La muerte y la poesía.

Ruben Delgado Granados
Nov 3 · 2 min read

Un poeta no puede ser un poeta sólo por escribir poesía, tiene que conocer a la muerte, a los espasmos terribles que trae consigo pasar una noche con ella. A los lentos y dolorosos orgasmos que su palpitante vulva ocasiona en tu debilitado cuerpo.

Un poeta sólo puede ser un poeta cuando, tras haber besado a la muerte, haya podido transmitirle esta, un poco de la vida que les roba a todos aquellos que inútilmente tratamos de verle la cara en cada intento fallido de robarle algo de tiempo.

No le basta al simple humano con pasar noches en vela, con vaciar tontos tinteros, con llenar hojas en blanco de tristes palabras huecas, palabras llenas de reglas y formas que encierran la palabra y la privan de la vida que sólo tiene la muerte.

No le basta al escritor, conocer de otros autores a los que la muerte ya los ha escogido, ya los a acogido, ya los ha cogido.

Y no es tan simple como piensan, que la muerte, en su incansable labor, tome un lapso para voltear a mirar los escritos de un mortal, no es tan simple que le excites, no es tan simple que le gustes.

No es tan simple que te guste y le devuelvas el guiño, que te sientas a su lado como el niño al que su madre le compró lo que quería.

Y que te enreden sus piernas y que te abrace a su cuello. Y que te corte las venas y que te vuelvas su dueño por una fracción de tiempo y te de el entendimiento de que la vida es eterna, si ella existe entre tus letras y tras salir de sus piernas te vuelvas un fiel poeta que con la muerte ha vivido…