Hatred y la controversia.

Normalmente, me opongo a la idea de escribir acerca de un juego que no he jugado. En general, me opongo a hablar sobre algo sin al menos darle una oportunidad de mostrar lo que vale. Peor aún, en este ensayo criticaré además a aquellos que lo hacen. Pero me estoy permitiendo hacerlo, porque más que hablar sobre Hatred, hablaré sobre las cosas que ocurrieron a su alrededor.

La razón por esto, es que parece que son estos sucesos que acompañaron al anuncio y lanzamiento de Hatred son mucho más interesantes que el juego en sí mismo. Si leemos las reseñas más serias, se trata de un juego con una jugabilidad genérica, acompañado de un tema insulso y una serie de problemas que apuntan a un desarrollo descuidado. Es un juego poco menos que mediocre sin características que lo rediman. Para colmo, es un juego que tiene problemas de soporte tarjetas Radeon, lo que hizo final mi decisión de no jugarlo.

En un vacío, jamás habría creído que Hatred sería un éxito comercial y encabezaría la lista de mejor vendidos en Steam en el día de su lanzamiento. Menos aún esperaría que ese juego sería objeto de muchísima cobertura en la prensa dedicada a video juegos. Pero por alguna razón así fue y eso es lo que merece la pena discutirse.

Desde luego que Hatred no existe un vacío y aunque hacer una revisión exhaustiva de todos los factores que contribuyeron a su notoriedad sería una tarea demasiado complicada, vale la pena examinar más de cerca algunas de ellas. Pero primero, usemos una línea de tiempo para dar algo de contexto.

16 de octubre de 2014

Destructive Creations, un estudio basado en Polonia anuncia que lanzará un juego del género twin-stick shooter y acompaña el anuncio con un trailer, ese mismo día, varios sitios de la prensa de juegos escriben artículos sobre eso. Polygon lo declaró el peor trailer del año (a dos meses y medio de que éste terminara) y Epic Games pidió a Hatred que quitaran los logotipos del Unreal Engine de su material promocional.

15 de diciembre de 2014

Hatred es retirado de Steam Greenlight; un servicio de autopublicación para desarrolladores independientes donde capturas y videos preliminares del juego propuesto son valorados por la comunidad para decidir si el juego se lanza o no. Este es un caso sin precedentes, puesto que nunca antes se había retirado un juego de Greenlight independientemente de la calidad, o contenido de este y este acto iba directamente en contra de la filosofía de Steam que siempre ha puesto énfasis en la capacidad de la comunidad para regularse a sí misma sin intervención alguna.

16 de diciembre de 2014

Hatred es devuelto a Steam Greenlight donde rápidamente acumula los votos positivos necesarios para ser lanzado. Los desarrolladores de Hatred recibieron una disculpa personal por parte de Gabe Newell, CEO de Valve, por lo ocurrido.

16 de enero de 2015

Hatred recibe por parte de la junta clasificadora de software de entretenimiento (ESRB por sus siglas en inglés) una clasificación de AO (sólo para adultos). Muchas personas cuestionaron la naturaleza de esa clasificación cuando juegos como Grand Theft Auto V o Postal 2 tenían clasificaciones menos severas pese a recibir los mismos descriptores de contenido.

28 de abril de 2015

Se anuncia la fecha de lanzamiento de Hatred, prevista para el primero de junio de 2015.

Ese mismo día, Twitch (un popular sitio de streaming de video juegos) anuncia una nueva política que no permite la transmisión de juegos clasificados AO (aunque sí de versiones de juegos AO que fueron reclasificadas), dejando sin posibilidad de ser transmitidos un puñado de juegos, entre los cuales se encuentra Hatred. Algunos periodistas consideraron que la medida estaba dirigida específicamente a ese juego.

1 de junio de 2015

El día de su lanzamiento, Hatred encabeza las listas de juegos más vendidos de Steam para ese día. Para ese momento, el juego había sido cubierto por múltiples artículos por parte de varios sitios de juegos, incluyendo 14 por parte de Polygon.

La recepción crítica del juego fue bastante tibia, hablando sobre bugs frecuentes, problemas para soportar tarjetas de video AMD, malos controles y una jugabilidad fundamentalmente rota. La naturaleza del contenido violento tampoco fue causa de novedad, siendo descrita como repetitva y basante leve en comparación a lo que se ve en juegos como Mortal Kombat o Postal 2.

Lo que tenemos aquí, es la historia de un juego que tenía todo lo necesario para ser apenas una nota al pie en la historia de los video juegos. Con una premisa ramplona, un diseño de personajes plano, jugabilidad pobre y muchos problemas al momento de ser lanzado. La única característica que lo redimía era un interesante sistema de escenarios destructibles, pero eso por si solo no era suficiente para compensar sus fallas.

Hatred suena a la clase de juegos que están hechos por y para adolescentes angustiados que pintan sus uñas de negro y escuchan Nine Inch Nails a todo volumen. Es la clase de juegos que visten ropa negra con estoperoles y pinchos. No existe nada adulto, ni interesante sobre este juego. Nada que lo haga maduro o siquiera que vuelva su violencia caricaturesca algo perturbador.

No estoy tratando de pisotear este juego. Estoy seguro a mi yo de decisiete años le habría fascinado, al menos hasta que su jugabilidad monótona hubiera terminado por convertirlo en un candidato idóneo para la siguiente liberación de espacio en disco duro. Simplemente se trata de un juego que no tiene mucho de interesante, o al menos no lo tendría sin la enorme controversia que lo acompañó.

Lo que hace interesante a Hatred es la forma en la que nos permite examinar el ethos del periodismo de video juegos, al menos el de aquél que ostensiblemente se presenta a si mismo como distanciado de la relación de páginas como IGN o Gamespot con la industria, que fungen más como agencias de relaciones públicas para las empresas de video juegos que otra cosa.

Sólo bastó un corto trailer para que Hatred fuera blanco de un aluvión de críticas. Un trailer que apenas es suficiente para formarse una imagen mental de aquello en lo que puede consistir el juego. La única forma de hablar tanto sobre algo de lo que se sabe tan poco es especulando. Al cabo de unos meses la discusión dejó de ser sobre lo que se había visto en el trailer y comenzó a ser sobre lo que el juego podría ser para al final salir por una tangente y discutir las afiliaciones políticas de uno de los desarrolladores.

Entre ellas destacan un video de Extra Credits, una serie muy interesante destinada a explorar los diferentes aspectos de los juegos como una forma de arte. En este episodio, no sólo se dedicaron a especular sobre un juego que para fines prácticos nadie sabía exactamente en que iba a consistir o si siquiera sería completado o lanzado al mercado haciendo declaraciones categóricas. Sino que durante toda la discusión se limitaron a hablar sobre el hecho de que Hatred no tenía valor alguno por ser de un juego que trata sobre sadismo y me cuesta trabajo pensar que un hombre tan versado en las artes como lo es James Portnow, haya pasado por alto que “sadismo” es una palabra que fue acuñada en la literatura y que hace referencia al marqués de Sade, un célebre escritor francés del siglo XVIII. De hecho, tanto la motivación del marqués como la de los creadores de Hatred eran oponerse a lo que ellos percibían como un medio blando y moralista por medio de la controversia…. y no, no estoy comparando calidad del trabajo de Destructive Creations con la del de Sade. Pero está claro que descartar categóricamente una obra de arte por el simple hecho de ser “sádica” es un acto que cuando menos es miope y descuidado.

Lo curioso es que este video va acompañado de una exhortación implícita a no comprar o “recompensar financieramente” al juego. Lo cual es paradójico, ya que un juego independiente con poca difusión suele beneficiarse más de tener espacio en estos medios con enormes audiencias (aún cuando son expuestos a una luz negativa) de lo que se beneficiaría al ser ignorado por completo. Sin mencionar que esa era la clase de respuesta que buscaban los desarrolladores.

Está claro que la gente que no está interesada en esta clase de juego no necesitaba un aluvión de artículos hiperbólicos para alcanzar esta conclusión. Podían llegar a la misma conclusión después de ver el trailer del juego. Por otra parte, aquellos que pudieran estar interesados en esa marca particular de juego violento, sólo se sentirían más alentados al ver todas esas notas sobre como el juego era una influencia tóxica y corruptora. De modo, que publicar estos artículos sólo amplificaría la difusión del juego y por lo tanto haría que este alcanzara a más potenciales compradores. (Pensemos en la campaña publicitaria de EA para Dead Space 2)

No encuentro una auténtica razón para que Hatred acaparara la atención de tantos medios por tanto tiempo. Era un juego con escenas de violencia brutal, claro. Pero las más intensas de esas palidecerían frente a cualquier fatality de Mortal Kombat X. Su contenido sádico tampoco es una buena razón, no cuando han existido juegos como Manhunt 2, que bien podría describirse en concepto como un juego snuff. Grand Theft Auto V, que contenía una escena de tortura acompaña de una diatriba de uno de los personajes en la que resaltaba el hecho de que la tortura sirve más para satisfacer al que la lleva acabo que como un medio eficaz para obtener información. O Postal 2, que es básicamente igual a Hatred, sólo que añadiendo elementos de críticas a la cultura estadounidense y caricaturas de actos horriblemente violentos.

Hatred es, de hecho, un juego que no logra lo que se propone. El personaje principal es tan plano y sus diálogos tan huecos que es difícil tomar lo que hace en serio. No hay nada que lo vuelva una persona creíble, y por ende, sus actos no son pueden contextualizarse de una forma que nos haga sentir amenazados o vulnerables. Las víctimas tampoco son convincentes. Es fácil deshumanizarlas cuando la inteligencia artificial pobre y las animaciones reptetitivas están ahí para recordarnos que no son humanos. Una mala combinación de modelos realistas y diseño torpe los deja muy adentro del valle inquietante, junto con los zombies, los robots humanoides y demás cosas que podemos matar sin remordimiento.

Hatred es un juego intrascendente. Es poco más que un rayón en la banca de una escuela o un mal poema escrito en la parte trasera de un cuaderno. Es algo que no resiste exámenes minuciosos ni da para conversaciones interesantes. Es un juego que no tiene el poder para transformar a una persona, para bien o para mal. Pese al escándalo, es completamente inocuo.

Lo que permitió que este juego fuera el líder de ventas durante su lanzamiento fue una tormenta perfecta comprendida por una comunidad de jugadores extremadamente dividida, una “guerra cultural” (esas comillas por si solas no hacen justicia a la sorna que me gustaría articular) y un modelo de negocios que promueve los encabezados escandalosos destinados a despertar morbo

Hatred no es más que un peón dentro de un juego de ajedrez en el que nadie puede ganar. Es un ejemplo perfecto de que es más valiosa la oportunidad de aprovechar cualquier controversia que destinar esos espacios a tener discusiones constructivas. Todos aquellos que se apresuraron a sentir indignación por el juego lo convirtieron en una fuerza neta negativa. Negativa para la industria, negativa para la credibilidad de la prensa y negativa para los juegos como una forma de arte. Los únicos beneficiados de todo esto son los de Destructive Creations, que posiblemente recibieron más dinero del que su juego por sí mismo les habría podido dar si este hubiera sido examinado a la luz de sus propios méritos, en lugar de ser usado como una herramienta para el escándalo.

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