Una esquela sin funeral

Me despertó un rayo de sol que se logro filtrar por mis cortinas y me iluminó la cara. Recuerdo que sonreí apenas abrí los ojos. Usualmente me cuesta levantarme pero hoy había descansado justo lo suficiente. Estaba listo para iniciar un buen día.

Revisé el reloj para saber si ya era tarde, pero se había detenido.

“Qué raro… lo compré hace un par de meses. Se supone que esta es una buena marca.”

Arrastré mis pies hasta llegar a la escalera y me dí cuenta de que no había nadie en el segundo piso, la casa se encontraba en silencio. Seguramente habían salido a caminar, a mi familia le gusta disfrutar los días soleados de inicio a fin. Y yo. Pues, yo los veo disfrutarlos.

Cuando llegué a la cocina me encontré a mi papá leyendo el periódico. Lo saludé y no me contestó. A veces él se distrae fácilmente entonces no le di importancia. Me senté con mi desayuno y me puse a leer la parte del periódico que él ya había terminado. Artículos de opinión, economía, deportes. No les puse mucha atención, estaba tratando de acordarme de mi sueño. ¿Por qué desperté tan feliz? Yo nunca recuerdo lo que soñé. ¿Qué me habrá dado tanta energía?

Bajé mi mirada y llegué a la sección del obituario. Ahí estaba.

Mi nombre. Justo ahí en medio de otro montón de desconocidos.

Dejé salir una risa nerviosa. Me quedé en silencio procesando lo que estaba viendo. No había ningún error de escritura. Mis nombres y apellidos, a la mitad de la página. No puede ser alguien con el mismo nombre, mi segundo apellido no es tan común. Esto tenía que ser una broma.

Fallecido el 6 de Enero. ¿Eso no fue ayer?

“Papá… ¿ya viste el obituario?”

No me contestó.

“¡Papá!”

Siguió sin responderme. Sientí un frío recorrer mi cuerpo mientras revisaba la esquela. Era pequeña, aparecían solamente el nombre de mis padres y la fecha de muerte.

Eso no puede ser todo. ¿Y el funeral? ¿Nadie me va a velar? ¿Razón de muerte?

“¡Papá, por favor volveme a ver!”

Ahora sí estaba gritando. El latido de mi corazón era tan fuerte que me dolía. Sentí como me temblaban las manos. Me levanté de la mesa y me puse al lado de mi papá, sosteniendo la página del obituario. Él no me volvió a ver. Tenía la mirada en blanco, mientras le caía una pequeña lágrima sobre la mejilla.

Nunca había visto a mi papá llorar.

Me quedé en silencio a su lado, con mi obituario en la mano, y le di un abrazo con todas mis fuerzas.

Me despertó un rayo de sol que se logro filtrar por mis cortinas y me iluminó la cara. Recuerdo que sonreí apenas abrí los ojos. Usualmente me cuesta levantarme pero hoy había descansado justo lo suficiente. Estaba listo para iniciar un buen día.