Pulpo

La tele está encendida, pero nadie mira. Se escucha una voz caricaturesca, miro y veo una especie de Edward Scissorhands con un aura azul y guitarra en mano ¿ese mismo personaje borró los tintes rojos y blancos y las decoraciones símil caramelos infantiles? Sí, fue una parte del proceso evolutivo de su propio arte sonoro y ahora se encuentra solo.

Googleo, lo primero que aparece es un cuervo sobre el hombro de un sujeto, este último miraba al piso, con la cara y manos blancas. Escucho los sonidos detrás de la imagen. Lo primero en llamar mi atención son unos riffs distorsionados y viscerales del segundo acto de la obra. Paradojicamente, esas dieciséis galletas saladas me generan la sensación de tener quince años nuevamente, de la misma manera provoca saltos al ritmo de las melodías. En total, son poco más de cuarenta minutos con tintes que renuevan lo tradicional y crean transversalmente trece apartados perfectos que te sumergen en el fondo del oceano de forma pacifica y hermosa por el ritmo mismo.

Lo escucho sin parar una y otra vez en todas partes. Comparto en las redes sociales y hablo de él en cada charla de música. Me tomo el debido tiempo para escribir y ese Cuervo Azul pasa a ser El Artesano Blanco.


Mientras leo los apuntes de la facultad, en el streaming de Vorterix muestran un videoclip de una señorita que le dispara con su ametralladora al sujeto en cuestión ¿A qué se debe el honor? Resulta ser que son colegas en la detención y muerte del tiempo. En este caso ella es la figura principal y él da un paso hacia atrás para golpear con total calidad la bateria en un 90% de las oportunidades que están juntos.

Busco las piezas del tiempo muerto y me capturan inmediatamente. Son diferentes a las del Artesano Blanco, pero tienen su sello en la espalda.


En el rastreo constante de lo nuevo, lo viejo y lo olvidado me encuentro con una cara “narrativa” de este otro joven manos de tijera. Una cara más apacible, tal vez el proyecto más suave, pero no por eso descuidado. Éste tercer lado es algo así como unos Beatles tocando música con dejos de folk/country sin dejar de arañar las cuerdas de la guitarra.

Me gusta esta otra combinación. Cuatro masculinos al unisono sin ninguna mujer al rededor, ni siquiera para tocar el violín.


Como si esto fuera poco, tropiezo con un dúo de tapiceros anterior a las rayas blancas. El germen del ejército de siete naciones está ahí, un poco más sucio, más revoltoso, pero apacionado. Incluso si se le presta atención, puede verse un enorme caldo de cultivo de todo lo conocido.

Se dice que todavía quedan rastros ocultos en sillones.


Desde aquella aparición como solista en los Grammys 2013 y ese disco con el cuervo en el hombro, cada vez que miro el antiguo mapa rojo y blanco, lo redescubro meticulosamente. Cada articulación sonora tiene una razón de ser y un motivo de disfrute desde los glóbulos blancos hasta ahora.

What’s you gonna do (what’s you gonna do)
What’s you gonna do now

Las novedades de un nuevo año traen por sobre todas las cosas su segundo disco solista. Una primer escucha me genera comentarios como ejemplo: “Se tira a hijo de Jesús y le queda bien”. Las nuevas invenciones de sus otros proyectos son agradables y acordes a sus respectivas líneas.

Escribo dos páginas en Word sobre el hospital de leprosos y lo dejo ahí. En un gesto romántico, también escribo algunas anotaciones a mano en un cuaderno y quedan ahí. La supermotivación de sensaciones y el disfrute de esa manera tan dura, particular y artística de sufrir me generan un cúmulo de cosas, hasta el momento, difíciles de transmitir. Peor aún, la crítica se me hace compleja, pero ya va a llegar. Mientras tanto sigo disfrutando de la obra.


Los rumores de su llegada al país para el próximo año crecen, crecen, crecen como una bola de nieve. Finalmente, se genera una avalancha que culmina con el estruendo de la confirmación en un festival al aire libre. Hubiera preferido que sea en un lugar más intimo, pero de todas formas vale y me alegra nivel infinito punto rojo.


Hace pocos días encontré un cover de Elvis Presley, una sorpresa muy agradable. Fue como la unión entre el niño mago y el hombremurciélago.


La cantidad de proyectos musicales, los diversos estilos de cada uno, sumados a su propia compañía discográfica situada en Detroit convierten al Cuervo Azul, al Artesano Blanco, es decir a John Anthony Gillis a.k.a. Jack White en un pulpo artístico que nada en diferentes océanos con una destreza asombrosa.

Un día se va a descubrir que mata gatitos bebés tirándolos por el inodoro y práctica tiro al blanco con las extremidades de sus compañeros de escena, mientras tanto parece no tener un lado oscuro.

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