Sobre “Los de abajo” de Mariano Azuela

Concebida en 1915 pero publicada recién un año después y a modo de folletín en un periódico de la ciudad norteamericana de El Paso, TX, la novela se presenta como la ficcionalización, aún en clave realista, de la convulsión sociopolítica que tuviera lugar en México a principios de siglo. De hecho, lleva por subtítulo “Novela de la Revolución Mexicana”. Sin embargo, yo no estoy muy seguro de que así lo sea; pienso, más bien, que a pesar de definirse como tal, su contenido fuerza a juzgarla en un sentido opuesto: en ella se narra, si se me acepta, la antirrevolución.

Intentaré desarrollar brevemente varias y variadas líneas de interpretación que a mi criterio pueden ser encontradas en el texto azueliano.

1. Quizás pueda leerse como la historia de una venganza, motor ficcional presente desde las epopeyas griegas a la cuentística contemporánea (ejemplos en los que pienso son La Ilíada homeriana y Emma Zunz de Borges); en este caso, la del agravio por parte del matones del cacique don Mónico a la familia del terrateniente Demetrio Macías. Incluso si se lo hiciese de ese modo, se entendería que alberga un sentido conservador: ya que la intención del protagonista, se podría interpretar, constituye un esfuerzo por devolverle a la familia su honorabilidad como pilar institucional sobre el que se basa la sociedad. A causa de la afrenta, el núcleo familiar se desintegra; y el ‘pater familias’ parte en busca menos de fama individual que de la respetabilidad de su apellido. Su hombría cumple una función restituyente. No puedo dejar de leer en tal acción un sesgo católico. Parece haber convencido Luis Cervantes a Demetrio tras arengarlo al grito de “¡No hay que olvidarse de lo más sagrado (la bastardilla es mía) que existe en el mundo para el hombre: la familia y la patria!”.

Me recuerda esto a la llamada Blutrache de las culturas de origen germánico; la agresión se repite casi calcadamente: así como los soldados habían incendiado la casa en la que vivía Demetrio, este hace lo suyo cuando llega al lugar adonde reside don Mónico.

Satisfecha la venganza, hacia el final puede verse cómo se reconstituye la prole: Demetrio vuelve a Limón a reunirse tanto con su esposa como con su hijo, a quienes no había vuelto a ver desde que se fuera dos años antes.

2. También como un panfleto contra el indigenismo puede entenderse: es un viejo que el narrador describe con “cara indígena” quien, mediante un engaño, pone en vilo la integridad de la tropa liderada por Demetrio. De este modo, encuentra espacio en la novela un racismo étnico que tiene como base la prenoción, en absoluto velada, de que las poblaciones nativas de la América septentrional son bárbaras; y de que su inserción, en el plan de desarrollo de una nación, es una limitante. Muy propia de la oligarquía con asiento económico en la agricultura y la ganadería es el anti-indigenismo. Este sector social podría estar representado tanto por Demetrio como por su “compadre” Anastasio Montañés, quienes en conversación con el joven ilustrado Luis Cervantes afirman que, antes de que se vieran obligados a actuar, en términos económicos de nada carecían: vacas, dice tener el primero “y un pedazo de tierra para sembrar”; mientras que el segundo se jacta de ser propietario de “diez yuntas de bueyes” y “diez fanegas de siembra”.

3. Un plan de alianzas se traza, según interpreto, con el objetivo de emprender la antirrevolución. Esto consiste en la unión estratégica de distintos sectores de la sociedad para que, una vez concentrado el poder, se impidan transformaciones sociales estructurales.

El primer caso, del que hablé previamente, redundaría en el fortalecimiento de las élites terratenientes. Un segundo caso podría evidenciarse mediante la figura de Luis Cervantes. Este, al decir de Demetrio, “es de otra madera”; y Anastasio, por su parte, se refiere a él como “gente que, como sabe leer y escribir, entiende bien las cosas”. Luis Cervantes es un joven ilustrado que trabaja en la prensa gráfica. Posee tres características que yo entiendo constituyen referencias a sectores sociales. En primer lugar, su mocedad simboliza los movimientos juveniles que se organizan en torno a determinados principios políticos. Su convicción lo mueve a actuar en la esfera social. Tras haberle pedido Alberto Solís, un oficial de las filas de Natera por el que fue reconocido, que le explicara cómo fue que llegó a militar en favor de los mismos ideales, Luis Cervantes le confiesa: “¡La verdad de la verdad, me han convencido!”. En segundo lugar, en la inteligencia que manifiesta se figura su condición de pensador de la sociedad. Como estudiante de Medicina, representa la razón y la Ciencia; de allí que haga, hablando con Venancio, comentarios anticlericales[1]. Personifica la intelectualidad. Discursea frente a Demetrio asumiendo una posición de intérprete de la realidad histórica no sin pretender influir en él. Le dice: “Usted no comprende todavía su verdadera, su alta y nobilísima misión. Usted, hombre modesto y sin ambiciones, no quiere ver el importantísimo papel que le toca (…)”. Se me ocurre que presume de tener una aristocracia del entendimiento. De los demás se diferencia por la utilización del lenguaje: al poco tiempo de unírseles, es necesario que les explique el significado de la palabra ‘correligionarios’. En tercer lugar, su condición de periodista le hace encarnar el llamado “cuarto poder”: los medios de comunicación de masas. Se nos cuenta que era corresponsal de El País y escribía también para El regional. Su empleo es necesario para difundir las ideas del programa político al que suscribe.

Esta coalición multisectorial sin duda podría afrontar un reformismo social, pero aún así opta por abortar cualquier transformación referente al plano de lo público. Son reaccionarios. No tienen otro propósito que el de perpetuar el sistema prevaleciente. En vez de modificar las prácticas denunciadas por injustas, se las repite una y otra vez. Dos ejemplos voy a poner de esto, uno perteneciente al orden político y otro al económico. El primero es el de los abusos de las tropas. Los federales sin escrúpulos saqueaban comunidades en nombre de la defensa de razones supuestamente nobles; y los seguidores de Demetrio robaban del mismo modo, pero alegando otra motivación. Luis Cervantes le advirtió con lucidez a su líder que tales hechos no sólo los desprestigiaban a ellos sino sobre todo a su empresa. Pero a Demetrio no le importó. Estos, claramente, quieren menos terminar con las arbitrariedades que perpetrarlas ellos mismos. Exhiben, de ese modo, su pretensión de ocupar la posición de poder que ostentan las fuerzas contrarias. De hecho, ello se observa con claridad al reparar en un gesto de apropiación que hacen los “demetristas”. Primero: tras vencer en un enfrentamiento a soldados oficiales, quienes de éstos traían las mejores ropas son desnudados y con ellas se visten los seguidores de Demetrio. Segundo: a partir de esa victoria, Demetrio será llamado “coronel Macías”. Se apoderan así de la vestimenta y la jerarquía que pertenece a quienes, hasta ese momento, cumplían la función de brazo armado para la clase dominante. El segundo ejemplo que dije pondría es el de la recomendación, por parte de Luis Cervantes, de invertir en los Estados Unidos. Le propone a Venancio “establecer un restaurante netamente mexicano” en la ciudad texana de El Paso. ¿Qué significa plegarse al régimen económico contra el que se suponía se estaba luchando sino claudicar?

Lejos está el grupo que se subordina a Demetrio, me parece, de constituirse como asidero de fuerzas progresistas. Entiendo que no es su intención emprender la reingeniería del sistema social, sino lo contrario: conservarla tal como está. El continuismo que defienden, aún sin intención alguna de hacerlo, es por demás evidente. Por todo eso, afirmo yo que Los de abajo es una novela de la antirrevolución.

4. Cabe la posibilidad, finalmente, de considerar Los de abajo como un romance: entre Demetrio y Camila, teniendo como tercero en discordia al joven Luis Cervantes.


[1] Tal vez este progresismo anticlerical presente en la novela llega a un punto de máxima radicalización cuando se asesina en una tienda a un representante de la Iglesia como lo es un sacristán y también en el momento en que se detenta contra una casa cural.