Lifemart

Era un domingo nublado y decidí ir al nuevo súper mercado que habían abierto en la zona restaurantera y hotelera de la ciudad ¨Lifemart” se llamaba. Tomé mi abrigo, me miré en el espejo un momento y salí de mi casa rumbo a la parada del autobus. Un viejo andrajoso sentado junto a mi miraba la ventana, su labio inferior no paraba de temblar. Una parada antes de la mía, el viejo me miro con sus ojos de espejo y me dijo con un temple de envidia — Con su permiso, joven — De inmediato me hice a un lado. El viejo bajó del auto bus, prendió un cigarrillo y comenzó a caminar. Me senté en su lugar y dejé mi celular para ver el espectáculo de nubes que se desarrollaba en el cielo.

Habíamos llegado al súper mercado. La concurrencia que tenía éste era tanta que habían construido una parada de auto bus de primer mundo. Bajé, y en efecto, era impresionante, era un edificio de no menos de 20 pisos y se extendía hasta el infinito, o al menos, hasta mi infinito visual. Caminé hacia la entrada y edecanes me regalaron una bebida de lata que sabía dulzona, después de beberla me di cuenta que se trataba de una bebida energizante. Había un cartel enorme Justo antes de la exhibición de productos, gente joven posando en carros de lujo, casas, usando productos futuristas, juguetes, armas, productos de belleza, vaya, un sinfín de sonrisas en todos esos rostros, pero no fue eso lo que me llamó la atención, sino el poco efecto que éste tenía ante los clientes, los cuales pasaban directo a la exhibición. Antes de seguir mi camino, pude notar que en el cartel decía con letras del tamaño de una pequeña moneda “Imposible aceptar devoluciones, piense bien antes de comprar”.

Una cosa que me sorprendió fue la falta de cajas para pago, tampoco se asomaba ningún empleado, sólo había pasillos y pasillos interminables de productos. Comencé por checar la sección de aparatos electrónicos pues hacía ya un rato que deseaba una tablet. Después de un rato vi una que me convenció pero al buscarla en la lista de productos me di cuenta que no había precios. Seguido del nombre de la tablet decía; “1 m 1 s 3 d” — ¿Qué carajo es esto? — Dije, pero nadie me prestó atención. Seguí buscando precios pero el mismo resultado “Televisor de 50 pulgadas 2 m 2 s 5 d” “Juego de video de última generación 3 s 5 d 15 h” y así mil ejemplos. Decidí tomar la tablet pero ésta estaba bajo candado. No entendía que pasaba y fue inútil tratar de encontrar a algún empleado que me explicase. Sin empleados y sin cajas de cobro estuve a punto de rendirme y salir de ahí, fue cuando vi a un hombre, en la sección de celulares, colocar su dedo pulgar en un pequeño artefacto que se encontraba junto a cada producto, después de un bip, el hombre tomó el teléfono y lo introdujo en su bolsillo. Después de mi hallazgo, comencé a caminar por la tienda viendo como las personas ponían su dedo sobre el aparatucho, tomaban sus productos y se retiraban.

Llegué a al área de coches y vi una camioneta que me agradó, en el precio se leía “10 a 11 m 3 s 6 d” Fue entonces cuando entendí “10 años 11 meses 3 semanas 6 días” pero seguían inquietas muchas dudas en mi cabeza ¿El crédito era abierto para cualquiera? ¿No importaba el historial crediticio que el interesado tuviera? ¿Cómo es que con el dedo puedes comprar? ¿Era un nuevo sistema que te identificaba para así prescindir de molestas tarjetas? Continué con mi recorrido viendo cómo la gente cargaba con sus productos.

En un salón grande como del tamaño de 10 estadios de futbol se veían cientos de casas con un pequeño anuncio al frente con la descripción de la misma. “30 a 9 m 2 s 4 d” Leí en una de ellas — Qué jodido pasar tanto tiempo pagando una propiedad — Pensé.

Vi a un hombre parado frente al anuncio de un inmueble. Llamó mi atención porque tomaba su pelo de una manera frenética, como desesperado. Se frotaba la cara, se tallaba los ojos, parecía que se había enterado de una noticia terrible. Caminé hacia su dirección, iba a preguntarle que si necesitaba ayuda pero justo antes de tocar su hombro, el tipo colocó su pulgar sobre el aparatito de la casa. Después del bip su pelo castaño encaneció, su estatura disminuyó considerablemente, manchas comenzaron a brotar de la piel de su rostro, sus parpados cayeron y bajo sus ojos se formaron bolsas. Se había convertido en un anciano. Retiré mi mano de su hombro, asustado comencé a fijarme en todas aquellas personas que ponían sus pulgares en los aparatos, su aspecto cambiaba en el mismo instante, algunas veces imperceptiblemente como aquel tipo con el celular, otras, impresionantemente como el tipo de la casa. No había ningún tipo de crédito, el pago era en efectivo, en tiempo en efectivo, con tu tiempo de vida, literalmente.

Me dirigí hacía la sección de ropa, vi una bufanda “3 h” decía, puse mi dedo sobre el aparato, tomé mi producto y salí del súper mercado. Hacía un frío espantoso.

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