CONTACTO CON LA MUERTE

En nuestro medio constantemente nos encontramos con la muerte…
El día de hoy terminamos la consulta con el caso de una paciente que hospitalizamos hace poco con el diagnóstico de una supuesta colecitistis aguda litiásica (piedras en la vesícula), que terminó siendo cáncer vesicular. Nuestra paciente, que por fines de confidencialidad llamaremos Juanita tiene una gran fortuna: tiene mas de 70 años de edad, su familia la ama inmensamente, no tiene dolor y su recuperación después de la cirugía ha sido adecuada.
Yo esperaba ver a Juanita en consulta y saludarla con toda naturalidad, preguntarle como se ha sentido y que novedades tenía… En su lugar encontré que mi paciente no estaba en la sala de espera, solo su hija y su yerno: acudían a aclarar algunas dudas y platicar con nosotros con respecto al torbellino emocional que están experimentando
Al charlar con ellos recordé lo que significa tener un familiar con un diagnóstico terminal (hace ya varios años falleció, debido a cáncer pancreático, un familiar muy cercano a mí): Volví a experimentar el sufrimiento, el desgaste, la ansiedad, la impotencia y la vulnerabilidad que una enfermedad así ocasiona en los familiares.
Esta noche reviví, de manera indirecta, las dudas que tuve en aquella ocasión: ¿en que situaciones los familiares debemos ocultar, si es que está permitido, el diagnóstico al enfermo? ¿cómo se platica este tema con el afectado? ¿cómo saber la reacción que tendrá cuando se entere? ¿el enfermo presiente la existencia de una enfermedad de este tipo?.
Recordé también que la cercanía con la muerte nos obliga a establecer prioridades en nuestra vida: si mañana no despertara, ¿de que me habría arrepentido?, ¿con quien hubiera deseado pasar mas tiempo? ¿qué conversaciones me habría gustado tener? ¿qué palabras hubiera querido pronunciar?. Regresé a casa deseando ver a mi familia y decirles que los amo inmensamente y que soy afortunado por ser parte de sus vidas.
Si ustedes murieran mañana, ¿qué habrían hecho diferente hoy?
