..”Que lindo se ve desde aquí arriba!”..

Tras unos pequeños lentes, un par de brillantes ojos atisbaban a través de la ventana, 20 pisos por encima de la calle, lo bella que lucia Guadalajara esa mañana.

Había sido un viaje largo, pero el ánimo de Natu era el de una niña emocionada, dispuesta a entrar al mas delicioso jardín de juegos, en donde ella sabía que se encontraría con muchos mas que como ella, habían apilado libros para crearse sillones confortables y disfrutar en su mente de castillos repletos de épicas historias de múltiples tramas y finales.

Al abrir la puerta de su habitación, me percaté de lo especial que era ella. Físicamente mucho mas pequeña de lo que imaginaba.. hasta un tanto frágil, pero con una fortaleza intelectual de la que emanaba un caudal luminoso de ideas y frases contundentemente llenas de esa sabiduría, que solo podía derivarse de tantos millones de letras acariciadas.

A partir de ese momento, y durante todo el día que estuvimos juntos durante aquella vigésimo quinta edición de la Feria Internacional del Libro de 2011, me convertí en su caballero, protector y acompañante.

Desde su origen, nunca he dejado de recorrer aquellos pasillos atiborrados de libros, editoriales, escritores e intelectuales. Pero hacerlo junto a Natu, convirtió aquella experiencia en algo mágico.

Personalmente nunca imaginé que aquellas palabras compartidas a través de una radio por internet, me hubieran llevado a cruzar caminos con ella, y a crear lazos que desconocían fronteras. Con paso lento, pero siempre firme, fuimos brincando de un pasillo a otro, de una conferencia a la siguiente, regodeándome de sus historias llenas de anécdotas personales en torno a quienes viven inmersos en el universo literario.

Natu se hablaba de tu, directa y sin poses, con todos. Y todos parecían conocer un poco o un mucho de ella. Cada cierto número de pasos, venía la pausa obligada para celebrar la presencia, en pasado y en presente, de otros que también habían cruzado caminos con ella.

Al paso de las horas, se acercó la hora de la comida, y de todas las opciones disponibles, fuimos a descansar y a repostar energías al restaurant gourmet de uno de tantos hoteles de lujo que rodean el centro de exposiciones. Yo, sugerí un tinto.. pero ella, con su peculiar estilo, lo convirtió en whisky. Llegaron dos, quizás mas.. No lo recuerdo bien. La plática diluyó el número, pero consolidó el fluir de las ideas.

De pronto, sus ojos se iluminaron aún mas. Tan distraídos estábamos en nuestra charla, que no nos habíamos percatado que justo al lado de nosotros alguien nos observaba con atención..

..”Natu?” — dijo esa persona tomándola suavemente del brazo.
..”Elena!” — contestó con emoción Natu.

Así comenzó el diálogo excepcional entre dos de mis celebridades favoritas: Elena Poniatowska y Natu Poblet. Di fé en la tierra, de que al igual que en el universo, cuando dos estrellas se encuentran, se genera una supernova luminosa. Hubo halagos y reconocimientos, palabras reconfortantes, anuncios de proyectos, reafirmación de factores mutuos, y muchas promesas de futuros encuentros que fueron rubricados con un abrazo fraterno.

No se cuanto duró ese encuentro. El whisky también genera la dilatación del tiempo.

Muchos pasos después, volvimos al hotel. Subimos en calma esos 20 pisos. Caballerosamente la acompañé hasta su habitación cargando bolsas y paquetes. Habían sido demasiadas emociones en un solo dia. Nos despedimos como familia. Nos felicitamos por el encuentro y la coincidencia.

Hoy, en medio de emociones contrapuestas por la noticia de su deceso, vino a mi mente esta anécdota.. y en mi mente solo puedo imaginarla, con esos mismos ojos brillantes tras sus pequeños lentes, pensando para si y para todos: “Que lindo se ve desde aquí arriba!”.