“Hoy aquí hay una victoria de la vida sobre la muerte, de la memoria sobre el olvido, de la Patria sobre la antipatria”, expresó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en la inauguración del Sitio de Memoria que tiene lugar en el ex Casino de Oficiales de la ESMA.

Desde el Casino de Oficiales de la ex Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), se escucha el ruido los autos que transitan por la Avenida del Libertador, como también los aviones que vuelan muy cerca. Estos ruidos permitían a los detenidos tener idea de dónde estuvieron secuestrados, durante la última dictadura militar. Desde 1976 hasta 1983, hubo aproximadamente 5 mil personas “desaparecidas” allí. Desde 2004, la ex ESMA funciona como un museo, con el fin de ser un “Espacio para la Memoria y la Promoción y defensa de los Derechos Humanos”.

“La primera vez que fui estaba todo pelado, no había nada. Ahí, me causó escalofríos cuando entré. Es un lugar muy oscuro, frío, y se siente el sufrimiento”, contó Lucía Menéndez, una estudiante de 17 años, que recorrió el museo dos veces con el colegio Da Vinci, de Moreno.

El sótano era el primer lugar al que se llevaba a los detenidos. Hoy, es un gran salón vacío y despintado, con un panel de acrílico en el fondo. El panel tiene imágenes de algunos secuestrados que fueron tomadas por Víctor Basterra. Antes, ahí tenían lugar, separadas por divisiones de madera aglomerada, las salas de tortura n° 12, 13 y 14, una enfermería, el dormitorio de los guardias, al lado el baño, un laboratorio fotográfico y otro cuarto de tortura denominado “huevera”.

(Imagen gif izquierda gentileza de: http://esmapordentro.blogspot.com.ar/ — Victor Basterra — http://www.infojusnoticias.gov.ar/ )

En la planta baja del casino hay distintas oficinas y el departamento donde vivía el Director de la ESMA con su familia. En la casa del Director, algunas ventanas están en reparación. La mesada y las alacenas de la cocina siguen en su lugar, y mantienen su color verde agua. Mientras, las demás habitaciones están vacías, excepto por un televisor en el comedor que muestra un fragmento del Juicio a las Juntas, y otro que transmite programación antigua en un dormitorio.

Después de que se bajan las cortinas, estas y unos marcos apoyados en las paredes, se iluminan con información e imágenes de los acusados en el Juicio a las Juntas. Durante la dictadura, en esa sala operaba la central de inteligencia donde se planificaban los secuestros, conocida como “Dorado”.

(Imagenes gentileza de: http://esmapordentro.blogspot.com.ar/)

Las escaleras principales que llevan al primer y segundo piso donde dormían los oficiales, también conducen al tercer piso donde estaban alojados los detenidos, en el sector denominado “Capucha”. Esta área, ubicada en el ala derecha del edificio, tiene techo a dos aguas, y unas pequeñas ventanas que daban a las celdas. Los prisioneros tenían que permanecer acostados en colchonetas de 2 mts de largo y 17 cm de ancho, con una capucha en la cabeza constantemente, hasta para comer. Hoy sólo quedan las paredes marcadas.

(Imagen gif izquierda gentileza de: http://esmapordentro.blogspot.com.ar/)

En ese piso, también había una pieza para las embarazadas, baños y los sectores conocidos como “La Pecera” y “El Pañol”. “La pecera” era un sector donde había una biblioteca, un archivo y distintas oficinas. Actualmente, hay una proyección de imágenes de los bienes robados. En “El Pañol” se clasificaban las pertenencias que los militares robaban de las casas de los detenidos. Eran los mismos prisioneros quienes organizaban los bienes, y trabajaban en la lectura de diarios y redacción de notas. Hoy, hay paneles de acrílico donde se puede leer información y ver imágenes sobre las actividades que se llevaban a cabo allí, mientras suena el ruido de una máquina de escribir de fondo.

“Capuchita” fue el nombre que se le dio al altillo, allí los detenidos eran interrogados y obligados a permanecer hasta el “traslado” (eufemismo para “muerte”). Las paredes y las ventanas están intactas, solo que algunas marcas hechas distintos detenidos, están tapadas con una tela para evitar su deterioro. Al lado de cada tela, hay una foto que muestra la marca y una explica quién la hizo y cuándo. “En Capuchita sentí dolor, una sensación fea”, concluyó Lucía Menéndez luego de su segundo recorrido.

(Imagen izquierda: gentileza de http://esmapordentro.blogspot.com.ar/)

“La segunda vez, no me causó tanto porque está todo remodelado, hay proyecciones en las paredes, pusieron pasillos de madera para que pase la gente. Lo bueno del museo es que te da mucha información”, aseguró la estudiante del colegio Da Vinci.

La directora del Sitio de Memoria, Alejandra Naftal, explicó de qué dependieron las modificaciones hechas en el ex Casino. “El edificio debía quedar tal cuál fue entregado, por ser evidencia material y legal del terrorismo de Estado. Se debatió mucho acerca de cómo comunicar lo que aquí ocurrió, si reconstruir o no el lugar tal cuál funcionaba. Como el edificio se recibió vacío y la conciencia no permite construir las herramientas de las prácticas genocidas ni su maquinaria de muerte y terror, la puesta se realizó a partir de los testimonios de las personas que pasaron por aquí”.