Que tu mediocridad no asesine mi trabajo

Desde hace unos días no paro de darle vueltas a los ataques de un buen amigo hacia el periodismo, su análisis personal sobre la situación en la que cree que está nuestra profesión y que decidió titular “Alguien mató al periodismo y él solito se murió”.

Para empezar, ¡enhorabuena! Has elegido un titular recurrente, como hacemos nosotros, para captar la atención del lector pero eso hay que llenarlo de contenido. ¿Llamas analizar la situación compleja por la que pasa esta profesión en nuestro país por haber leído en un mismo día cinco artículos sin saber ni siquiera qué es ser periodista? ¿Con qué argumentos, con qué cifras, con qué datos empíricos basas tus opiniones? Con nada, mediocridad, que es lo que está de moda en ese ambiente emprendedor y de falso buen rollismo.

Nos acusas de ser una profesión en la que no paramos de hablar de nosotros mismos; primer ataque en el que insinúas que las personas que llenan esa profesión son egocéntricas y egoístas. El problema no es que los periodistas hablen de sí mismos, sino, que hasta hace bien poco, tenía mayor repercusión aquello que publicaban, pero tú bien sabes que eso está cambiando con el impacto de las nuevas formas de comunicarse: hoy en día tiene mayor repercusión un vídeo en una red social de 10 segundos que una información de 50 en la que se han invertido 4 horas de trabajo. Y es que tu error ha sido no separar los que dirigen los medios de comunicación, de las personas individuales que llenan esos medios.

Y de aquí al siguiente ataque: “no creo que sean más importantes que los ingenieros que hacen puentes, carreteras, vías de tren o comunicaciones o los médicos que salvan vidas todos los días, y sin embargo estos no están todo el día dando la matraca”. Donde al parecer, ahora, los profesionales de la información hemos hecho una escala de importancia en la sociedad en función de los estudios: contaminas el ambiente, amigo mío. Descarga tu ira contra otros, no contra los que tratamos de contar, explicar, hacer entender, contextualizar y descubrir cosas que merecen ser contadas.

Sé que disfrutas dando esos golpes. Ya nos has dejado el ojo morado, pero el siguiente gancho sí que no me lo esperaba: “entiendo perfectamente la sensación de haber perdido 4 o 5 años estudiando una carrera que no puedes ejercer pero creo que lo mínimo que se le debe exigir a un periodista es que sepa entender el contexto en el que se encuentra”. Ahora mismo me sale humo por las orejas y mis ojos están enrojecidos por el dolor que me produce leer ese ataque tan gratuito, ¿perder 4 o 5 años? No voy a discutir que el plan de estudios de la Licenciatura de Periodismo sea mucho más que mejorable, porque lo es, pero creeme que ahí algo se aprende. No te das cuenta que para construir las ventanas bonitas, el tejado y la chimenea de diseño de una casa se debe asentar sobre unos buenos cimientos (no seré yo quien enseñe sobre arquitectura), pero hay que tener conocimientos de economía, de derecho, de ortografía (espero que en este artículo no encuentres faltas, como en el tuyo) de expresión, de Historia…; hay que estudiar el pasado para entender el presente y prever el futuro. ¿Sabes cuánto margen tiene un periodista en radio para elaborar una información? A veces segundos, sin un bagaje adquirido anteriormente es imposible hacer algo de calidad.

Tus recomendaciones no tienen desperdicio: “(…) tu experiencia laboral cada vez vale menos. Estar 4 años haciendo lo mismo no es tener 4 años de experiencia, es tener 1 año de experiencia repetido 4 veces”. Totalmente de acuerdo. También te digo, no conozco profesión más dinámica que el periodismo, continuamente renovando, pero claro a ti te gusta globalizar y meter a todo el mundo el mismo saco. Mi profesión tiene muchas cosas malas, pero entre las mejores es que nunca hay dos días iguales: siempre estás aprendiendo, te vas adaptando a las nuevas necesidades que vienen de la mano de las nuevas tecnologías.

Aunque lo mejor es la siguiente recomendación: “coge tu teléfono móvil y sal a la calle a buscar historias que nadie está contando”. La ventaja es que a los periodistas nos gustaría vivir del aire si se pudiera; digo a los que nos apasiona esta profesión. Si hiciera la fotosíntesis como las plantas publicaría gratis, más que ahora, pero para hacer mediocridades, me quedo como estoy: poco y bien.

La revolución de Internet, de comunicarse sólo ha traído mediocridad. Hay que estar ahí, ahora cualquiera puede entrevistar a alguien y hacer esto:

No sé cómo calificar los matadores 40 minutos anteriores si habéis conseguido verlo, al menos el entrevistado es una persona tremendamente interesante. Y ahí van los grandes errores:

Aspectos técnicos. No hay edición, es un vídeo en bruto. No se cuida la estética del espacio (tan sencillo como poner tres banquetas y crear un espacio). El audio es pésimo. El entrevistador de la izquierda se le oye un poco saturado, y al de la derecha muy bajito; el entrevistado, es como el Guadiana, va y viene. El ruido de fondo distrae, y muestra la poca preocupación de los que elaboran este contenido, de que es más importante generar contenido que calidad.

Aspectos estéticos. Hay que mirar a la cámara. La persona de la derecha permanece los primeros 7 minutos sin mirar a la cámara, con actitud de dejadez y poco interés sobre lo que está haciendo, postura demasiado acomodada.

Guión. Está claro que eso no existe ni por asomo. No se han invertido ni 5 minutos en preparar esta entrevista. Para empezar ni siquiera se saluda al entrevistado, si os fijáis es él quien saluda. Y ahí va la primera pregunta “quiero que me cuentes quién eres tú y qué haces”. ¿No se hace una pequeña presentación de 30 segundos? Contenido malo.

El entrevistador de la izquierda interrumpe continuamente al entrevistado: no le deja hablar, repite las últimas dos palabras de la persona con la que está hablando, su miedo al fracaso le hace emitir el ruido de asentimiento “ejem”, para hacer creer a su interlocutor que le está escuchando pero en realidad sólo está pensando en la siguiente pregunta (no pasan más de 10 segundos sin que deje hablar al entrevistado), o terminar la frase. ¡Deja que hable él! ¿Por qué tiene que rematar todo lo que se dice?

El otro día hice una entrevista a…”, cae en el error de “yo sé de esto”, marca superioridad sobre su interlocutor: eres más elegante si tú le dices “equis persona aseguraba el otro día esto”.

Tienes que mostrar respeto hacia tu compañero entrevistador. Prácticamente al principio, el chico de la derecha cuenta una anécdota muy interesante y su compañero le responde con duda “¿sí?” porque sabe que le está comiendo el terreno hacia la fama. Nunca se deja tirado a tu compañero: la imagen transmite todo.

¿Desaparecer de la imagen unos segundos? Me deja sin palabras.

Aunque no todo es malo, y hay aciertos, porque el entrevistador de la derecha se ha preparado la entrevista. En su primera pregunta habla de “modelos de doble cara” y está muy hábil porque hace un pequeño inciso para explicar en qué consiste y luego hace la pregunta. Y se nota que el entrevistado le gustan sus preguntas porque son muy interesantes, y eso está bien pero él no muestra superioridad. Así, sí.

Con estos detalles escritos desde el cariño, el respeto y el aprecio, quiero demostrar que cualquiera puede grabar un vídeo o una entrevista pero no calidad: si quieres calidad, predica con el ejemplo.

Y lo mejor de todo es que escribo estas líneas con mi tarjeta de desempleado sobre la mesa, sin prestación, y sin saber cómo voy a pagar el piso el mes que viene pero no voy a tolerar que alguien ataque mi trabajo, mi pasión e incluso el motor de mi vida. Uno no se puede dedicar a criticar a los periodistas como asesinos de la comunicación cuando uno mismo contribuye a esa baja calidad, así que tu mediocridad no asesine mi trabajo.

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