Olor a Central

Central Azucarero 14 de Julio, de Cienfuegos

Lo primero que sentí cuando me acercaba fue el olor. Una mezcla de caña molida, hierros viejos y melaza. Luego vi el humo que salía de la chimenea. Después vi unos niños descalzos jugando en su tiempo de Educación Física y algunos viejitos sentados en los portales de las casas del Batey.


Pero lo que me llamó la atención fue el olor, ese olor a central que durante un tiempo fue el “perfume” de casi la mitad de los trabajadores de Cuba, y hoy solo sienten unos pocos.
En ese momento me acordé de mis primeros años de vida, cuando sentía ese olor a diario, pues viví mis primeros 4 años de vida en uno de los Centrales azucareros más grandes de Cuba, el Urbano Noris, de Holguín.
En esa época veía al central como un verdadero coloso, donde a diario entraban y salían miles de trabajadores. Todos los habitantes de ese pueblo trabajaban vinculados al central de una forma u otra: unos en la refinería, otros en la fábrica de ron; los demás, en los campos de caña. Pero lo que tenían en común todos era ese olor.
Y hoy lo sentí nuevamente en el “14 de Julio”, de Cienfuegos, que a pesar de estar en molienda no muestra muchos signos de vida, excepto el olor y la estela de humo de sale de la torre.
Ya no hay aglomeraciones de personas en las calles del batey, no hay niños jugando con imitaciones de carretas de bueyes, hechas con dos botellas amarradas por el cuello y un palito como “yunta”. No hay hileras de camiones rebosantes de caña, entrando a descargar. Ya más bien camiones de maloja y cañas raquíticas, y obreros con sonrisas de dientes apretados.
Ya las casas del batey solo muestran polvo y algunos ancianos que recuerdan “las zafras de antes”, no de antes de 1959, sino de antes del Reordenamiento, cuando no solo tenían un oficio relacionado con la caña y el central, sino al central mismo como forma de asumir la vida.
Y, por supuesto, los más jóvenes no saben nada de esa vida, y solo piensan en matar el tiempo y salir del batey a estudiar o hacer negocios fuera, porque del Central ya no queda mucho, a veces solo el olor.