
Consuturismo
Tengo la percepción desde hace algunas semanas de que hemos pasado de tener vacaciones a tener “experiencias”, que ya no son periodos de descanso y relajación, sino que son vivencias “únicas” que quedan reflejadas en nuestro perfil de red social. Pero sobre todo esto último, deben quedar grabadas a fuego en nuestro muro de facebook, instagram, o lo que sea. Ya no nos basta con subir una foto de nuestras vacaciones, tienen que ser unas vacaciones especiales, unas de las que poder presumir. Ya no mola estar en la playa, sin más, tiene que ser una playa desierta, caribeña, una cala perdida en el litoral o a miles de kilómetros de nuestra residencia, aunque en el fondo sea igual de artificial que los productos de la teletienda.
Resulta que como nuestra vida diaria es una mierda de la cual no hay forma de presumir (salvo las fotos de platos de comida, eso sí), necesitamos venderle al mundo exterior, pero sobre todo a nosotros mismos, que de vez en cuando sí que vivimos bien, que tanto sufrimiento merece la pena, que somos exitosos en la vida, y consuelos del estilo. Y claro, ahora todos tenemos que haber visitado Roma, Londres o Barcelona, hacemos selfies por Indonesia y presumir de lo auténtico de la experiencia que hemos tenido. Todos con la nueva necesidad de buscar “lo autentico”, ese lugar que nadie más de tu círculo ha visitado, esa experiencia única de la que poder fardar con tus amigos. Resumiendo, si no tienes una fotos en una playa paradisíaca eres un looser.
Pero esas experiencias son igual de superficiales que una postal. Una foto preparada que no contiene historia más allá de lo que la propia foto puede ofrecer, porque no nos engañemos, no nos interesa el lugar ni la gente, ni siquiera tener una experiencia que nos haga cambiar en algo nuestra vida. Nos da igual la historia del lugar, sus gentes, su contexto social o su futuro. La situación política del país o su idioma nos parecen meras curiosidades en el mejor de los casos, pero nada más. No tenemos intención de volver, hay otros lugares que visitar. No tenemos intención de tejer vínculos, nos la pela lo que le pase a la gente que viva aquí. Vinimos a por la foto. A por el reconocimiento. Yo estuve ahí porque podía permitírmelo. Yo viví esto y tú no. Y aquí tengo la foto que lo demuestra.
Me gustaría probar, corriendo el riesgo de perder amigos, a preguntar por la autenticidad de esas experiencias, por lo que se ha aprendido, por qué cambios en la vida ha traído, por qué se va a hacer a partir de ahora. ¿Piensas volver?¿Cambiarás algo tu día a día para que se parezca más a eso que tanto te ha llenado espiritualmente?¿Has pensado realmente en mudarte, como dijiste en aquella foto?¿Cambiar de trabajo? Y todo esto sin entrar en cuestiones más profundas e incómodas… ¿Qué opinas de la pobreza de ese país?¿Crees que tiene alguna relación con lo barato que te ha salido el viaje?¿No sientes que te aprovechas de esa injusticia? E incluso se puede enrevesar más y conectar con otros problemas que estamos viviendo nosotros en nuestro día a día… ¿Qué tal el piso de airbnb?¿Es posible que tu estancia esté dificultando que la gente de allí pueda tener casa?¿Renunciarías a volver si se confirmase? Ya sé que no son cuestiones fáciles, pero también forman parte de esa experiencia, aunque no nos gusten y evitemos no mencionarlo en esas bellísimas fotos de postal.
Y lo mejor es que todos participamos de esta farsa. Todos sabemos que al otro lado de la foto de playa paradisíaca hay una horda de turistas rojizos, que el niño autóctono que está posando en la foto se dedica a eso, a posar para turistas, que no conocemos ni nos importa la historia del monumento en el que nos hemos hecho la foto, o incluso no hemos llegado a entrar en él. Todos adornamos nuestras experiencias y sabemos que todo el mundo lo hace, y en ese juego estamos. A ver quién sube la mejor postal. A ver quién ha conseguido el mejor producto en la teletienda.
