Cerebro de hashtag: Las redes sociales y la ansiedad

Salvador Alcántar
Jan 26 · 6 min read

Hace poco dejé un trabajo en el que duré cuatro años. Se trataba del área de comunicación digital de cierto gobierno caótico, de cierta ciudad caótica, en ciertos momentos caóticos. Aunque ese no es el punto, sino la ansiedad que se manifestó pocos meses antes de dejar el trabajo y que aún me persigue. Comencé terapia psicológica y, a través de ella y mi propia reflexión, he llegado a encontrar ciertas similitudes entre mis conductas mentales y aquellas que se aplican a redes sociales, y que yo llegué a internalizar de una manera increíble. Así, me gustaría aportar a la discusión de la influencia que tienen las redes sociales sobre nuestra salud psicológica.

Debo decir que la intención de este post no es aseverar que las redes son las culpables de la ansiedad moderna. Estoy consciente que es un fenómeno multifactorial y muy relacionado con la historia de vida de cada persona y sus conductas mentales. Pero creo que en mi caso el grado de exposición que tuve a redes fue en buena medida un factor detonante o, al menos, catalizador de mi situación actual.

La segunda motivación de esta entrada es haberme dado cuenta de la cantidad de amigos y amigas cercanos que sufren de ansiedad y depresión, y que también son o han sido grandes consumidores de redes sociales. A ellas y ellos dedico estas reflexiones.

Obviaré aquí temas que notoriamente generan ansiedad y sobre los que ya hay bastante reflexión, como el ciberacoso, el hate o la obsesión por el like. Más bien me centraré a considerar que la arquitectura misma de las redes es un caldo de cultivo para la ansiedad y de su fruto más directo, la depresión. De ahí que los títulos de cada sección están construidas en binarios: técnica/mente que hacen énfasis en esa influencia que la máquina y la información están teniendo sobre el cerebro.

Scroll/Flujo mental

Las redes nos exponen a información de manera algo caótica. Pensemos en nuestro timeline de Twitter, por ejemplo. En apenas dos movimientos de pulgar podemos leer por lo menos diez tuits, cada uno de un tema diferente y con un sesgo totalmente azaroso: de una noticia sobre la inminencia del desastre ambiental global pasamos a nueva versión del meme de la chica gritándole al gato, luego a una queja de un conocido sobre su trabajo, un chiste, un hilo viral, una fotografía tomada por un dron, una crítica política… y un largo etcétera. Unos minutos de escroleo se convierten en cientos de temas explorados. El discurso de Twitter es una cadena construida a través de cientos de pensamientos de máximo 280 caracteres en flujo constante, donde nos estacionamos un poco en algunos pero la mayor parte del tiempo seguimos hasta agotarnos y siempre a lo expectativa de lo que sigue. Este sinfín es muy semejante a la conducta de la mente ansiosa: pensamientos fugaces que fluyen incontrolables uno tras de otro hasta ofuscar a la persona y ahogarla en su propio flujo; y una sobreatención a lo futuro.

Las principales redes sociales, hoy por hoy, están construidas sobre este proceso de navegación. Me inclino a pensar que esta constancia de contenidos azarosos estará potenciando un flujo mental propicio para la ansiedad. Reafirmamos en nuestra mente un análisis constante y le acostumbramos a saltar de una idea a otra sin llegar a una meta concreta (“mente de mono”), con el solo límite de la exhaustividad.

Tiendo a creer que las personas con promedios más altos de tiempo de escroleo diario de redes sociales tendrán, igualmente, mayor posibilidad de desarrollar conductas mentales ansiosas.

Trending topic/Pensamiento obsesivo

Entre el mar de información de las redes, de repente surge una idea sobre la que pareciera que el azar da paso a la unidad de contenidos: la tendencia. En medio de toda la vorágine de minidiscursos aparece una constancia sobre un tema que, a base de repetirse, se vuelve popular y omnipresente. Sin embargo, la tendencia no es fijeza ni es un detenerse, porque se constituye a base de insistir sobre lo mismo una y otra vez hasta que pareciera que la mayor parte de las cosas están pintadas del mismo color. El trending topic es el símil tecnificado del pensamiento obsesivo.

Aunque a diferencia de las redes, donde un TT puede ser uno hilarante o de contenido social, la mente ansiosa es más talentosa para colocar en nuestro top neuronal las ideas obsesivas que más nos afectan y nos acercan a un cuadro depresivo: #TodoEstáMal #NoEresSuficiente #Soledad #Fracaso y muchos más. Vaya, que nuestro cerebro funciona como nuestra propia granja de bots para atacar nuestra estabilidad emocional.

La vivencia de las tendencias afirma pues la idea de insistir hasta hacer pulular en nuestra mente un pensamiento que se vuelve obsesión y que dificilmente podemos sacar de ella.

Avatares/Mentes

Una de las costumbres mentales que me quedaron tras estar en un área que debía ser fuerte en el análisis de redes es intentar pensar más allá del contenido obvio que se publica. Mucho de mi trabajo era leer entre líneas y sacar deducciones. Con grandes cantidades de publicaciones/tuits eso es un método válido y eficaz, pero cuando eso lo aplicas a nivel micro en tu día a día genera muchos errores y una cantidad innecesaria de estrés.

Esa era una herramienta profesional, sin embargo, me parece que la naturaleza de las redes propicia ese sobrepensar sobre el discurso ajeno que es propio de algunas personas ansiosas: ¿Qué quiso decir en realidad? ¿Por qué tarda tanto en contestar? ¿Estará enojade conmigo? ¿Habré dicho algo incorrecto? Mi terapeuta le llamaba a esta conducta mental “llenar los espacios vacíos”.

Precisamente, la brevedad de las redes propicia muchos espacios en blanco. Intentamos ir más allá de lo que dice el mensaje textual e introducirnos en la mente de quien lo escribió: ¿Qué pensaba? ¿Por qué lo escribió? ¿Donde estará?, etc. Pensar “más allá”, es la contradicción del “aquí y ahora” que recomiendan les terapeutas a sus paciente ansioses. Basta pensar en que tode usuarie profesional de redes ha espiado el perfil o el muro de otra persona/cuenta para intentar “conocerle”, esbozar un perfil político o determinar si congenia con nosotres. De eso depende muchas veces que demos un like o follow a la persona.

De poco a poco, una mente con tendencia a la ansiedad, hace de esta práctica una costumbre de sobrepensamiento que, tal vez, tarde o temprano desencadene una crisis a partir de motivos tan simples como un post mal escrito en Facebook.

Fotografía/Comparación

Siempre justificamos el beneficio de las redes sociales bajo la idea de compartir información pero, además, las redes están hechas para mostrar(nos). Nos construimos una imagen digital para proyectar una idea de nosotres en la mente de las y los demás. Por eso tiene sentido subir fotos, porque ser visto es ser pensado. Tengo en la mente en estos momentos el meme de moda (#DollyPartonChallenge) que muestra cuatro fotos de la misma persona en actitudes diferentes de acuerdo a la naturaleza de diferentes redes (Linkedin/Facebook/Instagram/Tinder), siempre la más formal en Linkedin y la más provocativa en Tinder. La intención de la red, nos da la tónica para la intención en nuestras imágenes.

Si mostrar es proyectar, entonces también es cuestionar a quien nos ve sobre lo que él/ella tiene para mostrar. Es el capitalismo de la imagen: muestro lo que tengo para ofrecer, ¿qué tienes tú?

La mente ansiosa, siempre sobrepensante, se obliga a ver y no puede evitar comparar y sacar deducciones. Son los otros y sus proyecciones de frente al yo y sus introspecciones, más sus propias proyecciones. Pero de la comparación nunca saca nada bueno la autoestima.

Igualmente, la obsesión de lo que proyectamos en nuestras fotos está muy relacionada con el control. Tratamos de controlar la imagen que los otros se formarán de nosotres, aunque esto sea prácticamente imposible. Somos capaces de modificar nuestros pensamientos, pero no los de otres. Una mente con exceso de control y una mente ansiosa no están muy lejanas una de la otra.

¿Y bien? ¿Qué hacemos?

Lamento decir que no tengo una respuesta a esto. Me queda claro que en caso de existir alguna solución definitivamente pasará por redefinir nuestras conductas mentales (algo que vienen diciendo los psicólogos desde hace bastante tiempo), pero también redefinir nuestra relación con la tecnología.

Desde hace tiempo se sabe que internet está reestructurando nuestro cerebro. Y, tal vez, todo estos padecimientos son un subproducto de nuestras neuronas adaptándose a la tecnología. Posiblemente, la evolución se encargará de resolverlo en una o dos generaciones.

No obstante, esa esperanza no debería obstaculizar nuestra búsqueda por soluciones. Porque allá afuera de la red, detrás de los móviles y las computadoras, hay un montón de personas sufriendo acosadas por sus propias mentes debido a conductas que posiblemente aprendieron en una red que, originalmente, era para conectarnos más.

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