Loco, loco y estúpido. Amor.
Muchas veces me he preguntado que sería de la vida si no existiera el amor. Esa fuerza intensa que nos hace actuar estúpidamente, sin pensar en consecuencias o miedos. Esa fuerza que actúa como cohesión del universo, desde las neuronas hasta las galaxias, manteniendo todo en un ciclo dinámico perfectamente equilibrado.
Aunque muchas veces no lo comprendamos.
Es fácil perderse en el amor. Basta solo un beso para ahogarse bajo una cascada de emociones que confluyen y convergen, acelerando el corazón y bloqueando todo sentido de razonamiento. Es que enamorarse es fácil. Nos proporciona una cobija en la cual podemos refugiarnos de todos aquellos temores que nos acechan. La vida es más fácil, aunque nos cueste admitirlo.
Entonces, ¿Por qué diablos las personas huyen del amor? Sí… todos huímos del amor. Nos aterra pensar que alguien pueda llegar a conocernos profundamente; que sea capaz de manejar nuestras emociones. Es esa entrega absoluta que nos consume y nos aleja. A decir verdad, somos un poco ingenuos. Nos parece que podemos controlarlo, pero esa es la mentira más grande; la que hace que nuestra mirada se nuble bajo nuestra falsa arrogancia. No, no podemos controlar al amor, justo como no podemos controlar ninguna de las emociones que explotan súbitamente. El amor es un perfecto conjunto de deseo, pasión, compasión y empatía.
Ya no sé que decir. Estoy cansado de pensar, de pensar en ti. Es curioso, como el cosmos se alínea perfectamente en algunas ocasiones, como ésta, donde me di cuenta del nosotros. Es curioso como la gente puede llegar a pensar tan parecido, pero nos detiene el hecho de msotrarnos frágiles delante de los demás. Es curioso como solo me bastó un beso tuyo, nada más.
Dejemos que el tiempo decida. Que la tierra y el universo conspiren para arreglarnos. Que mi insomnio por estar pensando en tus labios se termine, para dar paso a algo más. Dejemos que el amor nos embriague. A veces pienso que estoy loco, muy loco. Y muy estúpido. Pero que te puedo decir… ambos actuamos muy, muy igual.
Después de todo, tenemos toda una vida para aprender.