Ensalada de Frutas Agridulce

Recordar a mi abuela Elsa en un día como este (aniversario de su fallecimiento) siempre es revolver una gran preparación agridulce. Sentimientos misturados alegría, orgullo, tristeza, bronca, añoranzas de un tiempo donde en mi vida había menos certezas y mas sueños.

Hoy prefiero recordarla con un momento, con una historia…

“Elsa Esther Uranga había nacido el 24 de noviembre de 1931, en el Parque Luro. Una infancia que recordaba siempre haber vivido con felicidad y con cierta responsabilidad por ser la mayor de las mujeres. Un vida, con alegrías y dolores, una viudez temprana y el trabajo duro para criar los hijos, los nietos, etc. La década de 1980 fueron años bravos para su salud, varios achaques, operaciones, el cuerpo que se cobraba los madrugones para coser, lavar, las noches en vela cuidando enfermos o de estudio en la escuela de enfermería. Dentro de las operaciones tuvo un total de 3 en los ojos, como resultado de esas intervenciones (lejos de ser las modernas técnicas con “laser”) quedó con la vista bastante disminuida. Pero a partir de esa época, ya jubilada, con la salud estable, fueron años donde todos la disfrutamos mucho. Con su sabiduría, su rigidez en algunas cuestiones y su mano para la cocina.

La semana se orquestaba en torno al almuerzo de domingo, en su casa, con su entorno más cercano, sus dos hijos, nuera y nietos. Ella elegía el menú, adaptado a los gustos y necesidades de todos los comensales. Cuando hablaba de sus finanzas, decía que tenía muchos “gastos”, que gastaba mucho en remedios y en el almuerzo del domingo.

Preparaba entrada, plato principal y postre. En las entradas se destacaban la lengua la vinagreta y el matambre arrollado, el principal generalmente pollo, carne o ñoquis; y de postre flan o ensalada de frutas. Y fue una ensalada de frutas la fuente de inspiración de estas líneas.

Terminando el almuerzo de un domingo cualquiera, fue hasta la cocina y apareció en el comedor con una sencilla fuente de ensalada de frutas. La sirvió como regularmente lo hacía, primero a mí, luego a mi tío y después al resto. Cuando miré esa compotera de ensalada de frutas, con perplejidad noté que entre las bananas, manzanas, naranjas y kiwis, flotaban graciosos… unos cuantos tomates cherrys. Mi tío lo advirtió también y entre las risas que nos generó, le hicimos notar la particularidad de la ensalada de ese domingo y ella sorprendida, medio avergonzada pero firme dijo -“Esas son cerezas, así me las vendieron”. Se hizo un silencio y todo el mundo siguió comiendo la ensalada de frutas con tomates cherrys, que por cierto estaba deliciosa.”

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