DE MAYOR QUIERO UN “TRAKTOR”

Una experiencia como «chico que pone música» en un bar y otras sensaciones que guardo

Nunca sabes que vueltas tiene la vida preparadas para ti. Nunca pensé que un día llegaría a poner música en bar, hacer como que soy un Dj sin serlo. Pensar que la gente de un bar se pondría a bailar al ritmo de la música que yo programase. Pero así fue. Una faceta nueva de mi personalidad se definió gracias a la casualidad, a la fortuna de conocer a unos y otros y llevarme bien con todos…

Por supuesto que en este ambiente nocturno, propicio para el mítico “sexo, drogas y rock&roll” (de las dos primeras, poco, si he de ser sincero), conoces a los más diferentes personajes, criaturas de la noche que aparecen en la oscuridad, arropados por el humo de un buen petardo a la sombra de un cubata de ron-cola, o de un tercio de Mahou. Gentes de la noche, animales del ritmo que parados en un rincón de la barra entrecierran los ojos por el humo del cigarro y mueven las piernas con el vaivén de la música. También están los histéricos, los más cool del bar, grupies de la vida que animan la fiesta con sus peticiones estrambóticas, sus ropas de marca, sus caritas de niño bien y un sin fin de clichés atemporales e inter-generacionales… Y los hipsters!!! La tribu urbana de la que todos renegamos pero hacia la que todos nos quieren llevar.

Los hipsters, inconfundibles barbas largas, o proyectos de barbas largas, con ropas pasadas de moda y recuperadas por efecto del H&M, Pitchfork y el baúl de la abuela. Cuellos abotonados hasta el límite del estrangulamiento. Instagramers que no pueden pasar sin su IPhone, sus RayBan y todos los accesorios cooler del mercado. Unos dicen que son post-hipster; otros están fuera de… entes superiores que están por encima del bien y del mal. Hipsters, los pijos del momento.

De entre ellos conocí a un personaje que encaja con la filosofía celebritie. Enfundado en una camisa de franela a cuadros en pleno agosto, arrastrando una maleta “de marca” negra, apareció como un señor de la guerra afgano Dj*******. Un personaje tan siniestro como inaccesible del que no me atrevo a poner su nombre real. Apenas cruzamos 4 palabras, pero fue como una experiencia “religiosa” gracias al olor a sudor reconcentrado y penetrante que expelían sus húmedas axilas. De esas cuatro palabras, una fue el mantra que me acompañó esa noche: Traktor.

Se trata de una de las marcas de referencia para la industria musical de los Djs que proporciona tanto software como hardware para todos los profesionales o aficionados de las mezclas musicales. Ocurre como en otras muchas cosas de esta sociedad consumista: una dictadura de las marcas. O tienes Traktor o no eres nadie. Mejor, o tienes un Traktor o no tienes respeto. Y eso se traduce en el ninguneo y el menosprecio de aquellos que se arrogan la autenticidad de un buen Dj. Está claro que todo ayuda y si trabajas con buen material tendrás mejores resultados. Precisamente eso: si trabajas. Sin embargo, lo mio fue afición, pura bacinería 100% rural, que no buscaba más que el momento de divertirse con unas buenas canciones que nunca aparecían en las listas de reproducción de los bares que frecuentaba.

El tema de utilizar tal o cual controlador para una mezcla de canciones es definitivo. Marca las distancias entre un aficionado y un profesional que sabe lo que hace. Sin embargo, en aquellos días me encontré con personas como yo, simples conocedores de un estilo musical, que se descargaban por internet un programa de mezclas y con eso montaban un bar. Y creo que eso no sólo pasa por “mi barrio”, es una tendencia más que extendida por la geografía de la noche. Y bien, aquel Dj******* sobre pasaba aquellos límites claramente. Se ajustaba a lo que podemos considerar un profesional o semi-profesional.

¿Y dónde ponemos esa raya? Dicen que Guetta lleva una cajita como de nácar negro (claro, así le vale para empolvarse la nariz cuando sea preciso) de la que extrae un «pendrive» con la sesión precargada y solo tiene que darle al play. Entonces, sí te llevas un Traktor con no sé cuántas botoneras y consolas auxiliares enganchados para pinchar en un bar que le cuesta llegar a fin de mes y que se le funden los plomos cada vez que pones el aire acondicionado, eres un profesional, un semi-profesional o un poco fardón.

De mayor quiero un Traktor para acodarme en la barra de un bar, asomarme a la ventanilla del que pone música y decirle: yo tengo un Traktor que me costó mil pavos y te lo traigo aquí cuando quieras para hacer lo mismo que tú estás haciendo ahora mismo.

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