en otras, tiene poco o nada que ver, la vida se termina por un hecho fortuito. Dentro de este tipo estaría la que postula que podría generarse algún evento cósmico, como la caída de un meteorito de dimensiones, que genere una gigante nube de polvo que tape por mucho tiempo la luz del sol y acabe con cualquier forma de vida. Hay también quienes postulan que otros tipos de fenómenos cósmicos incontrolables (por lo menos en el estado actual de evolución) terminarán con la vida en nuestro planeta.

Hay otro conjunto de posibles causas en las cuales tendríamos como especie responsabilidad directa. La mas destacable dentro de estas, es la guerra. Una guerra de tipo nuclear global implicaría la destrucción de la vida en el planeta. Esta idea, redefinió las relaciones internacionales post segunda guerra mundial, con la llamada “Destrucción Mutua Asegurada” entre las potencias mundiales de post guerra. También con influencia humana, tenemos todas las previsiones ecologistas que analizan el impacto negativo del hombre en el ecosistema mundial y las consecuencias trágicas de este. Estas incluyen la escasez de los recursos naturales imprescindibles para la vida como son agua, aire, flora, fauna, etc.

Por otro lado tenemos la prospectiva sobre el impacto negativo que la tecnología tiene sobre la vida. Este ha sido plasmado en el cine por películas como Terminator o Matrix. En ambos casos, el ser humano es dominado por una creación propia como son las máquinas con inteligencia artificial. Máquinas que en su gran capacidad de procesamiento y programadas por algún humano con poco de ética, en pos del cumplimiento de esas órdenes dogmáticas recibidas destruyen la vida. Este temor, que ya tiene muchos años, llevó a Isaac Asimov a plantear las 3 leyes de la robótica:

1) Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
2) Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.
3) Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.

Está claro, que el miedo se funda en la acción u omisión de las máquinas y sus efectos en la salud humana.

Inspirada en la reciente masificación de PokemonGo, aventuro agregar una nueva amenaza. El fin del mundo basado en la estupidez humana y la desmedida atracción que tenemos por los dispositivos electrónicos de uso masivo. Olvídense de dantescas catástrofes, de poderosos fenómenos climáticos, de inescrupulosas personas que con fines egoístas desatan trágicas guerras. Acá nos morimos todos por pelotudos. Seguramente algún flaco o alguna piba de inteligencia superior creará una aplicación para celular, para lentes de realidad aumentada o para el dispositivo que esté de moda en ese momento y todos caeremos viciosa y tristemente en la dependencia de esa aplicación. Primero dejaremos las actividades de tiempo libre, luego de trabajar, de comer y por último de respirar, sumidos en el vicio de esa aplicación viral. Lo harán desde los menores hasta los adultos mayores, de todas las clases sociales y poderes adquisitivos. Y así será el fin del mundo, sin violencia, ni catástrofes, millones de personas que dan su último suspiro con un celular en la mano.

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