¿Competir, ganar o fracasar?

Viviendo en un mundo competitivo, es fundamental analizar el entorno el cual nos rodea; destacando no solo aspectos que creamos conveniente sino también enfocarnos en cada aspecto ya sea social, cultural, económico, geográfico y otros.

Sin embargo, para alcanzar los objetivos debe tenerse en cuenta cuales son los retos que se enfrentan, uno de ellos son los mercados que son mucho más globales, con lo que tanto la competencia como las oportunidades de expansión se producen a nivel mundial, los clientes cada vez son más exigentes, y exigen nuevas prestaciones, mejores servicios y a menores precios, con soluciones adaptadas a sus particularidades, las nuevas tecnologías han acelerado cambios dramáticos en las relaciones con los clientes y con otras empresas, siendo la creación conjunta de valor con los clientes uno de los nuevos paradigmas de gestión y una oportunidad para la creación de valor, el liderazgo en innovación es cada vez más difícil de mantener, por la creciente competencia y el rápido ritmo de los avances tecnológicos y por ultimo cada vez más, el capital intelectual es más valioso que el capital físico o financiero, y son los empleados quienes se están convirtiendo en verdaderos “capitalistas”, en un mundo donde el talento y el conocimiento son factores críticos.

Sin embargo, al plantearse su futuro, muchas empresas definen estrategias muy similares a las del pasado y no diferenciales frente a las de sus competidores. Además, no prestan atención al desarrollo de una capacidad de innovación constante en la empresa, por lo que no desarrollan las nuevas habilidades, prácticas y procesos necesarios. En consecuencia, muchas empresas están sufriendo una progresiva reducción de márgenes y beneficios, y seguirán haciéndolo si no comienzan a incorporar la gestión de la innovación en sus estrategias. Tarde o temprano, todo modelo empresarial alcanza el punto de disminución de ingresos. Y en estos tiempos, suele ser temprano.

Para hacer frente a esos retos las empresas necesitan innovar estratégicamente. La única forma de hacer frente a los retos a los que se enfrentan hoy en día las empresas, de una forma rentable y sostenida en el tiempo, es mediante la innovación.

La innovación es la principal fuente de crecimiento económico a nivel empresarial, sectorial, nacional y global. Existen distintas definiciones de innovación. Común a todas ellas es que la innovación es algo nuevo, y debe ser útil. Muchos problemas en la definición de innovación se derivan de las distintas dimensiones de innovación: los tipos de innovación (producto vs. proceso, radical vs. incremental, tecnológica vs. de gestión).

La innovación es Proceso complejo de creación y transformación del conocimiento adicional disponible en nuevas soluciones para los problemas que, a través de sus múltiples sistemas organizativos, se plantea la humanidad en su propia evolución.

La generación de valor añadido se produce mediante la creación de algo nuevo que es transformado o incorporado en productos, servicios, procesos, sistemas, estructuras, marcas, patentes, etc., en algo por lo que el cliente y/o el consumidor están dispuestos a pagar.

En este sentido, veremos la innovación como la suma de invención y comercialización. Así, la innovación radical de negocio es más que innovación de producto o innovación tecnológica, y requiere pensar holísticamente sobre el sistema de negocio, cambiando de forma coherente y diferencial frente a los competidores.

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