Lo único que entiendo, es que no entiendo nada.

Mentiría si dijera que no me es extremadamente agradable el hecho de observarte. Mentiría si dijera que no se me antoja un cigarro, un café y tu cabeza recargada en mi pecho, tirados en el sofá, observando una película medianamente graciosa y la lluvia golpeando la ventana.

Igual y sería un poco más honesto el admitir que incluso con todas esas ideas en mi cabeza, no tengo la menor idea de cómo hacer que las cosas surjan de diferente manera. Creo que tengo miedo, de que no resulte como deseo. Aunque siendo fríamente honestos, nunca va a resultar si ninguno de los dos se atreve a provocarlo.

De cualquier forma, te quiero. Conmigo. Y también te quiero, por eso te lo digo. Es probable que no me entiendas, que no me explique ni tú tengas la iniciativa de decifrarme. Es posible que quizá nos cansemos antes de intentarlo. Pero lo bonito de todo esto, resulta en la lección que aprendo. Porque creeme, he aprendido muchas. De todos los fantasmas pasados de amores muertos en el intento. Creo que mi capacidad de no olvidar a ninguna de todas aquellas que se han cruzado en mi camino se convierte en una cruz muy de vez en cuando. Como un constante escozor que cuela en mi mente para torturarme por las noches, cuando escucho canciones de amor. De esas que solían enchinarme la piel al imaginarme escuchándolas dándote un beso, y abrazarte. Fuerte. Más fuerte de lo que alguna vez he abrazado a alguien.

Un buen amigo me dijo una vez que cuando tenga que llegar, llegará. Sin que uno se de cuenta. Sin que deba ocurrir por ninguna razón en específico. Solía pensar que tenía razón, hasta que me he tropezado tantas veces que creo que prefiero saltarme el camino. Pero creo, creo que lo único que entiendo después de tanta peripecia, es que no entiendo nada del porqué o el cómo, pues creo que nunca voy a llegar a alenarme completamente de lo que significa el observarte.

Me pregunto seriamente qué es eso que me ocurre, y es curioso que cuando llego a la conclusión, río. Río fuerte pues después de todo, la solución y el origen son la misma razón, y por eso mi ciclo es vicioso. Te digo la verdad, me gusta enamorarme. No sé muy bien la razón, pero sí sé que de esa manera me recuerdo lo vulnerable que soy, cuando me encierro en mi concepto de autosuficiencia.

Porque al final, aquello que más nos da miedo, es precisamente aquello que más necesitamos. Creo que por eso temo que te alejes. Espero que lo entiendas. Y que me entiendas, también. Aunque esta vez hablo conmigo mismo, así que no es necesario que tú hagas nada.

O bueno, mejor sí. Apasionate igual que yo. No sabemos, si esto es amor, pero puede que sí, y sería la pena más grande dejarlo pasar. Aunque no me creas mucho, porque no lo entiendo tan bien como tú.

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