Me gusta observarte fijamente, para darme cuenta de lo mucho que te conozco.

Me gusta pretender que la gente puede cambiar, ser diferente y aprender de sus errores. Incluso les doy el beneficio de la duda, donde la madurez ya no da cabida a esas acciones que antes se justificaban con la infantilidad, la pubertad o la ignorancia.

Para algunos, el cambio ocurre de manera súbita, detonando una acción que llegando como trueno y nos hace modificar nuestra conducta. Nos convertimos en modelos sociales de nuestro círculo, dejando atrás aquellas críticas o temores ocultos de los que nos alejamos continuamente. Otros dicen que toma tiempo, que la gente va aprendiendo de experiencias y vivencias, donde poco a poco vamos mejorando nuestras actitudes ante la vida. Pura falacia, a decir verdad.

La gente no cambia. Aprende a ocultar sus defectos, o a proyectarse mejor. Esconde sus miedos y maneja sus emociones. Pero por dentro, nunca perdemos nuestras sutiles perversidades. Por dentro todos seguimos siendo exactamente, igual.

¿O acaso no te has dado cuenta? Obsérvate de cerca, sin miedo y sin un antifaz que no te permita ver tu verdadera personalidad. ¿Qué haces cuando nadie te observa? Aquellos pequeños actos de pecado que dejas salir sin que nadie lo note. Secretos tan secretos que solo esa parte de ti conoce y que no puedes mostrar, porque has construido una esfera de cristal perfecta donde se refleja la imagen que quieres dar a los demás. ¡Qué difícil, qué desafortunado! Imagina lo que sería si la burbuja se rompiera y quedaras justo como eres, desnudo ante la mirada crítica del mundo que tanto juzgas pero tanto te empeñas en pertenecer. Imagínate si se enteraran que tus argumentos son en realidad reflejo de tus propios caprichos, cuando los presentas como algo tan ajeno a tu persona. Imagínate que no hay necesidad de imaginar, sino únicamente de mirarte en el espejo.

Da miedo. Nos hace sentir escalofríos que recorren desde la faringe hasta la tráquea, congelando el aire que respiramos. Eso nunca va a ocurrir, nadie se va enterar -Nos decimos para reconfortarnos-. Vivimos de nuevo y nos olvidamos de lo que ocurrió, llegando a creer incluso que nunca sucedió, extrapolando el sentimiento, hasta que llega el día en que en el baúl de nuestra memoria escondida nos llega la esencia que ya no se puede contener. ¿Nos tentamos? No, o quizá sí. Depende mucho del momento, más que de la razón. Al final somos humanos; fáciles de predecir pero difíciles de interpretar.

Al final, a todos nos gusta darnos ese pequeño placer culposo. Después de todo, quien sea libre de pecado, que tire la primera piedra. Solo asegúrate de llevar una grande.