Volarán palomas

En una calle cualquiera de un gran país ya extinto, volaban las palomas. O ratas del cielo, como algunos las llamaban.

Surcaban las maltrechas calles, por donde siglos antes había rugido un león púrpura. Pero nadie les prestaba atención. Vengativos como pocos animales, conquistaron cada plaza y estatua, sin importar si era de hombre o mujer, de victorias o derrotas. Con sus patas cortas y sus alas raspaban los árboles que les servían de refugio ocasional, mientras el viento cálido que les azotaba les traía recuerdos de sus grandes enemigos, esos minúsculos clanes de gatos salvajes que a veces se lanzaban a cazar a las más desprevenidas.

Aunque ellas solían contemplarles divertidas, con esa mirada malvada que tanto les caracteriza. Era cuestión de tiempo, algo que desconocían, que los gatos dejaran de ser dignos enemigos. Al fin y al cabo, las palomas habían sobrevivido al gran felino una vez que se hubo dormido a la sombra de una torre dorada.

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